{"id":11781,"date":"2021-09-05T21:34:07","date_gmt":"2021-09-05T19:34:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=11781"},"modified":"2021-09-05T21:34:07","modified_gmt":"2021-09-05T19:34:07","slug":"las-campanas-de-fonso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2021\/09\/05\/las-campanas-de-fonso\/","title":{"rendered":"Las &#8216;campanas&#8217; de Fonso"},"content":{"rendered":"<p>Compartes con Fonso una singular afici\u00f3n. Cada verano, en la primera visita al r\u00edo, ambos construimos una presa. Hacemos un muro de piedra un tanto distanciado del pozo con un par de funciones pr\u00e1cticas: darle m\u00e1s profundidad a la zona de ba\u00f1os y proteger, acaso, a los cr\u00edos de ser llevados por la corriente. El dique quiz\u00e1 tenga una tercera funci\u00f3n m\u00e1s importante: jugar. Sentirnos nosotros, ambos cincuentones (\u00e9l m\u00e1s), tambi\u00e9n ni\u00f1os, relacionarnos con el agua como lo hac\u00edamos en el Viejo Ria\u00f1o, donde la visita al r\u00edo ocupaba el grueso de aquellos inolvidables d\u00edas de verano. Si alguien pudiera asomarse a nuestro inconsciente, esa ser\u00eda a buen seguro la raz\u00f3n fundamental del muro de piedra, el viaje a la infancia, con un juego que entra\u00f1a una singular iron\u00eda. Pues lo que estamos haciendo ambos es una presa a escala, un freno para la corriente de agua como el que nos cort\u00f3 las alas en 1987, cuando se derribaron siete pueblos y, al abrigo del gran muro, quedaron sumergidos bajo el agua. Nuestro actual juego entra\u00f1a por tanto un cruel paralelismo con el juego de esos pol\u00edticos (el PSOE de Felipe Gonz\u00e1lez) que en los a\u00f1os ochenta decidieron cargarse de un plumazo la riqu\u00edsima vida de un valle de ensue\u00f1o; aquel en el que habitaban Ria\u00f1o, Pedrosa, Salio, Huelde, Anciles, La Puerta y \u00c9scaro y que siguen habitando, mutilados, Bur\u00f3n y Vegacerneja. Este verano, una vez m\u00e1s, Fonso hizo su presa. Muy curiosina por cierto; y un servidor hizo la suya. De ambas, si nos tumbaran en un div\u00e1n, brotar\u00edan, 34 a\u00f1os despu\u00e9s, los traumas de aquellas heridas: la de perder el pueblo donde naciste, en el caso de Fonso; la de perder el pueblo donde veraneaste con intensidad de los 0 a los 19 a\u00f1os, en el tuyo. Mayores sin duda los suyos; sustanciales no obstante los propios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/85af3d4b-f270-4815-a6b4-3285e2d51746.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-11784\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/85af3d4b-f270-4815-a6b4-3285e2d51746-1024x461.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"461\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/85af3d4b-f270-4815-a6b4-3285e2d51746-1024x461.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/85af3d4b-f270-4815-a6b4-3285e2d51746-300x135.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/85af3d4b-f270-4815-a6b4-3285e2d51746-768x346.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/85af3d4b-f270-4815-a6b4-3285e2d51746.jpg 2000w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>En &#8216;Tocan las campanas a concejo&#8217;, Fonso ha dejado en negro sobre blanco siete a\u00f1os intensos, a buen seguro desgarradores, en los cuales ha asumido como propia una profesi\u00f3n ajena, la de escritor, con tal implicaci\u00f3n que el resultado es totalmente homologable a lo que hubiera podido plasmar un escritor profesional. \u00bfC\u00f3mo lo ha conseguido? La respuesta quiz\u00e1 radique en la profundidad de la herida dejada por la p\u00e9rdida de Ria\u00f1o, su pueblo, y en la imperiosa necesidad de contarlo, de dejar su huella, de poner todo de su parte para que un mont\u00f3n de peque\u00f1os tesoros (recuerdos) no caigan en el olvido; en &#8220;ese olvido que seremos&#8221;, como dice H\u00e9ctor Abad en el precioso libro en el cual homenajea a su padre, asesinado en Colombia. