{"id":11198,"date":"2019-12-13T16:13:27","date_gmt":"2019-12-13T15:13:27","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=11198"},"modified":"2019-12-13T16:13:27","modified_gmt":"2019-12-13T15:13:27","slug":"cilurnigutatis-boulevard-21-el-mollejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2019\/12\/13\/cilurnigutatis-boulevard-21-el-mollejo\/","title":{"rendered":"Cilurnigutatis Boulevard 21 (El Mollejo)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Aquel domingo C\u00edlur so\u00f1\u00f3 intensamente. Las puyas entre amigos; bien con Chang y Ziprus; bien con Lifus, Sando y R\u00faper; le hab\u00edan transportado a otro templo de la puya, esta vez en versi\u00f3n leonesa, y tambi\u00e9n de la molleja. En El Madrugo, en Boca de Hu\u00e9rgano, un pueblo situado a apenas dos horas de Gij\u00f3n, C\u00edlur se daba peri\u00f3dicamente homenajes gastron\u00f3micos que ten\u00edan siempre el mismo contenido. Solo variaba el n\u00famero de platos seg\u00fan cu\u00e1ntos se reunieran. Ensalada, mollejas plancha y filetes (o chulet\u00f3n) con patatas. Detr\u00e1s de la barra de aquel bar estaba Francisco, a quien hab\u00edan rebautizado con toda justicia como &#8216;El mollejo&#8217;, pues resultaba inevitable asociar el entra\u00f1able personaje a sus deliciosas mollejas plancha. Si la gastronom\u00eda era de \u00f3rdago en aquel bar sencillo con apenas cinco mesas, las tertulias entre los aut\u00f3ctonos constitu\u00edan un suculento aperitivo. Entraba un parroquiano y el vuelo de cuchillos dial\u00e9cticos era inmediato:<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 se te perdi\u00f3 aqu\u00ed?<\/strong><br \/>\n<strong>-Molestar un rato.<br \/>\n-Pues pa molestar ya tienes tu casa.<br \/>\n-Pero me gusta joderte a ti. \u00a1Pon un tinto!<br \/>\n-Ya ver\u00e9 lo que pongo.<br \/>\n-(Pu\u00f1etazo en la barra) \u00a1Un tinto he dicho!<br \/>\n-Anda que vienes fuerte hoy&#8230; (echa el tinto).<br \/>\n-\u00bfY la tapa qu\u00e9?<br \/>\n-No tengas tanta prisa.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/12\/mollejo1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-11203\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/12\/mollejo1-693x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"693\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/12\/mollejo1-693x1024.jpg 693w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/12\/mollejo1-203x300.jpg 203w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/12\/mollejo1-768x1134.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2019\/12\/mollejo1.jpg 1170w\" sizes=\"(max-width: 693px) 100vw, 693px\" \/><\/a>Aquello eran como los duelos del Oeste pero en versi\u00f3n leonesa, con la aspereza propia del car\u00e1cter de la comunidad vecina y la dosis adicional de la alta monta\u00f1a, pues Boca rebasaba con holgura los 1.100 de altitud. El valle era maravilloso, rodeado de buen monte y de dos r\u00edos, estropeado en parte por la construcci\u00f3n de un pantano que derrib\u00f3 siete pueblos, el principal, Ria\u00f1o, aquel pueblo donde C\u00edlur hab\u00eda pasado todos los veranos de la infancia y la adolescencia. Ahora le quedaban Boca, el mollejo y el entorno. Aquella noche, C\u00edlur so\u00f1\u00f3 insistentemente con El Madrugo, aquel\u00a0 hombre menudo, vestido como habituaba con su mandil y sus madre\u00f1as, con su calva disimulada por unos pelos alargados de lado a lado y aquel particular bigote que le adornaba. Francisco era soltero, metido en a\u00f1os y abr\u00eda el bar los 365 d\u00edas del a\u00f1o. A lo sumo echaba el candado un par de d\u00edas al a\u00f1o, en \u00e9pocas fr\u00edas, para hacer una escapada a Le\u00f3n capital y darse un peque\u00f1o fest\u00edn. As\u00ed C\u00edlur se presentaba a veces con amigos un lunes de invierno y all\u00ed com\u00edan o cenaban o merendaban fuese la hora que fuese mientras tertuliaban con su Mollejo, que tomaba parte en todos los debates desde la barra.