{"id":11917,"date":"2022-06-24T18:12:10","date_gmt":"2022-06-24T16:12:10","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=11917"},"modified":"2022-06-24T18:12:10","modified_gmt":"2022-06-24T16:12:10","slug":"la-centolleria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2022\/06\/24\/la-centolleria\/","title":{"rendered":"La Centoller\u00eda"},"content":{"rendered":"<p class=\"voc-paragraph\"><strong>Cuando despert\u00f3, el centollo todav\u00eda estaba all\u00ed\u00bb. Esta adaptaci\u00f3n gijonesa del cuento m\u00e1s corto de la historia, aquel que dedic\u00f3 el guatemalteco Augusto Monterroso a un dinosaurio, aflora al repasar las im\u00e1genes del cierre de Casa Zarracina, consumado el domingo. En cuesti\u00f3n de d\u00edas, Rafaela y Segundo Riesgo, sus due\u00f1os, estar\u00e1n ya en Canarias con los nietos mientras los aut\u00f3ctonos aficionados a sus mariscos pasar\u00e1n por la calle Ventura \u00c1lvarez Sala y comprobar\u00e1n en su escueto escaparate que ni el centollo ni los oricios (no es temporada) est\u00e1n a\u00fan all\u00ed. Esta semana nos hemos quedado sin otro aroma de la ciudad; ese que destilaba Casa Zarracina con los efluvios de la extraordinaria Sidra Coro y los aromas de centollos, oricios y rollos de bonito. El lugar respiraba tradici\u00f3n, edad, tipismo. Segundo y Rafaela, y en sus tiempos el entra\u00f1able Rogelio, pon\u00edan el buen hacer. Y la calma. El tempo de Casa Zarracina era \u00fanico en su especie. Y, como tantas cosas, en este caso por merecida jubilaci\u00f3n, nos hemos quedado sin \u00e9l.<\/strong><\/p>\n<p class=\"voc-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-11919\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-1024x461.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"461\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-1024x461.jpeg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-300x135.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-768x346.jpeg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO.jpeg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a>\u00abLo mejor de Gij\u00f3n ye lo que quiten\u00bb. La frase de Teodora de Blas (Dora la del Chita), vendedora durante medio siglo de la a\u00f1orada Pescader\u00eda Municipal, cerrada en 1991 para convertirla en lujoso &#8216;pagamultas&#8217;, encuentra en cada cual ejemplos dispares. Este cil\u00farnigo no se recuper\u00f3 nunca del cierre del Escocia, pub de cabecera de varias generaciones de gijoneses. Nunca encontr\u00f3 nada parecido. Le siguieron el Caracol, el viejo Varsovia (con el desmelene del piso de abajo y los amaneceres frente a San Lorenzo), el Kitsch de Luis\u00f3n, el simp\u00e1tico Chamber\u00ed, am\u00e9n del Tik, Jard\u00edn, Oasis&#8230; La lista de pubs es alargada; la de restaurantes quiz\u00e1 no tanto. Pero lo cierto es que las novedades interesantes llegan con cuentagotas, en versiones adem\u00e1s &#8216;sofisticadas&#8217;. La cosa parece ir al menguante ritmo de la poblaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p class=\"voc-paragraph\"><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-2.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-large wp-image-11920\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-2-1024x461.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"461\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-2-1024x461.jpeg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-2-300x135.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-2-768x346.jpeg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/06\/CENTO-2.jpeg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a>Si uno contempla el edificio de Casa Zarracina, bajo y dos plantas, ahora en venta, puede iluminar una idea que solo requerir\u00eda (peque\u00f1o detalle) un emprendedor sobrado de euros para transformar sus tres pisos en un nuevo restaurante que marcara una \u00e9poca. Podr\u00eda llamarse La Centoller\u00eda y tener en cada una de sus plantas una gran pecera repleta de nuestros deliciosos &#8216;maja squinados&#8217;, con adornos marineros en las paredes y sidra asgaya. \u00abEs una pena este cierre porque no hay tantos sitios para tomar un centollo\u00bb, dec\u00eda a EL COMERCIO un habitual de Casa Zarracina. Faltaba a\u00f1adir quiz\u00e1 \u00abtantos sitios tan agradables como&#8230;\u00bb. Pero s\u00ed. No hay tantos. Si alguien que lea estas l\u00edneas no acaba de alumbrar una idea que se integre al instante en nuestros usos y costumbres cil\u00farnigos, aqu\u00ed la tiene: La Centoller\u00eda. \u00bfSe anima?<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Publicado en EL COMERCIO\u00a0 el jueves 23 de junio de 2022)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando despert\u00f3, el centollo todav\u00eda estaba all\u00ed\u00bb. Esta adaptaci\u00f3n gijonesa del cuento m\u00e1s corto de la historia, aquel que dedic\u00f3 el guatemalteco Augusto Monterroso a un dinosaurio, aflora al repasar las im\u00e1genes del cierre de Casa Zarracina, consumado el domingo. 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