{"id":11589,"date":"2020-07-29T00:46:38","date_gmt":"2020-07-28T22:46:38","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=11589"},"modified":"2020-07-31T20:27:33","modified_gmt":"2020-07-31T18:27:33","slug":"anatomia-del-puerto-riano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2020\/07\/29\/anatomia-del-puerto-riano\/","title":{"rendered":"Anatom\u00eda del Puerto (RIA\u00d1O)"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/04\/RIA\u00d1O-EL-PUERTO.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-11590\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/04\/RIA\u00d1O-EL-PUERTO.jpg\" alt=\"\" width=\"960\" height=\"958\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/04\/RIA\u00d1O-EL-PUERTO.jpg 960w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/04\/RIA\u00d1O-EL-PUERTO-150x150.jpg 150w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/04\/RIA\u00d1O-EL-PUERTO-300x300.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/04\/RIA\u00d1O-EL-PUERTO-768x766.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><\/a>La nostalgia se desborda, como un torrente, al primer vistazo. Esta imagen, publicada en Facebook hace unos meses en Ria\u00f1o Vivo, al parecer obra de Miguel Tost\u00f3n, abre la ventana a aquel para\u00edso donde quedaron sumergidos los recuerdos de nuestra infancia y adolescencia, de aquellos largos veranos de dos meses, o tres, atenazados exclusivamente por un inquietante drama: el final. Cuando, despu\u00e9s de Quintanilla, ca\u00eda un trueno y romp\u00eda a llover un par de d\u00edas era como si un rayo te partiese el calendario. Las vacaciones entraban en su recta final. Era el declive, la cuesta abajo, la inminente vuelta a la ciudad, al colegio, a la rutina. Mientras que all\u00ed, en Ria\u00f1o, en aquel Puerto, uno se sent\u00eda en la gloria bendita.\u00a0\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La primera sensaci\u00f3n del r\u00edo era matinal, cuando te despertabas en aquella habitaci\u00f3n de cuatro camas con cuatro j\u00f3venes durmientes, a unos metros de la plaza del pueblo. Sonaba una campanada y te invad\u00eda la duda. \u00bfLas once y media? \u00bfLas doce y media? \u00bfLa una? Antes, desde luego, no. Un desayuno pantagru\u00e9lico con aquellas sabrosas tortas de pan untadas con mantequilla mojadas en caf\u00e9 marcaba la antesala del camino al r\u00edo. La madre dejaba una mochila para que los hijos tardones llevaran la comida m\u00e1s fresca. La ruta parece hoy como si la grabaras con una c\u00e1mara en movimiento. La plaza, la calle lateral hacia la carretera principal, el giro a la izquierda, dejando aquel min\u00fasculo quiosco enfrente. Luego antes del Moderno, tras rebasar el Nevada, el giro a la derecha, hacia aquella calle un poco cuesta abajo que discurr\u00eda paralela a otro negocio, el Paj\u00edn, a un lado, y una casona elegante al otro, donde dec\u00edan que hab\u00eda ascensor. Entonces todo se estrechaba en un tramo rebosante de bo\u00f1igas. Aquello era un delicioso estercolero donde era casi imposible no manchar las alpargatas o las sandalias o las cangrejeras; lo que llevases. Te abr\u00edas luego a la Plaza de los Pueblos, un lugar recalentado, normalmente despoblado, trist\u00f3n, m\u00e1s propio del p\u00e1ramo. Pero enseguida, tras un peque\u00f1o puente que sorteaba un riachuelo, te abr\u00edas a Resejo, ese campo abierto, con vallas met\u00e1licas de feria de ganado, lindante ya con el r\u00edo. A la derecha, una chopera. A la izquierda, unas casas. Al fondo, un peque\u00f1o chal\u00e9. Hacia all\u00e1 ibas, al final sorteabas un regato saltando entre las piedras y te asomabas ya a aquella zona pedregosa de matorral donde se aposentaban las madres con sus hamacas. Ah\u00ed descargabas la mercanc\u00eda, saludabas y pasabas enseguida a la explanada del Puerto. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/marzo-1987.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-11644\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/marzo-1987-1024x691.