{"id":10633,"date":"2018-08-31T10:32:18","date_gmt":"2018-08-31T08:32:18","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=10633"},"modified":"2018-08-31T10:32:18","modified_gmt":"2018-08-31T08:32:18","slug":"mas-cerca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2018\/08\/31\/mas-cerca\/","title":{"rendered":"\u00a1M\u00e1s cerca!"},"content":{"rendered":"<p><strong>Juan Belmonte, de ni\u00f1o, iba de noche a las dehesas de Sevilla con sus amigos del barrio de Triana a torear. As\u00ed ejercit\u00f3 su arte, a veces totalmente desnudo, pues antes de llegar al toro hab\u00eda que cruzar un r\u00edo, quien iba a revolucionar la tauromaquia en el primer tercio del siglo XX. Belmonte (Sevilla, 1892-1962) fue el primero en torear con los pies juntos, sin moverse. Lo hac\u00eda por inspiraci\u00f3n propia. Y tambi\u00e9n, en ocasiones, por hambre, sue\u00f1o y agotamiento. Sal\u00eda en sus inicios tan d\u00e9bil al ruedo que no ten\u00eda fuerzas ni para perseguir al morlaco de turno. As\u00ed fue c\u00f3mo un d\u00eda, tras cogerle el toro y ser llevado a la enfermer\u00eda despu\u00e9s de echar una cabezada sobre el albero, el m\u00e9dico diagnostic\u00f3: \u00abEste hombre lo que tiene es sue\u00f1o\u00bb.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/08\/97-M\u00e1s-cerca-belmonte.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-10634\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/08\/97-M\u00e1s-cerca-belmonte.jpg\" alt=\"97-mas-cerca-belmonte\" width=\"328\" height=\"550\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/08\/97-M\u00e1s-cerca-belmonte.jpg 328w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2018\/08\/97-M\u00e1s-cerca-belmonte-179x300.jpg 179w\" sizes=\"(max-width: 328px) 100vw, 328px\" \/><\/a>Belmonte, para algunos el mejor torero de todos los tiempos, tambi\u00e9n estuvo en Gij\u00f3n en varias ferias de Bego\u00f1a. Cuando empez\u00f3, era tal su osad\u00eda ante el toro, que rozaba en casi todos sus envites, que el p\u00fablico dec\u00eda: \u00abHay que ver a Belmonte. Este no dura dos telediarios\u00bb (trad\u00fazcase al lenguaje de entonces). As\u00ed fue c\u00f3mo era cogido temporada tras temporada en algunos casos m\u00e1s de diez y de quince veces. Pero no mor\u00eda. Y esto le llev\u00f3 a concluir que el p\u00fablico empezaba a decepcionarse con \u00e9l, porque ya no pod\u00eda ofrecerle m\u00e1s. Lo coment\u00f3 con Joselito, El Gallo, rival y amigo, en 1920, aquejado de similar desaz\u00f3n, y tr\u00e1gicamente \u00e9ste morir\u00eda en Talavera, en el ruedo, al d\u00eda siguiente. Pero \u00e9l segu\u00eda sin separarse un \u00e1pice del toro.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>As\u00ed lleg\u00f3 el 15 de agosto de 1927. El matador sevillano torea en la Feria de Bego\u00f1a. Su faena es impoluta. \u00abInmensa lecci\u00f3n taurina de Belmonte, \u00a1el \u00fanico!\u00bb, refiere el cronista J. Carmona en EL COMERCIO. Sin embargo, un espectador habr\u00e1 de amargarle la corrida. Esa temporada, en Segovia, un tipo le dec\u00eda continuamente \u00ab\u00a1que no Juan; que no!\u00bb mientras el p\u00fablico le aplaud\u00eda a rabiar; as\u00ed hasta que le desconcentr\u00f3 y fue cazado por el toro. Cuando le llevaban a la enfermer\u00eda, Belmonte levant\u00f3 la cabeza y le espet\u00f3: \u00ab\u00bfY ahora? \u00bfLe parece a usted bien?\u00bb. En Gij\u00f3n casi ocurre lo mismo. Juan Belmonte toreaba aquel d\u00eda \u00aba dos dedos de los pitones\u00bb, pero \u2018un babayo de cara ancha\u2019 (palabras textuales del torero) le gritaba continuamente: \u00ab\u00a1M\u00e1s cerca!\u00bb. Se hac\u00eda un silencio en la plaza y de nuevo la voz: \u00ab\u00a1M\u00e1s cerca!\u00bb. As\u00ed hasta el final. Pese a la ovaci\u00f3n, el matador no se quit\u00f3 al babayu de la cabeza. Volv\u00eda ya en coche Belmonte para el hotel nada m\u00e1s acabar la corrida cuando identific\u00f3 entre la masa al increpador. \u00ab\u00a1Cogerme a \u00e9se!\u00bb, inst\u00f3 r\u00e1pido a su cuadrilla. Le echaron mano y sin explicaciones lo metieron al auto. <\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00ab\u00bfD\u00f3nde has visto t\u00fa torear m\u00e1s cerca? \u00bfCu\u00e1ndo? Di. \u00bfA qui\u00e9n?\u00bb, le pregunt\u00f3 Belmonte meti\u00e9ndole las manos por la cara.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00abNo; si yo no ped\u00eda que torease usted m\u00e1s cerca del toro, sino que se acercase m\u00e1s al tendido donde yo estaba, porque quer\u00eda verlo bien\u00bb.<\/strong><br \/>\n<strong>\u2013\u00ab\u00bfY si lo hubiese asesinado? \u00bfNo se lo merecer\u00eda?\u00bb, se preguntaba el torero tiempo despu\u00e9s.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>Esta an\u00e9cdota figura en la extraordinaria biograf\u00eda de Juan Belmonte escrita por Manuel Chaves Nogales, que no tiene desperdicio de principio a fin. Belmonte tore\u00f3 en Gij\u00f3n entre 1914 y 1935, el a\u00f1o de su retirada. Luego se dedicar\u00eda a la ganader\u00eda en su cortijo sevillano y, a punto de cumplir 70 a\u00f1os, se suicid\u00f3 de un disparo en la sien. \u00bfSe acordar\u00eda del babayu en aquel tr\u00e1gico instante? Esperemos que no.<\/strong><\/p>\n<p>(publicado en EL COMERCIO el viernes 31 de agosto de 2018)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Belmonte, de ni\u00f1o, iba de noche a las dehesas de Sevilla con sus amigos del barrio de Triana a torear. As\u00ed ejercit\u00f3 su arte, a veces totalmente desnudo, pues antes de llegar al toro hab\u00eda que cruzar un r\u00edo, quien iba a revolucionar la tauromaquia en el primer tercio del siglo XX. 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