{"id":1011,"date":"2011-07-11T07:53:57","date_gmt":"2011-07-11T06:53:57","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1011"},"modified":"2011-07-11T07:53:57","modified_gmt":"2011-07-11T06:53:57","slug":"sobre-los-arboles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/07\/11\/sobre-los-arboles\/","title":{"rendered":"Sobre los \u00e1rboles"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuenta Jos\u00e9 Saramago c\u00f3mo su abuelo, presintiendo la muerte, sali\u00f3 a su peque\u00f1o huerto y abraz\u00f3, uno por uno, los \u00e1rboles que hab\u00edan sido testigos de su vida. Esa fue su despedida y al d\u00eda siguiente falleci\u00f3. En &#8216;Las peque\u00f1as memorias&#8217;, Saramago certifica la autenticidad de aquellos abrazos, de las <!--more-->caricias\u00a0\u00faltimas de\u00a0aquellas curtidas manos de campesino portugu\u00e9s, del roce de las yemas por las cortezas, del singular adi\u00f3s del abuelo a su peque\u00f1o rinc\u00f3n. Sobre los \u00e1rboles pueden narrarse mil excelencias, cien mil historias; unas tan vibrantes como la de Saramago, otras tan vitales como la de Ryszard Kapuscinski, quien describe en &#8216;\u00c9bano&#8217; el significado de un mango para una aldea et\u00edope llamada Adofo. No es que se trate de un \u00e1rbol especial para este pueblo. Es que es su \u00fanico \u00e1rbol, un inmenso ejemplar de hojas frondosas y perennemente verdes, rodeado de una tierra arenosa quemada por el sol. A la sombra de este mango, cuenta Kapuscinski, los ni\u00f1os de Adofo reciben sus clases cada ma\u00f1ana; a la sombra del mango, los habitantes de Adofo se cobijan del sol inclemente al mediod\u00eda; a la sombra del mango, se re\u00fanen los mayores para debatir cuando llega la tarde; a su sombra, todo el pueblo de Adofo celebra sus asambleas y toma todas las decisiones. Fuera de su sombra, el ambiente es asfixiante. Conservar este \u00e1rbol en medio de un paisaje lunar es la mayor\u00a0ambici\u00f3n de este pueblo. Un inoportuno rayo herir\u00eda de muerte la comunidad y abocar\u00eda este poblado africano\u00a0al \u00e9xodo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Si Jos\u00e9 Saramago narr\u00f3 un sentimiento y Kapuscinski una necesidad, Abu al-Jayr, en un tratado \u00e1rabe del siglo XV, recogi\u00f3 un singular truco para reactivar la producci\u00f3n de un antiqu\u00edsimo olivo, de enorme belleza, que dej\u00f3 de dar fruto. El due\u00f1o de la finca en cuesti\u00f3n ha de hacerse acompa\u00f1ar de un par de amigos y, paseando por la misma, como quien no quiere la cosa, decirles al pasar junto a \u00e9l: &#8216;Oh, \u00e9ste voy a talarlo porque no da fruto&#8217;. &#8216;Qu\u00e9 pena, es un \u00e1rbol bonito&#8217;, comentar\u00e1 uno de ellos. &#8216;\u00b4S\u00ed, pero aqu\u00ed no hay sitio para holgazanes. Le ha llegado la hora&#8217;. Cuando le alejan, uno de los invitados se rezaga y le apostilla al bello ejemplar: &#8216;Habla en serio, \u00bfsabes?&#8217;. El \u00e1rbol entrar\u00e1 en raz\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La f\u00e1bula\u00a0de Abu al-Jayr la trae a colaci\u00f3n Chris Stewart en &#8216;Los almendros en flor&#8217;, la tercera entrega de sus andanzas en el cortijo de las Alpujarras granadinas adonde se fue a vivir hace ya dos d\u00e9cadas. A nadie se le pasa por la cabeza talar un olivo centenario por darse mus una temporada. Pero Stewart recoge la an\u00e9cdota en un cap\u00edtulo dedicado por completo a las aceitunas; que por cierto en Andaluc\u00eda saben a gloria, bien machacadas y acompa\u00f1adas de una copa de manzanilla. Sobre los \u00e1rboles hay enciclopedias. Sobre la belleza de todos y cada uno de los \u00e1rboles, sus tendones, sus troncos, sus graciosas formas, sus hojas, la forma de sus copas, sus frutos y sus gratificantes sombras podr\u00edan hablar desde los p\u00e1jaros hasta las hormigas. Pero ese don s\u00f3lo ha sido reservado a los hombres.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuenta Jos\u00e9 Saramago c\u00f3mo su abuelo, presintiendo la muerte, sali\u00f3 a su peque\u00f1o huerto y abraz\u00f3, uno por uno, los \u00e1rboles que hab\u00edan sido testigos de su vida. Esa fue su despedida y al d\u00eda siguiente falleci\u00f3. 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