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"691\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/marzo-1987-1024x691.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/marzo-1987-300x202.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/marzo-1987-768x518.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/marzo-1987.jpg 1734w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a>Aquel gran bloque de hormig\u00f3n a dos alturas, una m\u00e1s ancha y otra m\u00e1s alta y estrecha, reun\u00eda un ambiente total, especialmente joven y alegre. La primera gran sensaci\u00f3n era colocar la toalla en el extremo superior, ce\u00f1ido al r\u00edo, que se aprecia n\u00edtidamente en la fotograf\u00eda, para contemplar, con la cabeza asomada, toda la fauna acu\u00e1tica: truchas, zapateros, culebras&#8230; Algunas deb\u00edan de tener su casa en las cuevas formadas en la parte inferior de la estructura de hormig\u00f3n. Ah\u00ed calentabas el cuerpo antes de ba\u00f1art<\/strong><strong>e. En tiempos m\u00e1s j\u00f3venes, quiz\u00e1 con doce o trece a\u00f1os, tambi\u00e9n te lanzaste en bicicleta\u00a0<\/strong><strong>al agua cogiendo carrerilla por la explanada, algo que, claro est\u00e1, no gustaba a las madres. El ba\u00f1o ten\u00eda lugar en el segundo tramo de la explanada. Ah\u00ed donde se divid\u00eda en dos: una parte curva rebasada por el agua, una piscina intermedia donde cubr\u00eda poco y otro tramo de explanada cortada por dos pasos para el agua, por los cuales se formaba una cascada al caer al pozo inferior. Alegr\u00eda total. Juerga. Unos arriba. Otros en medio. Otros abajo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>La perspectiva de la imagen permite enmarcarlo todo. El r\u00edo que llega al Puerto para dividirse en dos y abrazarse despu\u00e9s. La isleta intermedia, territorio inh\u00f3spito, acaso un buen escondite para echar una meada o qui\u00e9n sabe qu\u00e9. El camino final que llegaba del camping de San Miguel hasta la fuente. El puente mencionado que llega a Resejo. El mont\u00edculo rocoso al fondo sobre el que se situaba la emblem\u00e1tica cueva del oso. El camino bajo \u00e9l que llevaba al campamento, donde hubo en tiempos lejanos ej\u00e9rcitos de tiendas de campa\u00f1a blancas, para desde all\u00ed encaminarse al Yordas. Las choperas por todas partes; la del medio, m\u00e1s o menos, ocultando la discoteca El Roble. <\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/img154.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-11645\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/img154-1024x696.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"696\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/img154-1024x696.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/img154-300x204.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/img154-768x522.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2020\/07\/img154.jpg 1740w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Resulta inevitable pensar que si se vaciara el pantano, aniquiladas las casas por obra de la piqueta, el Puerto ah\u00ed seguir\u00eda, en su sitio, carcomido seguramente por la corrosi\u00f3n del agua, envuelto por el fango, desnaturalizado. Pero la imaginaci\u00f3n no puede evitar pensar en una sextaferia en la cual fuera cepillado, lavado y reforzado con una reluciente capa de hormig\u00f3n que incluso mejorase el estado anterior a 1987, el a\u00f1o de la barbarie. Entonces, todos los que nos ba\u00f1amos alguna vez en el Puerto, todos los que estamos, volver\u00edamos un d\u00eda con la bolsa de la comida y nos dar\u00edamos un ba\u00f1o de nostalgia en las cascadas. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Ni el pelo ser\u00eda ya negro, ni alguno tendr\u00e1 siquiera pelo, ni los cuerpos ser\u00e1n lozanos, ni las barrigas planas. Pero all\u00ed estar\u00edamos, riendo y llorando todos juntos, con bromas, carreras, saltos, masajes bajo la cascada, filetes empanados, patatas en ensalada y fruta, maquinando la ronda nocturna por los bares hasta llegar a la discoteca, planificando la en\u00e9sima subida al Yordas para la que, al final, jam\u00e1s se madrugaba&#8230; <\/strong><\/p>\n<p><strong>La foto de Miguel Tost\u00f3n nos lleva a ponernos las gafas de bucear para dar brazadas por el reloj del tiempo. Sin duda, nos revolver\u00e1 por dentro. Pero si lo pensamos mejor, \u00bfy lo bien que lo pasamos? \u00bfgozar\u00edan otras personas de veranos as\u00ed? Qued\u00e9monos con nuestro privilegio, con nuestro rinc\u00f3n, con nuestros mejores recuerdos. No queda otra. \u00a1Por Ria\u00f1o! Y, qu\u00e9 co\u00f1o, \u00a1Por nosotros!<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>PD.-Las otras dos im\u00e1genes invernales, tomadas por servidor en 1985\/86, dan tambi\u00e9n una idea completa del lugar, pero con mucha m\u00e1s agua que en verano, los \u00e1rboles pelados y sin gente, lo cual se da un aire algo trist\u00f3n, de abandono, que todos sabemos que no casa nada con lo all\u00ed vivido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>COMENTARIO EN FACEBOOK DE MIGUEL ANGEL EL OLIVO, NUESTRO GRAN BLUESMAN<\/p>\n<p>(tal es su inter\u00e9s y detalle que bien podr\u00eda ser esto la cr\u00f3nica principal y esta el comentario, lo vuelco aqu\u00ed para que no se \u2018pierda\u2019)<\/p>\n<p>Enorme la Anatom\u00eda del Puerto de Adri\u00e1n. Tanto que nos estimula a los dem\u00e1s y hace que sus recuerdos sean los nuestros y nos vengan a la memoria vivencias similares. Estas son algunas de las m\u00edas: Querido Adri\u00e1n, he le\u00eddo tu texto sobre El Puerto y sus aleda\u00f1os, f\u00edsicos y morales. Fant\u00e1stico.<br \/>\nMe ha encantado el recuerdo de aquel lugar tan privilegiado donde fuimos 100% felices y a cuyos remanentes y cercan\u00edas seguimos acudiendo cada a\u00f1o para rescatar parte de aquella felicidad que nos daba Ria\u00f1o y esos dos meses y medio de vacaci\u00f3n y dicha, desde la m\u00e1s tierna infancia hasta la juventud.<br \/>\nComparto muchas (en realidad todas) de las sensaciones y descripciones que recoges en tu parte anat\u00f3mico con precisi\u00f3n de cirujano.<br \/>\nEsa larga duraci\u00f3n del verano, las tormentas y lluvias de final de agosto, los charcos que se formaban en el suelo combinando y diluyendo muchas veces las bo\u00f1igas con el l\u00edquido elemento que adquir\u00eda una tonalidad oscuromet\u00e1licairisada, el olor de la tierra mojada (a ozono, dec\u00edamos), el anuncio de que ya se acababan las vacaciones y hab\u00eda que volver a la ciudad donde nos ir\u00edamos quitando poco a poco el asilvestramiento que seg\u00fan nuestros padres hab\u00edamos adquirido e ir\u00edamos contando los meses que nos quedaban para volver.<br \/>\nMe vienen a la cabeza infinidad de vivencias grabadas a punta de dicha y felicidad en mi mente y cuyo relato se har\u00eda muy largo aqu\u00ed pero que siempre he querido escribir en un peque\u00f1o relato. Tal vez alg\u00fan d\u00eda lo haga, cuando disponga de m\u00e1s tiempo.<br \/>\nPor ejemplo, las excursiones en bicicleta hasta algunos de los pueblos cercanos en cuyos r\u00edos nos ba\u00f1\u00e1bamos y merend\u00e1bamos un delicioso bocadillo, por ejemplo, a Pedrosa, en el pozo junto a la Iglesia que hoy est\u00e1 en Ria\u00f1o, a Huelde, en el pozo que comenta Gabriel, a Bur\u00f3n, cuyas aguas eran bastante m\u00e1s fr\u00edas o las excursiones a un abandonado parador en cuya enorme terraza chicos y chicas organiz\u00e1bamos meriendas de mejillones, calamares y sardinas en lata, con botellas de refresco compradas en la tienda de Julina, en la plaza. Avanzados los a\u00f1os, cambiar\u00edamos la tarde, el parador y los refrescos por la noche, el campamento, u otro lugar de acampada, y una suculenta sangr\u00eda o queimada animada por una gran hoguera, c\u00e1nticos, guitarras y cuentos, antes de terminar en la discoteca El Roble, previo paso, muchas veces, por Camila para echar unas partidas de futbol\u00edn y unas sidrinas. Aunque, en realidad, cuando \u00edbamos a Casa Camila, era en los d\u00edas en los que no hac\u00edamos fuego de acampada sino cuando, despu\u00e9s de cenar en casa, sal\u00edamos por la noche a tomar algo por los bares del pueblo (el Nevada, el Moderno, el Sainz, el Central, Ulpiano, el Iris ya no funcionaba, creo, y alguno me dejar\u00e9), encontrarnos con los amigos y, despu\u00e9s, tras caminar por las calles oscuras y hacer una parada en el Puente Nuevo para echar un cigarro, escuchar el rumor del r\u00edo, tener una charla profunda o hurtar un beso, acudir jubilosos a lo del futbol\u00edn y la sidra. Y, luego, cuando cerraban, ya s\u00ed, ir al Roble. A su primera versi\u00f3n y a la segunda, ampliada con un suelo de colores y luces, me parece recordar, a lo Fiebre del S\u00e1bado Noche.