{"id":1419,"date":"2011-09-26T08:58:13","date_gmt":"2011-09-26T07:58:13","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1419"},"modified":"2011-09-26T08:58:13","modified_gmt":"2011-09-26T07:58:13","slug":"atrapados-en-el-hielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/09\/26\/atrapados-en-el-hielo\/","title":{"rendered":"Atrapados en el hielo"},"content":{"rendered":"<p><strong>La realidad, dicen, supera la ficci\u00f3n. Una buena biograf\u00eda, una gran aventura bien narrada dejan arrinconada la mejor novela. Acabo de leer &#8216;Atapados en el hielo&#8217;, de Caroline Alexander. Cuenta la expedici\u00f3n a la Ant\u00e1rtida\u00a0comandada por Ernest Shackleton en 1914 que empez\u00f3 como una romer\u00eda en Pe\u00f3n y acab\u00f3, 500 y pico d\u00edas despu\u00e9s, con un desenlace absolutamente incre\u00edble. Me apetece contar el final, pero me contendr\u00e9 para no fastidiar a quien se anime. S\u00f3lo dir\u00e9 c\u00f3mo arranca. Shackleton quiere una gesta y, tomando como base los resultados de expediciones anteriores, se propone atravesar la Ant\u00e1rtida a pie. Pero claro para eso hay que llegar a tierra\u00a0firme, una condici\u00f3n previa que no logra. Su barco queda atrapado en el hielo, entre grandes bloques en movimiento, y ni palante ni patr\u00e1s. Va <!--more-->a la deriva con los t\u00e9mpanos, a veces en la direcci\u00f3n que le interesa y a veces en la contraria. El caso es que 28 tipos tienen que organizar su vida, su rutina, su alimentaci\u00f3n y, sobre todo, su fr\u00edo aterrador (-20, -30, -40 grados)\u00a0en una planificaci\u00f3n que no saben si ser\u00e1 para una semana, un mes, un a\u00f1o, dos a\u00f1os&#8230; Cada decisi\u00f3n es clave. Resultan esenciales factores tales como disciplina, compa\u00f1erismo, ejemplo, correa de transmisi\u00f3n del \u00e1nimo de unos a otros. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Esta historia, aderezada con fotos en blanco y negro, tiene dif\u00edcil superaci\u00f3n. Muestra c\u00f3mo los lazos que se crean en situaciones extremas rebasan con creces cualquier experiencia postrera y dejan marcados de por vida a quienes las padecen. Tambi\u00e9n un cierto masoquismo. Algo as\u00ed, para quien tenga la experiencia, como cuando te metes en el r\u00edo en mayo y, pese a quedarte la piel totalmente insensible, nada m\u00e1s salir del agua el cuerpo te pide entrar de nuevo otro instante. Tal parece que las grandes sensaciones, las situaciones l\u00edmite sean adictivas y la rutina posterior a ellas no le d\u00e9 a uno el razonable gusto de simplemente estar bien, de acomodarse a unos h\u00e1bitos de andar por casa, sean los que sean. Le pas\u00f3 a los soldados que fueron a Vietnam, por ejemplo. Despu\u00e9s, no encajaban en ninguna parte; ni siquiera con los consejos del coronel Truman. Aqu\u00ed hay algo de eso. Pero antes, mucho antes de llegar a esa iron\u00eda, o a esa fatalidad, hay un periplo vital que rebasa con creces las dimensiones en las que se mueve un humano a lo largo de su vida. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Mientras los 28 de Shackleton luchaban por la vida entre el hielo, sus compatriotas luchaban por la vida en la Primera Guerra Mundial. Qu\u00e9 poco edificante alternativa la de 1914: tiro al nazi o ping\u00fcino frito a todas horas con los pies helados. Hoy pacemos en grandes urbes a temperaturas templadas, pero nos fr\u00eden a impuestos, a cr\u00e9ditos, a llamadas de tel\u00e9fono\u00a0y a horarios perrunos. \u00bfMarchando una de ping\u00fcino?<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La realidad, dicen, supera la ficci\u00f3n. Una buena biograf\u00eda, una gran aventura bien narrada dejan arrinconada la mejor novela. Acabo de leer &#8216;Atapados en el hielo&#8217;, de Caroline Alexander. 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