<\/strong><\/p>\n<p><strong>En su sue\u00f1o hab\u00eda tenido lugar una singular novedad. Francisco, hombre austero donde los hubiera, llegado a la vejez y enriquecido hasta las trancas por toda una vida de trabajo haciendo mollejas plancha, sirviendo vinos y cacharros y gastando muy poco, decidi\u00f3 un buen d\u00eda tirar la casa por la ventana. As\u00ed, hab\u00eda dejado su casa-bar, donde llevaba viviendo toda la vida, para instalarse en el hist\u00f3rico torre\u00f3n medieval de Boca situado justo frente a la misma, al otro lado de la carretera. Lo compr\u00f3 al pueblo por una buena cantidad, reconstruy\u00f3 su interior, instal\u00f3 una bandera en la zona almenada con el escudo de los Del Hoyo, su apellido, y le acompa\u00f1\u00f3 unas mollejas a modo de gui\u00f1o publicitario. Mud\u00f3 tambi\u00e9n el vestir. Dej\u00f3 las madre\u00f1as y el delantal y encarg\u00f3 trajes de \u00e9poca rematados con medias blancas y zapatos con hebilla que gustaba poner para las grandes ocasiones. Contrat\u00f3 servicio (algo que jam\u00e1s hab\u00eda tenido) y se aficion\u00f3 a rematar las jornadas laborales, al anochecer, en su terraza almenada, donde entonaba armoniosos c\u00e1nticos de la tierra acompa\u00f1ado de su uquelele. Entonces, como por arte de magia, aquel cielo estrellado del valle de Ria\u00f1o, comenzaba a descargar estrellas fugaces como si de un placentero llanto se tratase. C\u00edlur, en sus enso\u00f1aciones, lleg\u00f3 a convertir la lluvia de estrellas en una lluvia de mollejas que cubr\u00edan el valle entero como si del milagro de los panes y los peces se tratara. La gente sal\u00eda de sus casas y las cog\u00eda suspendidas en el aire para llev\u00e1rselas a la boca en un ritual gastron\u00f3mico que se repet\u00eda una vez al a\u00f1o. La fecha pas\u00f3 a se\u00f1alarse como San Mollejo y las campanas de todas las iglesias del valle de la Reina repiqueteaban aquella noche en una constante danza que confer\u00eda a la ocasi\u00f3n la sacralidad apropiada.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Al d\u00eda siguiente de la lluvia de mollejas nadie hablaba de ello. La poblaci\u00f3n volv\u00eda a sus rutinas como quien se sabe poseedor de un secreto que ha de darle gran placer en su interior, pero que no est\u00e1 presto para ser transformado en verbo, como si el hecho de hacer tal cosa fuera a deshacer el encanto. Era siempre, no obstante, un d\u00eda de j\u00fabilo en el cual la gente se mostraba biempensante y generosa en el trato con los dem\u00e1s, se trabajaba con gusto y hab\u00eda a sus horas op\u00edparas pitanzas, as\u00ed como mucho arte amatorio en las alcobas una vez vencida la luz del d\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p><strong>C\u00edlur se abraz\u00f3 con especial gusto a la almohada mientras se recreaba en los encantos del Mollejo, de su peque\u00f1o bar con el escudo de madera del Real Madrid y aquella peque\u00f1a estructura met\u00e1lica de cassetes que se resist\u00eda a retirar, pese a que ya no exist\u00edan ni en las gasolineras m\u00e1s rec\u00f3nditas. Con la torre medieval reparada y su nueva vida aburguesada, solo le faltaba imaginarlo abandonando un d\u00eda el pueblo en globo a correrse una buena aventura que diera sentido a tantos a\u00f1os de sacrificio detr\u00e1s de la barra. Cual Bar\u00f3n de Munchausen, lo visualizaba abandonando en globo Boca de Hu\u00e9rgano, despidi\u00e9ndose del vecindario al completo, que le saludaba desde la antojana de sus casas extendiendo sus blancos pa\u00f1uelos mientras \u00e9l tomaba un rumbo incierto en busca de conocer otros mundos. \u00bfY las mollejas? La marcha on\u00edrica de Francisco sobresalt\u00f3 a C\u00edlur, que se despert\u00f3 sudoroso presa del desasosiego. &#8220;Francisco, no te conviene ese viaje&#8221;, acert\u00f3 a decir. &#8220;D\u00f3nde vas a estar mejor que en la barra del Madrugo con tu clientela de toda la vida&#8221;, apostill\u00f3.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Si quiere novedades, mascull\u00f3, igual podemos llevarle a alguna estrella de relumbr\u00f3n&#8230;<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel domingo C\u00edlur so\u00f1\u00f3 intensamente. Las puyas entre amigos; bien con Chang y Ziprus; bien con Lifus, Sando y R\u00faper; le hab\u00edan transportado a otro templo de la puya, esta vez en versi\u00f3n leonesa, y tambi\u00e9n de la molleja. 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