{"id":1415,"date":"2011-09-23T00:42:25","date_gmt":"2011-09-22T23:42:25","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1415"},"modified":"2011-09-23T00:42:25","modified_gmt":"2011-09-22T23:42:25","slug":"greystoke-en-arroes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/09\/23\/greystoke-en-arroes\/","title":{"rendered":"Greystoke en Arroes"},"content":{"rendered":"<p><strong>En plenas fechas de berrea, con unas peque\u00f1as vacaciones en el bolsillo, decido recluirme cinco d\u00edas en el terru\u00f1o de Arroes, hacerme due\u00f1o y se\u00f1or de los \u00e1rboles, rugir por la noche, comer manzanas por el d\u00eda y dejarme crecer el pelo y las u\u00f1as. La muyer, claro est\u00e1, recibe la idea con espanto, pero suelta carrete hasta que caiga del guindo. As\u00ed que el lunes tiro pa Arroes con lo puesto, una minimochila con dos camisetas m\u00e1s y\u00a0un par de vituallas. Llego por la tarde, siego e inicio la terapia rural: cuelgo la tumbona de un \u00e1rbol y leo, pl\u00e1cido, mientras me balanceo. Un agradable <!--more-->resolillo colma mis expectativas. Esa primera noche me recluyo en el llam\u00e9mosle choco con un sandwich y una pel\u00edcula\u00a0tipo Conan, leo otro poco y a dormir. La ma\u00f1ana del martes empieza bien. A las 8.30 miro por las ventanas, algo empa\u00f1adas por la pelona nocturna, y \u00bfqu\u00e9 veo en medio del prau? Pues dos corzos caminando sigilosos hacia m\u00ed: uno se queda a diez\u00a0metros, otro se aproxima a\u00fan m\u00e1s. Cojo la\u00a0c\u00e1mara y los inmortalizo, aunque el vaho\u00a0entorpece la imagen. Los corzos caminan un poco\u00a0m\u00e1s, dan media vuelta y se van. Vuelvo a la cama y me duermo de nuevo. Despierto y dudo\u00a0si los corzos eran reales, pero ah\u00ed est\u00e1 la c\u00e1mara para demostrarlo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El martes socializo m\u00e1s de lo previsto para ser un tarz\u00e1n de los monos recluido en su selva. Se presenta a comer mi hermano peque\u00f1o y preparo un arroz con calabac\u00edn y pimientos, ambos de la huerta. Le tiro un par de huevos encima y le salpico chumi-churri; sale rico y la ensalada de lechuga,\u00a0tambi\u00e9n\u00a0de la huerta, completa el men\u00fa silvestre. De postre, pera conferencia\u00a0(en rama). Finalizado el almuerzo, Greystoke vuelve a sus \u00e1rboles, a sus siegas, a su hamaca. Y de noche llega la esposa, que tiene festivo el mi\u00e9rcoles. As\u00ed que hacemos una cena rica\u00a0con sus\u00a0provisiones y vemos &#8216;Espa\u00f1oles por el Mundo&#8217;, con una interesante Noruega y una\u00a0insulsa Jamaica. Para un gijon\u00e9s con s\u00edndrome solar, resulta fundamental tener un cielo con trozos azules siquiera. El lunes y el martes hubo suerte. Pero el mi\u00e9rcoles sale rana. Gris platino, por no decir \u00f1egro. As\u00ed que decido romper la reclusi\u00f3n pero sin salir del condado de Villaviciosa. Una paella en Tazones y unos paseos por Rodiles dan aire a la jornada. Vuelvo a quedar solo y me espanzurro en el banco para ver el Valencia\/Bar\u00e7a. Luego leo hasta las dos de la madrugada y me acuesto en medio de la naturaleza entre sonidos de grillos, perros y pajarracos. Antes de dormir abro la ventana y les replico con un desgarrador grito arroano para que sepan qui\u00e9n manda en esta tundra.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El jueves, cuarto d\u00eda de asilvestramiento a tiempo parcial, amanezco con un cielo netamente negro, tirando a tonos carb\u00f3n. Abro las ventanas y vuelvo a la cama para acabar un fascinante libro de aventuras. Luego salgo al prao a recoger avellanas. Las nubes se ensa\u00f1an conmigo y comienza a llover. Yo, ni caso, sigo cogiendo avellanas. Sin embargo, mi mente empieza a conspirar: &#8220;Hay que salir de aqu\u00ed cagando hostias&#8221;. Llamo a un amigo y lo pillo en Cabue\u00f1es esperando a que su mujer acabe unas gestiones hospitalarias. &#8220;Si no estoy cuando salga me cuelga&#8221;, advierte. Pero le convenzo para que venga a buscarme, me deposite en el hogar gijon\u00e9s y vuelva al aparcamiento as\u00ed como quien no quiere la cosa. Lo hace. Greystoke abre la puerta de casa esperando una jaur\u00eda de primates haci\u00e9ndole burla por sus heroicos cuatro d\u00edas de aislamiento. La vida en el campo, piensa, requiere siquiera unas rodajas de cielo azul, unos trocinos de nada que den aliento al esp\u00edritu. Pero esa negritud ten\u00eda que estar fuera de la ley. Deseoso de horizonte, deja las cosas, se ducha, respira la limpieza del hogar y tira raudo pal Muro de San Lorenzo para pasear por la orilla de la playa, donde no llueve, ni la atm\u00f3sfera est\u00e1 tan cargada. Corre una fresca brisa mientras las olas remojan los pies. No hay ni Blas. Tan solo una pandilla de monos que bajan del reloj de la Escalerona y se suben a grandes saltos a\u00a0mis hombros y mi cabeza ri\u00e9ndose de la\u00a0precaria capacidad de aguante del Greystoke gijon\u00e9s.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En plenas fechas de berrea, con unas peque\u00f1as vacaciones en el bolsillo, decido recluirme cinco d\u00edas en el terru\u00f1o de Arroes, hacerme due\u00f1o y se\u00f1or de los \u00e1rboles, rugir por la noche, comer manzanas por el d\u00eda y dejarme crecer el pelo y las u\u00f1as. 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