{"id":1257,"date":"2011-08-26T09:45:13","date_gmt":"2011-08-26T08:45:13","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1257"},"modified":"2011-08-26T09:45:13","modified_gmt":"2011-08-26T08:45:13","slug":"el-valle-de-los-animales-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/08\/26\/el-valle-de-los-animales-iii\/","title":{"rendered":"El valle de los animales (III)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Aquella tarde alcanc\u00e9 un nuevo valle muy diferente al primero. Era peque\u00f1o, rodeado de monta\u00f1a y con un peque\u00f1o\u00a0riachuelo. Enfrente hab\u00eda otro monte superpuesto sobre el que circunvalaba todo mi campo visual y a un lado de \u00e9ste, un mont\u00edculo y una peque\u00f1a caba\u00f1a de pastores. Decid\u00ed hacer noche all\u00ed. Hab\u00eda atravesado un bosque de hayas, en una zona osera, donde pod\u00eda coger toda la madera que quisiese para hacer fuego. Desand\u00e9 mis pasos, at\u00e9 todo lo que entr\u00f3 en una lazada y\u00a0lo arrastr\u00e9 hasta\u00a0la caba\u00f1a. La puerta <!--more-->ten\u00eda un moj\u00f3n delante para protegerla de la embestida de cualquier animal. Al asomarme al valle hab\u00eda divisado seis venados a media ladera. Siguieron su rumbo sin apenas mirarme. Dentro, hab\u00eda una litera de cemento, una chimenea y una estanter\u00eda con tres botellas de vino. Dos estaban vac\u00edas y a la tercera le quedaba una cuarta. Una caja de cerillas, un mechero y un recipiente de pl\u00e1stico con una pastilla de jab\u00f3n usada completaban el ajuar. A un lado de la chimenea encontr\u00e9 tambi\u00e9n un taburete y en el alf\u00e9izar de la peque\u00f1a ventana, un plato, un cuchillo y un tenedor. Todo ten\u00eda un sentido pr\u00e1ctico, como los cuatro maderos y las escobas protegidos de la lluvia en un rinc\u00f3n del habit\u00e1culo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Al anochecer, encend\u00ed el fuego, ensart\u00e9 dos longanizas en sendos palos y las coloqu\u00e9 a una altura suficiente como para que se hicieran sin quemarse. Con un poco de pan duro y un trago de vino me di por cenado. Sal\u00ed afuera a otear la noche. Hab\u00eda Luna Llena y algunos \u00e1rboles incluso daban sombra. La temperatura rondaba los 14 grados, pero enseguida bajar\u00eda mucho m\u00e1s. De repente, por el lecho del valle, pas\u00f3 corriendo una sombra. Un zorro tal vez. Luego escuch\u00e9 un quejido breve, lastimero, imprevisto; quiz\u00e1 una jineta o una comadreja sorprendida por el raposo. Para la v\u00edctima, todo hab\u00eda acabado aquella noche luminosa; para el verdugo hab\u00eda alimento suficiente para vivir un d\u00eda m\u00e1s. Yo no era m\u00e1s que un intruso inmerso en el reino animal, un intruso que pod\u00eda alcanzar la supervivencia determinado n\u00famero de d\u00edas o sucumbir en el momento menos previsto. Todo depend\u00eda del camino que t\u00fa tomaras y el que tomaran los depredadores, de la coincidencia de unos y otros, del hambre y las fuerzas de cada cual; de la suerte tambi\u00e9n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>En esas condiciones, en aquella noche, el mero hecho de respirar se convert\u00eda en una fuente de placer, de relax absoluto. Aspirar el aire puro por la nariz, las fragancias de la hierba, del tomillo y del brezo; y sacarlo lentamente por la boca supon\u00eda alcanzar un peque\u00f1o \u00e9xtasis. Lejos de la civilizaci\u00f3n, todos los \u00f3rganos del cuerpo funcionaban de una manera natural, menos forzada. La mente iba de ac\u00e1 para all\u00e1, con el circuito nervioso a\u00fan alterado por el pasado reciente, pero adentrado ya en una fase de enfriamiento progresivo. El silencio era\u00a0total, apenas quebrado por el canto de los grillos o el aletear de los murci\u00e9lagos. Nada m\u00e1s. Ser\u00edan las diez cuando me retir\u00e9 a dormir. \u00bfMe atacar\u00eda de nuevo el rinoceronte? \u00bfSo\u00f1ar\u00eda nuevos peligros? Extend\u00ed el saco de dormir tras colocar unas escobas a modo de colch\u00f3n, me met\u00ed dentro y mir\u00e9 fijamente al fuego, que a\u00fan crepitaba. Aquella luz amarilla y azulada me fue transportando, poco a poco, a lugares totalmente desconocidos hasta entonces.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>a<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9,11],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1257"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1257"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1257\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1257"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1257"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1257"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}