{"id":1638,"date":"2011-11-14T01:15:37","date_gmt":"2011-11-14T00:15:37","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1638"},"modified":"2011-11-14T01:15:37","modified_gmt":"2011-11-14T00:15:37","slug":"cape-cod","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/11\/14\/cape-cod\/","title":{"rendered":"Cape Cod"},"content":{"rendered":"<p>(Quince d\u00edas en Nueva Inglaterra-USA) (1)<\/p>\n<p><strong>Ir a Cape Cod y que te pille la tormenta parece un buen\u00a0arranque de\u00a0una historia de terror. De Cape Cod ten\u00eda dos referencias hasta ahora. Una, la pel\u00edcula &#8216;El cabo del miedo&#8217;\u00a0de Robert de Niro, Nick Nolte y Jessica Lange. Otra, el libro de Norman Mailer &#8216;Los tipos duros no bailan&#8217;. Ambas interesantes. De la tercera tuve noticia en pleno vuelo Par\u00eds-Boston. Resulta que en internet hab\u00eda un dato\u00a0sobre las actividades previstas en Provincetown, el enclave final de este singular brazo de tierra,\u00a0para ese fin de semana: encuentro de bears and chubbis. O sea, en lenguaje <!--more-->gay, de osos y ositos (dicho en alusi\u00f3n a su aspecto f\u00edsico; no s\u00e9 si a m\u00e1s cosas). La cosa promet\u00eda. En un solo d\u00eda quiz\u00e1s viera osos de dos patas y ballenas, pues desde Provincetown salen barcos a diario para avistarlas, aunque entre octubre y noviembre se esfuman rumbo al Sur, con lo que parec\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil cruzarte por la calle con ingentes manadas de osos que toparte, en pleno oc\u00e9ano, con un cet\u00e1ceo. Todos estos ingredientes bailaban por mi mente el pasado viernes 28 de octubre. La previsi\u00f3n de tormenta se a\u00f1adi\u00f3 en plena autopista. Un luminoso la\u00a0anunciaba con grandes exclamaciones para el s\u00e1bado a las tres de la tarde. As\u00ed de preciso.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Tras hacer noche en mitad del cabo, en Hyannis, el s\u00e1bado de autos amaneci\u00f3 con el cielo quieto, preludio de la que se avecinaba. La tarde anterior ya se respiraba un aire g\u00e9lido en el puerto, con los barcos inamovibles, como fantasmas, en medio de un ambiente desolador. Las calles de este animado enclave\u00a0tur\u00edstico estaban casi desiertas. Para darle mayor singularidad al d\u00eda el hotel ofrec\u00eda su desayuno en torno a una piscina cubierta, rodeada de ventanales. Al cabo de una hora a toda velocidad para llegar al barco de las 9.30, el \u00fanico del d\u00eda, aparqu\u00e9 el coche de alquiler en el embarcadero de Provincetown pasado apenas un minuto de la hora fijada. Sin embargo, las prisas fueron est\u00e9riles. Con el anuncio de tormenta para las tres, toda la flota estaba ya amarrada. Es m\u00e1s, la campa\u00f1a para salir a ver ballenas iba a finalizar ese mismo d\u00eda y decidieron suspender la \u00faltima tentativa. En Boston, en cambio, la prolongaban todo el mes de noviembre, as\u00ed que podr\u00eda intentarlo unos d\u00edas m\u00e1s tarde. Ten\u00eda que conformarme, de momento, con osos y ositos yanquis de dos patas. Y all\u00ed estaban. La calle principal de Provincetown estaba tomada: en grupos, por parejas, con pantal\u00f3n corto, piernas como \u00f1oclas y pobladas barbas. De todo. El porcentaje femenino se reduc\u00eda apenas a mi compa\u00f1\u00eda y poquita cosa m\u00e1s. Hab\u00eda gran animaci\u00f3n, mucho bullicio al aire libre y en las tiendas, dos muebler\u00edas