{"id":10566,"date":"2018-05-12T18:17:27","date_gmt":"2018-05-12T16:17:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=10566"},"modified":"2018-05-12T18:17:27","modified_gmt":"2018-05-12T16:17:27","slug":"suenos-febriles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2018\/05\/12\/suenos-febriles\/","title":{"rendered":"Sue\u00f1os febriles"},"content":{"rendered":"<p><strong>La fiebre le va a los sue\u00f1os como anillo al dedo. En un estado febril, se produce una cascada de aventuras imparable. Aunque tambi\u00e9n proliferan como setas esos sue\u00f1os repetitivos de los que uno, por m\u00e1s que lo intente, no puede huir. Mientras al otro lado de la ventana luce un sol esplendoroso que incita a bajar al Muro, el gijon\u00e9s febril sue\u00f1a una y otra vez con unas est\u00fapidas barras desiguales que debe recortar. Abre uno ojo, mira por la ventana, lo cierra y de nuevo las barras. As\u00ed una ma\u00f1ana entera. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/05\/sue\u00f1o.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-10568\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/05\/sue\u00f1o.jpg\" alt=\"sueno\" width=\"845\" height=\"507\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/05\/sue\u00f1o.jpg 845w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/05\/sue\u00f1o-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/05\/sue\u00f1o-768x461.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 845px) 100vw, 845px\" \/><\/a>La tarde empieza m\u00e1s animada. Pero de nuevo inquieta. La cl\u00e1sica escena de aeropuerto. De repente va salir el avi\u00f3n desde otra terminal y cuando la situaci\u00f3n requerir\u00eda una carrera brutal va todo lent\u00edsimo. Imposible cogerlo. Es un drama perderlo, pues es un vuelo transoce\u00e1nico. Sin saber muy bien c\u00f3mo, sube al avi\u00f3n in extremis despu\u00e9s de haber buscado a la esposa por todo el aeropuerto. Entonces empieza otro drama: el avi\u00f3n vuela apenas a veinte metros del mar, de noche y con el cielo tormentoso. Una punta de una roca o una ola un poco fuerte podr\u00edan tocarlo. De hecho, desde la ventana se aprecia n\u00edtidamente el oleaje. Pinta mal la cosa y pasa lo que ten\u00eda que pasar. Tras una hora aterradora, el avi\u00f3n se sumerge de repente en el agua sin m\u00e1s. Parece el fin. Pero los sue\u00f1os sue\u00f1os son y el gijon\u00e9s y su esposa aparecen en una gran playa tumbados entre trozos de fuselaje y algunos cuerpos m\u00e1s esparcidos por el arenal. Hay unos cangrejos tremendos recorriendo algunos humanos inertes. El gijon\u00e9s febril aventa a uno de una patada que estaba a punto de subirse a la cara de la esposa, que despierta en ese momento ofuscada. Mejor despertar, aunque la presunta isla perdida prometa aventuras. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero el sue\u00f1o vence una vez m\u00e1s. Esta vez, la bah\u00eda de Gij\u00f3n es diferente. Por su derecha, un poco m\u00e1s all\u00e1 de El Rincon\u00edn, hay una barrera rocosa y una lengua de arena atravesadas que asoman en las bajamares. Los incautos, como el so\u00f1ador, y los surfistas van entonces a caminar por este surco milagroso. Pero, claro, luego sube la marea y se forman dos oleajes opuestos; el natural hacia la costa y el que vienen de vuelta contra la barrera de roca y arena, que empieza a desaparecer. De repente, el so\u00f1ador no sabe muy bien hacia d\u00f3nde debe nadar para salvarse. Vienen tan altas las olas y en todos los sentidos que apenas puede orientarse. La situaci\u00f3n es dram\u00e1tica. Pero a diferencia de los surfistas, que tambi\u00e9n las est\u00e1n pasando canutas, el protagonista de este episodio guarda un as en su manga. Y despierta. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Nunca pens\u00f3 que tener fiebre fuese tan entretenido.<\/strong><\/p>\n<p>(Publicado en EL COMERCIO el viernes 11 de mayo de 2018)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fiebre le va a los sue\u00f1os como anillo al dedo. En un estado febril, se produce una cascada de aventuras imparable. Aunque tambi\u00e9n proliferan como setas esos sue\u00f1os repetitivos de los que uno, por m\u00e1s que lo intente, no puede huir. 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