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Insiste Fonso en que &#8216;Tocan las campanas a concejo&#8217; no es la historia &#8216;de&#8217; Ria\u00f1o, sino una historia inspirada &#8216;en&#8217; Ria\u00f1o. \u00c9l sabe bien que ambas cosas se solapan en sus p\u00e1ginas hasta fundirse la una con la otra en muchos aspectos, no en todos, pero est\u00e1 bien que deje claro este aspecto para sentirse libre de contar y, tambi\u00e9n, de elucubrar con pormenores delicados de los cuales nadie tiene hoy las pruebas fehacientes, pese a su certeza, y que por tanto es mejor dejar en el terreno de lo novelesco. Fonso no se instala en 1987, cuando las m\u00e1quinas entraron a saco a demoler Ria\u00f1o. Viaja a los or\u00edgenes del drama. A 1960. Cuando en pleno franquismo sobre un valle pr\u00f3spero, hermoso y feliz se cerni\u00f3 de repente la sombra del mal llamado progreso en forma de pantano. Con ese punto de partida, la novela avanza desde sus primeras p\u00e1ginas con un doble objetivo paralelo. Uno, desarrollar sin prisas la trama que nos tendr\u00e1 atrapados hasta el final. Esa que empieza con la misteriosa desaparici\u00f3n de Honorio. Pero que sirve de percha para, mientras nos mantiene en vilo, ir cont\u00e1ndonos con detalle c\u00f3mo era aquella vida del valle de Ria\u00f1o. Qui\u00e9n lo habitaba. Qu\u00e9 com\u00edan. C\u00f3mo atend\u00edan el ganado. Cu\u00e1les eran sus giros verbales. Sus camarader\u00edas. C\u00f3mo se relacionaban j\u00f3venes y viejos. C\u00f3mo era (y es) ese car\u00e1cter \u00e1spero de la alta monta\u00f1a. Qu\u00e9 aperos usaban en el campo. C\u00f3mo era aquel ocio de bar en bar. A qu\u00e9 jugaban los ni\u00f1os. Qu\u00e9 hab\u00eda en el puchero. C\u00f3mo eran las familias. Qu\u00e9 pasaba con el lobo y con el oso. El papel unificador del Concejo. Las rencillas. Las visiones opuestas de unos y otros sobre si sus vidas, en aquel contexto, eran maravillosas o miserables, o acaso un poco de ambas en los lejanos a\u00f1os cincuenta. Y, envolvi\u00e9ndolo todo, la naturaleza. La majestuosidad de los picos que rodeaban, y rodean, el valle. Los atractivos cambiantes de las estaciones. Con el verano resplandeciente, el invierno g\u00e9lido y nevado, la oto\u00f1ada multicolor, el deshielo de la primavera con sus capilotes&#8230; <\/strong><\/p>\n<p><strong>El compendio es tal que podr\u00eda decirse que hay dos libros en uno. Uno, la trama. Una trama que se cocina a fuego lento, que nos impacientar\u00e1, pues le cuesta mucho avanzar. Y cuyo desenlace (del que evidentemente no podremos hablar aqu\u00ed) est\u00e1 resuelto con brillantez desde el punto de vista literario. Otro, los usos y costumbres de la vida del valle. Esos de los que, en el formato del nuevo pueblo, apenas queda nada y que por tanto corren serio riesgo de quedar relegados al olvido m\u00e1s absoluto. Sirve por tanto &#8216;Tocan las campanas a concejo&#8217; para documentar una \u00e9poca, para dejar un testimonio real, vivido en primera persona, de la cotidianeidad del Viejo Ria\u00f1o, de su etnograf\u00eda, de esa infinita sucesi\u00f3n de estampas rurales que no encajan en el Nuevo Ria\u00f1o; sin cuadras, sin tenadas, sin ganado, sin llares, sin aperos de labranza&#8230; Todo ha cambiado tanto que, aunque siga habiendo vacas en los valles colindantes, era una tarea imprescindible retratar lo antiguo y, de esta manera, preservarlo.