espectaculares, manifestantes con carteles, coches de polic\u00eda inmensos&#8230; Para divisarlo todo bien, es recomendable una gran torre p\u00e9trea, separada de primera l\u00ednea de mar, cuyo mirador permite\u00a0otear la grisura que conforman las cuatro largas calles alineadas frente al oc\u00e9ano, los caracter\u00edsticos faros y la sensaci\u00f3n de estar en una punta de tierra a merced del mar. All\u00ed encallaron en el siglo XVII los primeros colonos brit\u00e1nicos y de sus peripecias da cuenta el museo situado bajo la gran torre que los homenajea.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pasada la una de la tarde comenzaron a caer unas gotas. Buen momento para refugiarse a comer y\u00a0presenciar la tormenta a cubierto. Un restaurante acristalado sobre el mar parec\u00eda una buena opci\u00f3n, m\u00e1xime al ser recibidos por una negra vestida de bruja y atendidos por un camarero disfrazado de Robin Hood. Pues adem\u00e1s de todo lo dicho, era Halloween. Y en las calles hab\u00eda m\u00e1s calabazas adornadas que personas, as\u00ed como cientos de maniqu\u00edes t\u00e9tricos, algunos con la cabeza reposando en la mano. O sea, terror (o diversi\u00f3n)\u00a0por los cuatro costados. Mientras me recreaba con una riqu\u00edsima crema de almejas y una anodina langosta, plato estrella adem\u00e1s de barato en toda la costa de Nueva Inglaterra, la lluvia se iba haciendo m\u00e1s presente, el viento soplaba con m\u00e1s fuerza y Robin Hood no perd\u00eda ocasi\u00f3n de tratar de\u00a0hacerse el\u00a0simp\u00e1tico. Nadie se amilanaba en el restaurante. Por dos veces, un camarero peg\u00f3 unas voces y todo el comedor cant\u00f3 el cumplea\u00f1os feliz a dos comensales, al parecer, algo muy americano. Y como adonde fueres haz lo que vieres, pues nada: cant\u00e9. &#8216;Happy birthday to you&#8230;&#8217;.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La tormenta perfecta, tan anunciada, se qued\u00f3 curiosamente en chaparr\u00f3n en Cape Cod. El recorrido por la carretera costera de vuelta a Hyannis ofrec\u00eda lluvia intensa, mar picado y viento. Muy aparente, pero nada m\u00e1s. En ning\u00fan momento sent\u00ed los m\u00fasculos de Robert de Niro agarrado a los bajos del coche de alquiler grit\u00e1ndome: &#8216;Foriaaaatu&#8217;. Ni vi rodar cabezas, como en &#8216;Los tipos duros&#8230;&#8217;. Lo peor, en esos momentos, estaba ocurriendo en toda la zona central de Nueva Inglaterra. Cay\u00f3 tal nevada que derrib\u00f3 cientos de \u00e1rboles vencidos por el peso de los copos y \u00e9stos a su vez se cargaron los tendidos el\u00e9ctricos de cientos de carreteras. En Massachusetts, New Hampsire y Vermont muchos pueblos y ciudades se quedaron sin luz, lo que acabar\u00eda por pasarme factura dos d\u00edas despu\u00e9s. Ese s\u00e1bado, sin embargo, rodando por el Cabo Cod, con el parabrisas a toda m\u00e1quina, yo me consideraba inmune al torment\u00f3n de bienvenida.<\/strong><\/p>\n<p>fe de erratas.-Tiempo despu\u00e9s de escribir este post descubres que Cape Cod no es el Cabo del Miedo de la pel\u00edcula, pero se le parece tanto que decides dejarlo as\u00ed. Con perd\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Quince d\u00edas en Nueva Inglaterra-USA) (1) Ir a Cape Cod y que te pille la tormenta parece un buen\u00a0arranque de\u00a0una historia de terror. De Cape Cod ten\u00eda dos referencias hasta ahora. 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