{"id":11009,"date":"2019-10-18T09:37:30","date_gmt":"2019-10-18T07:37:30","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=11009"},"modified":"2019-10-18T09:37:30","modified_gmt":"2019-10-18T07:37:30","slug":"la-justicia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2019\/10\/18\/la-justicia\/","title":{"rendered":"La justicia"},"content":{"rendered":"<p><strong>La v\u00edspera, la cabeza est\u00e1 caliente y el \u00e1nimo alica\u00eddo. Al recoger la carta certificada del juzgado en Correos cuesta trabajo abrirla. Dentro hay una sentencia que pone fin a nueve a\u00f1os, \u00a1nueve!, de acoso telef\u00f3nico, epistolar y finalmente judicial. Lo curioso del caso es que siendo la persona acosada eres tambi\u00e9n la denunciada. Te reclaman seiscientos y pico euros m\u00e1s costas. Lo justo es ganar, pero se puede perder. Por algo ese fondo de inversi\u00f3n, por llamarlo finamente, ha decidido pasar al ataque para empapelarte.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/10\/122.La-justicia-redux.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-11010\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/10\/122.La-justicia-redux-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>Todo empez\u00f3 al devolver un coche en un aeropuerto de Italia en 2010. \u00bfTodo ok? Todo ok. La sorpresa llega al regresar a Gij\u00f3n y recibir un cargo de 634,54 euros por unos da\u00f1os ficticios en la defensa del coche. Repasas el papel de la entrega y el p\u00edcaro italiano ya puso unas ininteligibles palabras en la secci\u00f3n \u2018danni\u2019 (da\u00f1os). Y eso sin siquiera agacharse a mirar el coche ni decir que hab\u00eda alg\u00fan problema. Vamos, una milonga para literalmente robarte el dinero. En las fotos te mandan unos contrastes en primer plano como si hubiera dos tonos grises en la defensa, algo imperceptible a simple vista. Imaginas como tesis acusadora que tuviste un roce y lo pintaste chuscamente. Pero t\u00fa tambi\u00e9n tienes una fotograf\u00eda del coche, realizada tras la entrega a modo de \u2018recuerdo\u2019. Y ah\u00ed se ve que est\u00e1 perfecto.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>Avisas a la tarjeta de cr\u00e9dito y se ponen al instante a la contra. Que pagues y reclames, dicen. Ya, a un estafador&#8230; Devuelves el cargo y recurres por escrito con mil argumentos, incluido el que da el Banco de Espa\u00f1a: derecho a devolver un recibo si no se acompa\u00f1a la cantidad de tu firma y tambi\u00e9n si \u00e9sta excede con creces lo previsible. As\u00ed lo dice la ley. Da igual. Bombardeo de amenazas por tel\u00e9fono y por carta durante a\u00f1os. La \u2018deuda\u2019 cambia de due\u00f1o y un nuevo banco ataca otro poco. El tema se duerme hasta que pasa un tercer actor al ataque. Te lanza un monitorio. Acudes a siete carrocer\u00edas y demuestras que desmontar, pintar y montar esa defensa (caso de necesitarse) cuesta entre 145 y 195 euros, \u00a1nueve a\u00f1os despu\u00e9s! Te llevan a juicio, que no dura ni cinco minutos. No dominas el ambiente y te pones nervioso al argumentar. Pesa la ira.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<strong>Ahora llega la sentencia, que rozas con la yema de los dedos dentro del fr\u00edo sobre. Si te absuelve, creer\u00e1s en la justicia; si te condenan, adem\u00e1s de sentirte robado, entrar\u00e1s en una crisis de valores, en un tremendo descreimiento, en un abismo de desconfianza. Sales al Muro a serenar el \u00e1nimo, te sientas y rasgas el sobre mirando al mar. Son dos folios. Al final, bajo el ep\u00edgrafe \u2018Fallo\u2019, lees: \u00abDesestimado\u00bb. Y ruges de felicidad. La justicia ha ganado.<\/strong><\/p>\n<p>Publicado en EL COMERCIO el jueves 17 de octubre de 2019<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La v\u00edspera, la cabeza est\u00e1 caliente y el \u00e1nimo alica\u00eddo. Al recoger la carta certificada del juzgado en Correos cuesta trabajo abrirla. Dentro hay una sentencia que pone fin a nueve a\u00f1os, \u00a1nueve!, de acoso telef\u00f3nico, epistolar y finalmente judicial. Lo curioso del caso es que siendo la persona acosada eres tambi\u00e9n la denunciada. 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