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8216;Tocan las campanas a concejo&#8217; es un libro imprescindible para esos adolescentes que han nacido en un valle laminado por el agua. Les lleva de viaje por ese pasado que tienen ante s\u00ed. Pero que no conocieron. Les regala unas gafas de bucear, construidas artesanalmente por quien vivi\u00f3 bajo el agua, para hacer un singular viaje en el tiempo y les cuenta aquella realidad sin intermediarios. Dentro de cincuenta a\u00f1os, cuando no haya Fonsos haciendo presas en el r\u00edo, faltar\u00e1n testigos directos de todo aquello. No habr\u00e1 a qui\u00e9n preguntar. Pero gracias a esta obra, dir\u00eda que imprescindible (no conoces otras similares, acaso el voluminoso &#8216;Ria\u00f1o Vivo&#8217; y un libro amarillo sobre la Tierra de la Reina), quedar\u00e1n cuando menos testimonios fidedignos de aquel Viejo Ria\u00f1o que cuantos lo disfrutamos llevamos grabado a fuego en nuestro ADN. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/cochoneta-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-11785\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/cochoneta-2-135x300.jpg\" alt=\"\" width=\"135\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/cochoneta-2-135x300.jpg 135w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/cochoneta-2-768x1707.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/cochoneta-2-461x1024.jpg 461w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2021\/09\/cochoneta-2.jpg 900w\" sizes=\"(max-width: 135px) 100vw, 135px\" \/><\/a>Solo queda felicitar a quien ha dejado para todos esta semilla tan valiosa. No resulta dif\u00edcil imaginar las horas, los sufrimientos, los desgarros, las dudas de este traum\u00e1tico encuentro con un pasado tan \u00edntimo. El resultado es notable. Tanto en el texto como en las preciosas ilustraciones de M\u00f3nica Conde que acompa\u00f1an el relato en unos casos mostrando escenas de la trama y en otras, simplemente, la arrebatadora belleza del valle. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Catorce d\u00edas despu\u00e9s de empezar a leer en voz alta &#8216;Tocan las campanas a concejo&#8217;,\u00a0 aprovechando que vas de copiloto en el coche, es oportuno terminarlo en una pl\u00e1cida jornada de r\u00edo, tumbado en una colchoneta frenada por el muro de piedras que hace de dique, sobre esas cristalinas aguas s\u00edmbolo de riqueza, belleza y tragedia a un tiempo.\u00a0<\/strong><strong>El verano agoniza. No tardar\u00e1 en empezar la berrea. Amagan ya con caer las primeras hojas de los \u00e1rboles. La corriente enseguida cobrar\u00e1 fuerza y derribar\u00e1, un a\u00f1o m\u00e1s, la peque\u00f1a presa artesanal. Cuando apuras la \u00faltima p\u00e1gina dejas reposar el libro sobre el pecho y ejercitas la respiraci\u00f3n, intentando transmitir una orden de sosiego desde el cerebro, para que no se quiebre su ritmo natural. El sonido del r\u00edo ayuda al prop\u00f3sito, siempre dubitativo, de dejar circular los recuerdos. Pero lo cierto es que siempre est\u00e1n ah\u00ed.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Compartes con Fonso una singular afici\u00f3n. Cada verano, en la primera visita al r\u00edo, ambos construimos una presa. Hacemos un muro de piedra un tanto distanciado del pozo con un par de funciones pr\u00e1cticas: darle m\u00e1s profundidad a la zona de ba\u00f1os y proteger, acaso, a los cr\u00edos de ser llevados por la corriente. El [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9,13],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11781"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11781"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11781\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11795,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11781\/revisions\/11795"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11781"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11781"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11781"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}