{"id":1483,"date":"2011-10-05T00:42:18","date_gmt":"2011-10-04T23:42:18","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1483"},"modified":"2011-10-05T00:42:18","modified_gmt":"2011-10-04T23:42:18","slug":"indios-y-vaqueros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/10\/05\/indios-y-vaqueros\/","title":{"rendered":"Indios y vaqueros"},"content":{"rendered":"<p><strong>El primer juguete de mi memoria fue un &#8216;yipi&#8217;. As\u00ed llamaba a unos peque\u00f1os Land Rover de pl\u00e1stico que costaban 5 pesetas. Cada domingo, con la paga, bajaba al quiosco y compraba un &#8216;yipi&#8217;. Cabez\u00f3n como era, repet\u00eda la mec\u00e1nica domingo tras domingo, sin variar la compra, hasta que me hice con todo un parque m\u00f3vil de &#8216;yipis&#8217;. Despu\u00e9s lleg\u00f3 el cami\u00f3n, tambi\u00e9n de pl\u00e1stico, pero de talla grande. Eso ya eran palabras mayores y s\u00f3lo renovaba el cami\u00f3n en el\u00a0cumplea\u00f1os y en reyes. Le ataba una cuerda y, en los veraneos en Ria\u00f1o (Le\u00f3n), lo cargaba\u00a0de piedras y circulaba con \u00e9l por las calles como quien se acompa\u00f1a de su perro. S\u00f3lo que al subir una acera o realizar una maniobra peligrosa el cami\u00f3n volcaba, el cargamento ca\u00eda y mis cagamentos resonaban en todo el pueblo para gran satisfacci\u00f3n de mi padre, a quien le divert\u00eda mucho o\u00edrme jurar.<\/strong><\/p>\n<p><strong><!--more-->De aquella primera infancia pas\u00e9 a juegos colectivos con mi hermano mayor. El primero, indios y vaqueros. Segu\u00edamos en la versi\u00f3n de pl\u00e1stico, invirtiendo nuestras pagas en el quiosco de debajo de casa. \u00c9l compraba vaqueros y yo, indios. Nuestros ej\u00e9rcitos ascend\u00edan a una treintena de efectivos cada uno. Los despleg\u00e1bamos por la sala de estar, en estanter\u00edas, rincones, sobre la tele, en el alf\u00e9izar de la ventana&#8230; Y comenzaba la batalla. \u00c9l dec\u00eda bang bang, te met\u00e9 ese. Yo replicaba fliaks fliaks, o sea un flechazo, con mi apostilla: te mat\u00e9 aquel. En un momento dado, se destaba el conflicto. No me lo mataste, desde ah\u00ed no me puedes dar. La cosa acababa como una romer\u00eda en Pe\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La canica vino a resolver aquellos problemas de punter\u00eda visual. Cambiamos indios y vaqueros por aut\u00e9nticos ej\u00e9rcitos de microsoldados. Ven\u00edan en un sobre-sorpresa unidos a una barra de pl\u00e1stico por su cabeza y hab\u00eda que ir quit\u00e1ndolos de uno en uno. Aquellas guerras duraban una ma\u00f1ana entera. Yo colocaba mi ej\u00e9rcito a un lado del pasillo y \u00e9l al otro, protegidos los soldados con algunas piezas sueltas del Exin Castillos. Entonces uno lanzaba su canica; luego el otro y as\u00ed hasta que, dos horas despu\u00e9s, tras paradas para retirar muertos, a uno le quedaban cinco y a otro dos. Entre los finalistas siempre hab\u00eda soldados tumbados a los que era casi imposible dar la vuelta con la canica. Les acababas cogiendo un odio terror\u00edfico.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando crecimos otro poco las guerras pasaron a ser personales. El primer formato era hacer acopio de juguetes u objetos arrojables y parapetarnos a ambos lados del sof\u00e1 de la sala de estar. Entonces comenzaba la batalla. A juguetazo limpio. El segundo formato fue el boxeo. En calzones, a hostia limpia. \u00c9l, dos a\u00f1os mayor, ganaba siempre. Pero cuando me ten\u00eda hecho un siete en el suelo dec\u00eda: &#8220;Ahora te voy a hacer una inmovilizaci\u00f3n&#8221;. Hab\u00eda comprado un libro de yudo y estaba en fase de aprendizaje. Curiosamente la llave daba lugar a mi liberaci\u00f3n inmediata e incluso a que quedase yo encima.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pasaron los a\u00f1os. El duelo f\u00edsico dej\u00f3 paso al intelectual, que muchas veces acab\u00f3 de nuevo en el f\u00edsico. Mi padre nos ense\u00f1\u00f3 a jugar al ajedrez. Mi hermano ten\u00eda 9 a\u00f1os y yo, 7. L\u00f3gicamente sol\u00eda perder. Pero hete aqu\u00ed que algunas veces mi defensa numantina acababa desquiciando a mi hermano y en un contrataque final le daba mate. En esas raras ocasiones, mi integridad se pon\u00eda en serio peligro. Nada m\u00e1s darle el mate, sal\u00eda corriendo al pasillo sabedor que era perseguido por un perdedor fuera de s\u00ed y al llegar al sal\u00f3n, con un horrible cosquilleo en la espalda, iniciaba una carrera giratoria a la mesa hasta ser apresado y molido a palos. Pese al riesgo, segu\u00edamos jugando. Con esa edad participamos en un torneo en Mercaplana y ganamos dos maravillosas copas. \u00c9l qued\u00f3 cuarto y yo quinto.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Entonces llegaron los juegos a cuatro bandas, a los que accedieron tambi\u00e9n mis hermanas. El Cluedo, Vida Salvaje, el Monopoly, el Quimicefa, el CineExin, el Autocross. Y los Geiperman, los Madelman, Big-Jim, etc, etc, etc&#8230; A\u00fan conservo, como un tesoro, un pu\u00f1ado de soldados de pl\u00e1stico de aqu\u00e9lla. En realidad, los tiene un sobrino, bajo serias amenazas de no perderlos. Cuando veo a los ni\u00f1os de hoy\u00a0con las maquinitas, hipnotizados a todas horas por una peque\u00f1a pantalla, no puedo m\u00e1s que apiadarme de ellos. \u00bfSabr\u00e1n que\u00a0a\u00fan se puede jugar a indios y vaqueros?<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primer juguete de mi memoria fue un &#8216;yipi&#8217;. As\u00ed llamaba a unos peque\u00f1os Land Rover de pl\u00e1stico que costaban 5 pesetas. Cada domingo, con la paga, bajaba al quiosco y compraba un &#8216;yipi&#8217;. Cabez\u00f3n como era, repet\u00eda la mec\u00e1nica domingo tras domingo, sin variar la compra, hasta que me hice con todo un parque [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[8],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1483"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1483"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1483\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1483"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1483"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1483"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}