{"id":10848,"date":"2019-05-18T09:35:20","date_gmt":"2019-05-18T07:35:20","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=10848"},"modified":"2019-05-18T09:35:20","modified_gmt":"2019-05-18T07:35:20","slug":"el-druida-del-dobra-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2019\/05\/18\/el-druida-del-dobra-2\/","title":{"rendered":"El druida del Dobra (2)"},"content":{"rendered":"<p><strong>La conversaci\u00f3n en la hoguera es intensa y baila de un tema a otro. El druida del Dobra no se ha identificado ni tampoco se ha quitado en ning\u00fan momento el frontal, lo cual impide a los dos gijoneses verle bien el rostro. Habla compulsivamente, puede rondar los 50 a\u00f1os y por sus expresiones es una persona con cierta cultura. Sigue en sus trece de que en esa pradera no duerme ni dios. \u00c9l vive en una caba\u00f1a abandonada monte arriba y, seg\u00fan cuenta, hay otra cercana que se puede utilizar para dormir. Insiste en que los gijoneses vayan a su caba\u00f1a a tomar un colacao y que despu\u00e9s les guiar\u00e1 hasta la otra, donde deber\u00e1n dormir. D. est\u00e1 plenamente inc\u00f3modo con la situaci\u00f3n, pero J. parece haber sucumbido lo suficiente a la oratoria del energ\u00fameno como para seguirlo hasta sus dominios. As\u00ed que al final aceptan, a rega\u00f1adientes, su oferta\/imposici\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/05\/fuego-redux.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-10857\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/05\/fuego-redux-1024x644.jpg\" alt=\"fuego-redux\" width=\"1024\" height=\"644\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/05\/fuego-redux-1024x644.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/05\/fuego-redux-300x189.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/05\/fuego-redux-768x483.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/05\/fuego-redux.jpg 1027w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a>Junto al fuego, el enigm\u00e1tico personaje ha comenzado a contar historias sobre su vida de lo m\u00e1s variopintas. Cuenta que tuvo una librer\u00eda en Avil\u00e9s, que vivi\u00f3 en Noruega, donde recog\u00eda material reciclable por el cual obten\u00eda un buen dinero, habla del monte como si fuera suyo, dice que lleva tiempo viviendo all\u00ed&#8230; Y, cuando ya van los tres camino de las caba\u00f1as, empieza a describir flores silvestres que se encuentran a su camino en su \u00e1nimo de dominar la situaci\u00f3n y darse, de forma continua, importancia. Describe una, describe otra y, tras la tercera, apostilla: &#8220;Porque yo, en realidad, soy un druida&#8221;. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Entonces algo resuena en la mente de D., el gijon\u00e9s que le hab\u00eda hecho frente palo contra palo. Un recuerdo del pasado le martillea en la cabeza. No es algo de hace un mes ni de hace un a\u00f1o. Es algo m\u00e1s viejo. De hace ocho, nueve o diez a\u00f1os&#8230; De repente, le mira intensamente y le espeta: &#8220;Yo a ti te conozco&#8221;. El druida se queda extra\u00f1ado y D. le apostilla: &#8220;T\u00fa te llamas X.&#8221;. Asiente, perplejo. Entonces, D. le cuenta una historia:\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os atr\u00e1s, D. iba en coche a los Pirineos para hacer una semana de monta\u00f1a en solitario y decidi\u00f3 parar a dormir en Arnedillo, en La Rioja, donde hay unas famosas aguas termales. Cuando iba en esa direcci\u00f3n se top\u00f3 con dos personas haciendo dedo y las par\u00f3. Casualidad, eran asturianos, que tambi\u00e9n iban a Arnedillo. En el coche le contaron que ven\u00edan desde Noruega caminando y haciendo dedo, un extra\u00f1o relato que a D. le puso ya un poco en guardia. Uno de ellos, enseguida le dijo aquello de que &#8220;era un druida&#8221;. Su acompa\u00f1ante era avilesino y era continuamente maltratado por el se\u00f1or druida, que le daba to\u00f1ejas y le avergonzaba todo el rato. En Arnedillo, nuestro gijon\u00e9s fue a un supermercado para comprar algo de cena y ah\u00ed se le junt\u00f3 la feliz pareja, que aprovech\u00f3 para incluir alg\u00fan producto en la compra que no iba a pagar. Luego fueron a las aguas termales y all\u00ed convirti\u00f3 en un aut\u00e9ntico infierno aquella estrat\u00e9gica parada de D. rumbo a los Pirineos. No callaba, no paraba de darse importancia, no dejaba de contar historias grandilocuentes y contradictorias y, cada poco, desacreditaba en cuanto pod\u00eda a su socio avilesino. Lleg\u00f3 la hora de dormir y D. se despidi\u00f3 de la pareja de autostop arrepentid\u00edsimo de haberlos parado pues el druida le hab\u00eda puesto la cabeza como un bombo. Ese d\u00eda cre\u00eda que no lo volver\u00eda a ver jam\u00e1s. Pero se equivoc\u00f3.<\/p>\n<p><strong>Cuando D. acab\u00f3 de contarle la historia del autostop y de Arnedillo, el druida X. no pudo negar que ese personaje era \u00e9l. Pero qued\u00f3 extra\u00f1o, como si lo hubiesen desenmascarado. Llegaron a su caba\u00f1a y tomaron el colacao y luego les aproxim\u00f3 a otra caba\u00f1a donde deb\u00edan dormir los gijoneses. Estaba destartalada y llena de ara\u00f1as. Ah\u00ed durmieron tras quedar con su singular anfitri\u00f3n del Dobra en verse al d\u00eda siguiente despu\u00e9s de darse un remoj\u00f3n en el r\u00edo. La historia no hab\u00eda acabado.<\/strong><\/p>\n<p>(ma\u00f1ana, tercer y \u00faltimo cap\u00edtulo)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La conversaci\u00f3n en la hoguera es intensa y baila de un tema a otro. El druida del Dobra no se ha identificado ni tampoco se ha quitado en ning\u00fan momento el frontal, lo cual impide a los dos gijoneses verle bien el rostro. 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