{"id":1475,"date":"2012-02-03T09:43:40","date_gmt":"2012-02-03T09:43:40","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1475"},"modified":"2012-02-03T09:43:40","modified_gmt":"2012-02-03T09:43:40","slug":"el-paseante-del-muro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/02\/03\/el-paseante-del-muro\/","title":{"rendered":"El Paseante del Muro"},"content":{"rendered":"<p><strong>Hoy est\u00e1 fr\u00edo para pasear por el Muro. Unos 5 grados. Sin embargo, llevo dos d\u00edas sin ir. Eso supone una falta de\u00a0mar en la sangre que, como si de gl\u00f3bulos rojos se tratase, puede llegar a convertirse en todo un peligro. Ya lo dec\u00eda Ernesto Salanova, aquel abogado y literato gijon\u00e9s que tan bien escrib\u00eda en EL COMERCIO. Contaba Salanova en un art\u00edculo sobre nuestra playa que los gijoneses nos asomamos a ella con gran fidelidad para satisfacer una necesidad corporal, pues la playa\/el Muro est\u00e1n inscritos a fuego en nuestro ADN. Voy a ir al Alimerka a comprar un pescad\u00edn, dejar\u00e9 la mesa puesta (hoy viene la esposa a comer) y bajar\u00e9 a San Lorenzo. A respirar aire g\u00e9lido, a contemplar el mar, seguro que tan fr\u00edo como tranquilo, a estirar las piernas. Qu\u00e9 placer m\u00e1s rutinario.<\/strong><\/p>\n<p><strong><!--more-->Si tengo tiempo suficiente llegar\u00e9 hasta San Pedro y luego hasta la Lloca y luego para casa. En ese trayecto, al filo de la una de la tarde, me cruzar\u00e9 con el Paseante del Muro con may\u00fasculas, con Jos\u00e9 D\u00edez Faixat, arquitecto, pensador, fil\u00f3sofo, escritor, de grandes barbas y mente ancha, que camina a grandes zancadas, lade\u00e1ndose como un barco viejo. Cuando nuestros \u00e1ngulos visuales lo permitan, nos saludaremos con la mano y cada uno seguir\u00e1 su camino. Tengo un pacto con Jos\u00e9, el Paseante del Muro. Nos saludamos, pero no\u00a0detenemos el paso para charlar. \u00c9l es t\u00edmido y su pasi\u00f3n es salir al Muro para disfrutar de la contemplaci\u00f3n, pero cada vez le para m\u00e1s gente y eso en el fondo le fastidia. As\u00ed que cuando le entrevist\u00e9 para EL COMERCIO, vino a lamentarse de la p\u00e9rdida de su maravilloso anonimato. Entonces\u00a0le concret\u00e9 mi oferta. No te preocupes. A partir de ahora nos saludamos sin m\u00e1s. No hace falta hablar. \u00c9l asinti\u00f3 satisfecho.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Paseante del Muro se sent\u00eda en la necesidad de hacer la entrevista porque acababa de publicar un libro, &#8216;Siendo nada soy todo&#8217;, y necesitaba un poco de promoci\u00f3n para que la editorial no se lo comiera con patatas. Yo lo le\u00ed apasionadamente durante varias noches y le entrevist\u00e9 por tel\u00e9fono por comodidad de ambos. Luego quedamos en la Escalerona para conocernos y finalmente sali\u00f3 publicada la entrevista bajo el t\u00edtulo: &#8220;Hay una joya brutal en nosotros mismos y andamos buscando cosas por ah\u00ed que son calderilla&#8221;. Este asceta que fue insumiso y preso, vivi\u00f3 en una comuna y se dedic\u00f3 luego al pensamiento oriental bajo el paraguas del hogar materno me impresion\u00f3. Sus teor\u00edas contra el materialismo y la individualidad del hombre, contra la ambici\u00f3n por la ambici\u00f3n, me parecieron muy acertadas. El Paseante del Muro recorre el Muro dos veces al d\u00eda, una por la ma\u00f1ana y otra por la tarde. Consitituye su mayor felicidad. Su karma diario. Yo en esto me considero su &#8216;alumno&#8217;. En el Muro no hay facturas, ni problemas, ni llamadas inc\u00f3modas. S\u00f3lo relajaci\u00f3n, mar, aire puro, olas, una playa de arena que viene y se va. Y un saludo c\u00f3mplice a su paseante m\u00e1s universal.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy est\u00e1 fr\u00edo para pasear por el Muro. Unos 5 grados. Sin embargo, llevo dos d\u00edas sin ir. Eso supone una falta de\u00a0mar en la sangre que, como si de gl\u00f3bulos rojos se tratase, puede llegar a convertirse en todo un peligro. 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