{"id":10279,"date":"2017-12-06T09:03:32","date_gmt":"2017-12-06T08:03:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=10279"},"modified":"2017-12-09T09:21:00","modified_gmt":"2017-12-09T08:21:00","slug":"glasgow-edimburgo-gijon-oviedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2017\/12\/06\/glasgow-edimburgo-gijon-oviedo\/","title":{"rendered":"Glasgow-Edimburgo \/ Gij\u00f3n-Oviedo"},"content":{"rendered":"<p>(Once d\u00edas en Escocia 2)<\/p>\n<p><strong>Cuando te dispones a abandonar Edimburgo, el anfitri\u00f3n del Bed &amp; Breakfast pregunta educado si la pareja regresa a Espa\u00f1a. &#8220;No. We are going to Glasgow&#8221;, responde la muyer. &#8220;Glasgow?&#8221;, repite interrogante esta r\u00e9plica de Anthony Hopkins a la escocesa. &#8220;What for?&#8221;. La flema brit\u00e1nica se manifiesta in extremis en este hombre pulcro vestido con pantal\u00f3n negro, camisa de manga corta negra, brazos blancos como la harina y un escaso pelo repeinado para atr\u00e1s. &#8220;Glasgow, \u00bfpara qu\u00e9?&#8221;. La muyer, cort\u00e9s, sin \u00e1nimo de meterse en l\u00edos, explica que hay dos sobrinas estudiando all\u00ed y Hopkins asiente como diciendo &#8220;ah, era eso&#8221;.<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-10282\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e1-768x1024.jpg\" alt=\"e1\" width=\"768\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e1-768x1024.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e1-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e1.jpg 1022w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a>La pulla de Anthony Hopkins destapa la piquilla. Una piquilla que a dos gijoneses no les suena lejana. Edimburgo, capital se\u00f1orial y elegante. 495.000 habitantes. Glasgow, ciudad industrial pasada por el fuego de la crisis, reconvertida en cultural, bulliciosa y vanguardista, 598.000. Distantes 78 kil\u00f3metros; 45 minutos de tren. La primera mira al mar del Norte, aunque desde el centro urbano \u00e9ste no se ve; la segunda tiene un gran r\u00edo, el Clyde, anta\u00f1o\u00a0escoltado por astilleros; y otros menores, muy bonitos, como el Kelvin, que serpentea un jard\u00edn bot\u00e1nico. El pique escoc\u00e9s est\u00e1 servido. Sin embargo, al igual que el pique asturiano, las apariencias enga\u00f1an; sobre todo en el caso de Glasgow, como le puede ocurrir a un visitante que entra\u00a0a Gij\u00f3n por\u00a0la avenida de Portugal. Una conquista a golpe de vista; la otra requiere ponerse las gafas de bucear, aunque r\u00e1pidamente se encuentra petr\u00f3leo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El viaje arranca en Edimburgo. El aeropuerto est\u00e1 cerca, a apenas 13 kil\u00f3metros. Esto anima a coger un taxi hasta el B&amp;B y a sentir en el minuto uno que se acaba de aterrizar en el pa\u00eds del rev\u00e9s. El votante a la derecha, las marchas a la izquierda; conduciendo por el lado contrario&#8230; Un esguince en el cerebro al que cuesta un mundo adaptarse. Es mi\u00e9rcoles, 15 de noviembre de 2017. Hace un fr\u00edo que pela, pero no llueve. El viaje pende del hilo del tiempo. \u00bfC\u00f3mo se puede viajar a Escocia en noviembre? \u00bfY si diluvia once d\u00edas seguidos? En noviembre anochece a las 4.30 y esto, lloviendo, puede convertirse en un infierno. El riesgo es elevado. Elevad\u00edsimo. Sin embargo, Escocia tiene mucha miga. Mucho castillo, mucho palacio, mucho lago, una naturaleza exuberante y el viaje de Ryanair desde Santander sale a 111 euros dos personas ida y vuelta. El vuelo es corto, apenas dos horas, y los atractivos m\u00e1s que suficientes para dar el salto. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-10284\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e2-300x169.jpg\" alt=\"e2\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e2-300x169.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e2-768x432.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e2-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e2.jpg 1363w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>\u00bfNoviembre? Pues s\u00ed. Noviembre. Qu\u00e9 cojones. El mundo es para los valientes. Para William Wallace y Christopher Lambert. Irrumpes en Edimburgo espada en mano, vigilante, con la cara pintada de rojo y la falda escocesa, dispuesto para la batalla. Si llueve; museos, paseos bajo el paraguas y pubs. Si no, eso y dos huevos duros. Al final, habr\u00e1 potra. Mucha potra. Tremenda potra. Diluviar\u00e1 un d\u00eda, de <a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e3.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-10285\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e3-300x169.jpg\" alt=\"e3\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e3-300x169.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e3-768x432.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e3-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/12\/e3.jpg 1363w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>la ma\u00f1ana a la noche; y otros dos caer\u00e1 un leve orbayu un rat\u00edn. El resto, cielo despejado. Y fr\u00edo. Mucho fr\u00edo. Mientras en Gij\u00f3n hay una fugaz ola de calor con ba\u00f1istas en la playa, en Escocia el term\u00f3metro oscilar\u00e1 entre los cero y los tres grados, con algunas rachas de vientos g\u00e9lidos. E incluso, all\u00e1 por las Highlands amanecer\u00e1 nevado un par de ma\u00f1anas, ti\u00f1endo los montes de blanco. Precioso. Con una cerveza negra o un g\u00fcsiqui, \u00bfqui\u00e9n dijo miedo? <\/strong><\/p>\n<p><strong>Despegamos.<\/strong><\/p>\n<p>PD.-Solo una aclaraci\u00f3n m\u00e1s. Basta una foto, la del ca\u00f1\u00f3n, para dejar patente la belleza de Edimburgo. Glasgow requiere m\u00e1s explicaci\u00f3n visual. Es una ciudad de contrastes, canalla y universitaria a la vez, con mucho sabor, como el Gij\u00f3n de &#8216;Volver a empezar&#8217; negro negr\u00edsimo y aut\u00e9ntico, pero al mismo tiempo mucho m\u00e1s monumental. Una vista panor\u00e1mica la hace fea. Pero en cuanto te metes por ella todo es guapo e interesante. Un l\u00edo de armas tomar.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Once d\u00edas en Escocia 2) Cuando te dispones a abandonar Edimburgo, el anfitri\u00f3n del Bed &amp; Breakfast pregunta educado si la pareja regresa a Espa\u00f1a. &#8220;No. We are going to Glasgow&#8221;, responde la muyer. &#8220;Glasgow?&#8221;, repite interrogante esta r\u00e9plica de Anthony Hopkins a la escocesa. &#8220;What for?&#8221;. 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