{"id":12145,"date":"2022-08-30T18:15:06","date_gmt":"2022-08-30T16:15:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=12145"},"modified":"2022-08-30T18:15:06","modified_gmt":"2022-08-30T16:15:06","slug":"sapos-del-amor-hermoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2022\/08\/30\/sapos-del-amor-hermoso\/","title":{"rendered":"Sapos del amor hermoso"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuando el matrimonio estren\u00f3 su nueva casa, ella ech\u00f3 algo en falta: &#8220;Aqu\u00ed no hay sapos&#8221;, le dijo a su marido. Ten\u00edan la casa de sus sue\u00f1os. Un caser\u00edo vasco bien forrado de piedra y maderas nobles, una gran pradera alrededor y unos hijos ya criados que solo ir\u00edan de visita, pese a lo cual reservaron una habitaci\u00f3n para cada uno. Todo era perfecto, en un paraje relajado, campestre y, para m\u00e1s inri, a tiro de piedra de la gran ciudad. Pero no hab\u00eda sapos, advirti\u00f3. Llegado el verano, ella insisti\u00f3. Mientras los hijos andaban a lo suyo, en el r\u00edo, en el monte, en las fiestas, en la Monta\u00f1a de Ria\u00f1o, en Le\u00f3n, ambos se dedicaron, por insistencia femenina, a cazar sapos. Eran ya m\u00e1s o menos sexagenarios. Pero eso daba exactamente igual. Llegada la tarde noche, al calor del asfalto, paraban el coche aqu\u00ed y all\u00e1, sal\u00edan a por sus presas y les lanzaban un trapo para atraparla sin remilgos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>As\u00ed fueron acumulando sapos en un bid\u00f3n. Pero claro, el verano no hab\u00eda llegado a su t\u00e9rmino y los honorables batracios necesitaban comer mientras aguardaban su nuevo destino. Eran varias decenas, quiz\u00e1 sesenta y el matrimonio, aficionado al campo, pas\u00f3 a ponerse como prioridad nuevos deberes: buscar alimento para sus singulares inquilinos. Entonces dio comienzo la segunda fase del operativo. De nuevo viajes en coche aqu\u00ed y all\u00e1, pero esta vez no ce\u00f1idos al asfalto, sino con incursiones en amplias praderas donde fueron cazando insectos, en especial saltamontes. Con el tiempo descubrieron que el noble sapo leon\u00e9s prefer\u00eda el insecto vivo al muerto, acaso fuera un bocado m\u00e1s fresco. As\u00ed termin\u00f3 aquel inolvidable verano. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/08\/800px-Bufo_bufo_03.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-12148\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/08\/800px-Bufo_bufo_03.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"533\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/08\/800px-Bufo_bufo_03.jpg 800w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/08\/800px-Bufo_bufo_03-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2022\/08\/800px-Bufo_bufo_03-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a>La suelta del sapo en tierras vascas dio frutos y hoy, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de aquella peripecia repobladora, la instigadora de la idea, ya viuda, se solaza cuando contempla rondando su caser\u00edo un par de batracios en animada charla. Seg\u00fan recuerda satisfecha, sus labores son m\u00faltiples. La principal, degustar un centenar de insectos cada noche. O sea, frenan plagas, protegen huertas, como la suya, y reducen el n\u00famero de picaduras de mosquitos al humano. Y adem\u00e1s de todo eso, cantan. Su croar, llegadas las noches de verano, con una ventana abierta a los aromas del campo, puede resultar, sin duda, una m\u00fasica mucho m\u00e1s agradable que cualquier tost\u00f3n que est\u00e9n soltando por la televisi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuenta ella risue\u00f1a su peripecia con los sapos en una tarde que amenaza tormenta. Reinan en el ambiente unos extra\u00f1os treitantantos grados tamizados por el velo de nubes amenazantes. Solo es cuesti\u00f3n de tiempo. As\u00ed ser\u00e1. Pasados unos minutos, cuando la historia de sus sapos importados de tierras leonesas impregna el ambiente, el cielo lanza estruendos amenazadores y unas primeras gotas hacen aparici\u00f3n. Son gruesas como corresponde a la tormenta, se reciben con gusto y su impacto con la tierra, e incluso con el asfalto que rodea el caser\u00edo, desprende ese inconfundible olor que condensa en un mismo aroma lo h\u00famedo y lo seco. Un olor fugaz, pero penetrante y tremendamente bello en su singularidad, pues solo se produce en verano, solo tras per\u00edodos calientes a los que sigue, repentinamente, una descarga de agua celestial. <\/strong><\/p>\n<p><strong>La historia de los sapos se entrelaza entonces con la del verano que entra en su pr\u00f3rroga. Nuestra protagonista se ir\u00e1 ahora a la Monta\u00f1a de Ria\u00f1o a pasar unos pl\u00e1cidos d\u00edas. Pero lo har\u00e1 sola. Sin ese hombre que fue su vida y que la llevaba en coche por las tardes a vivir aventuras campestres como si de dos adolescentes se tratara. Sus nietos tienen ahora esa edad y le pone nerviosa el traj\u00edn de nocturnidades veraniegas. Como no conduce, no podr\u00e1 revivir historias pret\u00e9ritas guardadas ahora como un tesoro en su interior. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Surge un asunto paralelo en la tertulia, con hijos y amigos de hijos. &#8220;Esto es como cuando Ana Obreg\u00f3n declaraba hace poco que le daba mucha rabia pensar que cuando viv\u00eda su hijo no sab\u00eda que era feliz&#8221;.\u00a0<\/strong><strong>El ciclo de la vida y de la muerte tienen sus servidumbres. En el primero, en el cual estamos, hay que exprimir no ya los d\u00edas, sino las horas. Y si hay que salir a cazar sapos por la carretera, se sale. Y si hay que darles de comer, se les da. Y si hay que pintar un hermoso cuadro o restaurar un viejo bargue\u00f1o o salir a la huerta a coger unos pimientos de Guernica, se sale, aunque los truenos presagien chaparr\u00f3n. \u00bfSe puede ser feliz yendo, sexagenario, a cazar sapos? Por supuesto que s\u00ed. En ello est\u00e1 acaso la esencia de la vida. En la ilusi\u00f3n, en la aventura, en la diferencia, en el af\u00e1n de beber la vida a buenos tragos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando luego, desde su ventana, nuestra intr\u00e9pida cazadora escuche croar a su ej\u00e9rcito de sapos en las noches de soledad a buen seguro esbozar\u00e1 una mueca tan alegre como nost\u00e1lgica. Pues este placer, tan ex\u00f3tico como apegado a la tierra, no podr\u00e1 ya ser compartido con quien ella quisiera.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 180px;\">(Para Ana, una &#8216;ama&#8217; con mucho remango)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando el matrimonio estren\u00f3 su nueva casa, ella ech\u00f3 algo en falta: &#8220;Aqu\u00ed no hay sapos&#8221;, le dijo a su marido. Ten\u00edan la casa de sus sue\u00f1os. 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