{"id":1230,"date":"2011-08-19T10:10:40","date_gmt":"2011-08-19T09:10:40","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1230"},"modified":"2011-08-19T10:10:40","modified_gmt":"2011-08-19T09:10:40","slug":"el-valle-de-los-animales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/08\/19\/el-valle-de-los-animales\/","title":{"rendered":"El valle de los animales"},"content":{"rendered":"<p><strong>Amanezco muchos d\u00edas con un mismo sue\u00f1o resbalando por las s\u00e1banas. Camino solo por el monte, el valle se va estrechando, lo parte en dos un riachuelo. De repente, hay un repecho, una pendiente un tanto estrangulada. La subo. Se abre ante m\u00ed un gran valle, a gran altitud. Una gran pradera verde, salteada por alguna formaci\u00f3n arb\u00f3rea, alguna roca suelta y, al fondo, m\u00e1s arriba a\u00fan, un macizo de caliza presidiendo este rinc\u00f3n secreto. Me encaramo hasta un lateral del valle, desde donde puedo dominarlo todo sin ser visto. Ah\u00ed dormito tumbado en la <!--more-->hierba, parapetado por una roca que sobresale de las mismas entra\u00f1as de la tierra. Entonces me despierto, asomo la vista y \u00bfqu\u00e9 veo? Est\u00e1 todo lleno de animales: una piara de jabal\u00edes, tres osos jugando, algunas vacas, caballos, un grupo de venados, urogallos&#8230; Pacen ignor\u00e1ndose unos a otros, se cruzan, se miran, pero la sangre no llega al r\u00edo. Irrumpe un rinoceronte y yo, que iba ya a caminar entre ellos, como uno m\u00e1s, me agacho temeroso. \u00bfAtacar\u00e1? El aire helado de la alta monta\u00f1a me atraviesa el cuerpo. Soy el \u00fanico humano en todo mi campo visual y tengo la sensaci\u00f3n de estar asistiendo a un espect\u00e1culo privado, de haber obtenido un privilegio. Los bichos emiten leves sonidos, mastican la hierba, recorren peque\u00f1as distancias. Yo tambi\u00e9n me muevo poco a poco. El rinoceronte me est\u00e1 dando la espalda. Dos osos est\u00e1n patas arriba y la madre mantiene la mirada atenta. Ando entre unos y otros como un fantasma. Pero sudo. Eso es una prueba de que mi presencia no es gaseosa, ni tampoco estoy so\u00f1ando. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando mi\u00a0incursi\u00f3n entre el reino animal se hace rutinaria decido seguir la marcha. Empiezo a subir hacia la cumbre. En cualquier momento, pienso, pueden aparecer leones y no tendr\u00eda escapatoria. Miro a mi alrededor buscando \u00e1rboles a los que subirme o alguna construcci\u00f3n siquiera en ruinas que haya dejado olvidada el hombre por estos parajes. Veo poca cosa. Acaso un roble centenario con el tronco hueco, por donde podr\u00eda trepar. Pero si trepo yo, tambi\u00e9n trepar\u00e1 el le\u00f3n. Mis miedos se confirman. Entre unas zarzas diviso la cabeza de dos, o quiz\u00e1 tres. Ando con pies de plomo. Procuro no hacer ruido al pisar y seguir mi senda como si nada ocurriese, pero no puedo evitar mirar de reojo. All\u00ed siguen. Seguro que ya me han visto. Entonces&#8230; entonces doy una media vuelta en la cama y me reubico en la monta\u00f1a. Estoy un trecho adelante, dej\u00e9 la cima a la derecha y pas\u00e9 caminando hacia el siguiente valle. Confuso, dudo si volver a asomarme al reino animal que he dejado atr\u00e1s o poner pies en polvorosa y buscar la mal llamada civilizaci\u00f3n. Un tiempo despu\u00e9s, imposible definir cu\u00e1nto, entro en un pueblo fantasmal, con bellas cuadras y sujetos sentados en bancos viendo pasar la vida. Nadie habla, pero el mugido de una vaca y el sonido del cencerro le dan trazas de realidad a la situaci\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<p><strong>He tomado una habitaci\u00f3n en el pueblo. Est\u00e1 en un segundo piso y tiene un ventanuco junto a una peque\u00f1a puerta que sale a un corredor. El suelo es de madera y est\u00e1 notablemente inclinado. Tanto que si no te fijas tropiezas. Dudo si preguntar en el pueblo por el valle de los animales. O guard\u00e1rmelo para m\u00ed. O volver al d\u00eda siguiente. En la casa hay carne guisada para cenar. La salsa est\u00e1 avinagrada. El vino sabe a le\u00f1a vieja. Siguen sin hablar. Yo como como un jabato y me acuesto. Pienso en ducharme antes, pero no encuentro ning\u00fan ba\u00f1o en la casa, todo lo m\u00e1s un grifo en la parte de atr\u00e1s, en un callej\u00f3n, donde me lavo como puedo. Acostado, veo la luna asomar por el ventanuco del corredor. Por momentos pienso si no estar\u00e9 en un pueblo abandonado, o sumergido, entre \u00e1nimas. Pero la carne guisada era real y las s\u00e1banas, aunque \u00e1speras, me est\u00e1n dando un placer indescriptible. Escucho el rumor de un gallinero cercano. Cierro los ojos.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amanezco muchos d\u00edas con un mismo sue\u00f1o resbalando por las s\u00e1banas. Camino solo por el monte, el valle se va estrechando, lo parte en dos un riachuelo. De repente, hay un repecho, una pendiente un tanto estrangulada. La subo. Se abre ante m\u00ed un gran valle, a gran altitud. 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