{"id":10463,"date":"2018-02-09T09:55:30","date_gmt":"2018-02-09T08:55:30","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=10463"},"modified":"2018-02-09T09:57:55","modified_gmt":"2018-02-09T08:57:55","slug":"la-partitura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2018\/02\/09\/la-partitura\/","title":{"rendered":"La partitura"},"content":{"rendered":"<p><strong>El silencio forma parte de la partitura. Hay silencio antes y hay silencio despu\u00e9s. En la naturaleza, el silencio es una nota musical m\u00e1s, con la que congenian maravillosamente los p\u00e1jaros, el viento, el sonido del r\u00edo e incluso los animales salvajes. Entre los hombres, cuando se hace el silencio la cosa cambia. Puede ser un reposo. Pero puede ser un drama.<\/strong><!--more--><br \/>\n<a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/02\/papis-redux.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-10465\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/02\/papis-redux-169x300.jpg\" alt=\"papis-redux\" width=\"169\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/02\/papis-redux-169x300.jpg 169w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/02\/papis-redux-576x1024.jpg 576w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/02\/papis-redux.jpg 767w\" sizes=\"(max-width: 169px) 100vw, 169px\" \/><\/a><strong>En 1958, un avi\u00f3n procedente de Bilbao trajo a Gij\u00f3n a un joven de 26 a\u00f1os con toda la ilusi\u00f3n del mundo. Aterriz\u00f3 en La Morgal y, tras hacer escala en Vigo, al d\u00eda siguiente cay\u00f3 al mar en Barcelona dejando catorce muertos. De aquel avi\u00f3n estrellado aterriz\u00f3 en la villa de Jovellanos una persona que enseguida luci\u00f3 su buena estrella en esta ciudad. Le fue bien en el trabajo, dando impulso a la empresa que vino a dirigir, Hierros Vasco Asturianos; hizo un mont\u00f3n de amigos, se enamor\u00f3 y se cas\u00f3. \u00bfCas\u00e1stete?, le dec\u00edan. Y \u0010\u00e9l, gijon\u00e9s ya de adopci\u00f3n, replicaba \u00abcas\u00e9meme\u00bb pensando que era as\u00ed como se dec\u00eda. El habla aut\u00f3ctona le cost\u00f3 un poco, pues si la t\u00edpica muyer le dec\u00eda \u00abyes bobu\u00bb a modo coloquial \u00e9l no lo entend\u00eda muy bien y pensaba que le estaban insultando. Tuvo cuatro hijos y se hizo tan gijon\u00e9s que enseguida dej\u00f3 de lado al Athletic de Bilbao de sus amores para ser un entusiasta socio de la Tribunona, donde tendr\u00eda asiento durante 54 a\u00f1os. Se hizo sportinguista y, con el devenir del tiempo, tambi\u00e9n atene\u00edsta, aliado de todas las causas musicales (la OSPA, la Sociedad Filarm\u00f3nica, la Coral Polif\u00f3nica&#8230;) y culturales, socio colaborador de una larga lista de entidades ben\u00e9ficas, veterano suscriptor de EL COMERCIO y personaje inequ\u00edvoco del d\u00eda a d\u00eda. Ya en su vejez, era normal verlo atravesado por el centro, con sus recados, sus manos a la espalda rozando los dedos, dispuesto siempre a dejar patentes sus indiscutibles se\u00f1as de identidad: una bonhom\u00eda y generosidad con el pr\u00f3jimo sin l\u00edmites aderezadas por el ingenio y el gusto por el humor e incluso, a veces, la provocaci\u00f3n amistosa.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>El bilba\u00edno reconvertido en entusiasta gijon\u00e9s tambi\u00e9n cultiv\u00f3 secretamente la poes\u00eda. As\u00ed, en su casa, no era extra\u00f1o encontrar un sobre del banco con unos versos encadenados en el reverso: \u00abSi volviera a amanecer \/ de los p\u00e1jaros, la melod\u00eda \/ de los vientos, la caricia \/ de la luna, poes\u00edas \/ de las artes, maravillas \/ de las hadas, la belleza \/ de las almas, la bondad \/ de los cielos, las estrellas&#8230;\u00bb.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>El pasado domingo, ese se\u00f1or que lleg\u00f3 de Bilbao en avi\u00f3n se apag\u00f3 en un instante dejando la partitura en silencio para siempre. Gij\u00f3n perdi\u00f3 a un entusiasta vecino adoptivo que se pas\u00f3 la vida cantando las excelencias de esta ciudad a quien quisiera escucharle;\u0010y el rinc\u00f3n donde reposa ya en la naturaleza, entre robles y viejas rocas, gan\u00f3 una maravillosa compa\u00f1\u00eda.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>Si volviera a amanecer, padre, para m\u00ed la quisiera.<\/strong><!--more--><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>(Publicado en EL COMERCIO el s\u00e1bado 3 de febrero de 2018)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El silencio forma parte de la partitura. Hay silencio antes y hay silencio despu\u00e9s. En la naturaleza, el silencio es una nota musical m\u00e1s, con la que congenian maravillosamente los p\u00e1jaros, el viento, el sonido del r\u00edo e incluso los animales salvajes. 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