<br \/>\nHay m\u00e1s historias, como los grandes momentos que hemos pasado en la plaza de la iglesia, sentados y charlando en sus bancos o en las fachadas de la tienda de Aurea o del Ayuntamiento, o jugando a f\u00fatbol o al pa\u00f1uelo, campo quemado o alg\u00fan otro juego, entrando en los futbolines (eran de los buenos, con jugadores de metal y dos pies, y el c\u00e9sped de un material algo el\u00e1stico que permit\u00eda hacer virguer\u00edas) y jugando grandes partidas unos contra otros o, simplemente, dando vueltas con las bicis (eso da para m\u00e1s an\u00e9cdotas) pero ahora no tengo tiempo para m\u00e1s.<br \/>\nSolo a\u00f1adir\u00e9, de forma atropellada y r\u00e1pida, que en tu parte anat\u00f3mico he echado de menos un par de cosillas que mis hermanos y yo hac\u00edamos mucho: jugar en los cargaderos del r\u00edo, un poco m\u00e1s abajo de El Puerto (donde, en otras ocasiones, ya avanzada la tarde, recog\u00edamos una planta que llam\u00e1bamos tomillo y que mastic\u00e1bamos para quitarnos el olor de nuestros primeros cigarrillos, Celtas eran, comprados en la tienda de Filomena). \u00a1Qu\u00e9 telares!<br \/>\nTambi\u00e9n, el recorrido que hac\u00edamos numerosas veces por el r\u00edo unas veces cruz\u00e1ndolo de lado a lado, por las grandes piedras pasaderas que se vislumbran en la foto o directamente sin hacer uso de ese r\u00fastico puente, con el agua hasta la cintura. Esas piedras varadas en medio del r\u00edo eran, por cierto, el hogar de grandes truchas a las que intent\u00e1bamos capturar, sin ning\u00fan \u00e9xito, metiendo las manos por los veros de la parte inferior de la roca.<br \/>\nAl cruzar al otro lado, se abr\u00eda un enorme campo de experimentaci\u00f3n: el Campo San Miguel, con las tiendas de campa\u00f1a del camping, con los interminables partidos de f\u00fatbol con bal\u00f3n Curtis rojo o naranja (conseguir bal\u00f3n de reglamento ya era m\u00e1s dif\u00edcil), con la subida a la Fuente de la Corv\u00e1n (no se si es con v o con b), con la estructura milagrosa de la plaza de toros de madera que para nosotros era Fort Laramie, un puesto avanzado de defensa contra los comanches, sioux o apaches, con los canales de riego donde hac\u00edamos carreras de barquitos con palos que ech\u00e1bamos a la corriente, con el cueto al que sub\u00edamos y escal\u00e1bamos y con el valle de Vallarqu\u00e9 y Oncevera que, tras dar la vuelta al recodo hacia la izquierda, se nos abr\u00edan majestuosos, surcados por peque\u00f1os arroyos en los que hab\u00eda infinidad de ranas grandes, verdes y con rayas, que a veces captur\u00e1bamos, aunque lo que m\u00e1s nos gustaba era verlas tomando un poco el sol en la orilla y saltar cuando nos acerc\u00e1bamos a ellas, o con la ascensi\u00f3n a la loma y al tri\u00e1ngulo rocoso, sobrevolado por los aguiluchos (algo de esto queda todav\u00eda hoy en el camino a Las Biescas).<br \/>\nUnas veces cruz\u00e1bamos el r\u00edo, dec\u00eda; otras lo recorr\u00edamos longitudinalmente desde El Puerto hasta el Puente Nuevo o nos desvi\u00e1bamos hasta el riachuelo que corr\u00eda paralelo a su derecha en el que hab\u00eda unos peces muy grandes y raros que dec\u00edamos que eran lucios.<br \/>\nSon muchas las cosas que me vienen a la cabeza, podr\u00eda enlazar unas con otras, pero el tiempo se me acaba por hoy.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La nostalgia se desborda, como un torrente, al primer vistazo. 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