{"id":1661,"date":"2011-11-17T07:48:22","date_gmt":"2011-11-17T06:48:22","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1661"},"modified":"2011-11-17T07:48:22","modified_gmt":"2011-11-17T06:48:22","slug":"playu-en-nueva-york","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/11\/17\/playu-en-nueva-york\/","title":{"rendered":"Playu en Nueva York"},"content":{"rendered":"<p>(Quince d\u00edas en Nueva Inglaterra-USA) (3)<\/p>\n<p><strong>Desde la costa de Connecticut, Nueva York est\u00e1 a dos horas de carretera. Resulta por tanto dif\u00edcil no hacer una escapada para pasar el d\u00eda, sali\u00e9ndote de tu ruta y volver antes de la medianoche al anonimato de Nueva Inglaterra\u00a0para no convertirte en Sara Jessica Parker. O, tambi\u00e9n, para evitar que tu mujer quiera atrincherarse en Tifanny&#8217;s. O dormir en la Gran Manzana a precios de gran rej\u00f3n. Pero eso de ir a pasar el d\u00eda a Nueva York como quien sale al Muro a darse un garbeo tiene sus peajes: un atasco para entrar, una odisea para aparcar y otro atasco para salir. El primer parking que apreci\u00f3 cerca de la Quinta Avenida result\u00f3 un clavel. Una vez con el coche dentro, un letrero indicaba &#8217;18 dolars hour&#8217; m\u00e1s impuestos. O sea, en cinco horas, cien. Una r\u00e1pida consulta al <!--more-->cl\u00e1sico negro enguantado sobre la posibilidad de\u00a0evaporarse\u00a0permiti\u00f3 abortar la operaci\u00f3n a tiempo y acabar encontrando otro parking colindante con Central Park por 29 d\u00f3lares diez horas. Bien. Tras la sudada, con el coche facturado, la calle. Cielo azul, aire fresco y reencuentro con la megal\u00f3polis. Yo hab\u00eda estado varios d\u00edas en 1994. La esposa, la \u00faltima vez, en 2001, tres meses antes del impacto de los aviones. Ambos tenemos fotograf\u00edas en las Torres Gemelas, las suyas especialmente pr\u00f3ximas al atentado. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Ahora la misi\u00f3n no era conocer, sino pasear, comer, cotillear y marchar. Pero cuando pones el pie en Nueva York y te das cuenta de que lo primero que necesitas es hacer pis tienes un problema. La Quinta Avenida no se rebaja a esas nimiedades. Cada tienda es puro glamour. No hay bares ni WC al uso. Entonces recuerdas un escondite: la cafeter\u00eda de la planta baja del Rockefeller Center. Y all\u00ed vas r\u00e1pidamente. Con el ADN asturiano circulando ya por las ca\u00f1er\u00edas de Nueva York vuelves a la Quinta y la caminas entera hasta la Zona Cero. La acera es estrecha. La fauna yanqui y los turistas la invaden. Mucho\u00a0ejecutivo trajeado hablando por el m\u00f3vil, rubias espigadas de tez p\u00e1lida y conjunt\u00edn negro, puestos de hot dogs y mucha mucha prisa y mucho mucho tr\u00e1fico junto a ti. <\/strong><strong>El objetivo es cruzar el puente de Brooklyn y comer al otro lado, con vistas al sky line. Pero no hay gasofa para tanto kilometr\u00edn urbano\u00a0y un taxi acaba por rematar la faena tras rebasar el Soho.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Un restaurante italiano bajo el puente de Woody Allen parece una buena opci\u00f3n. Desde la ventana est\u00e1s viendo el r\u00edo y parte del sky line, algo tapado por unos \u00e1rboles. La pasta est\u00e1 muy rica y los mexicanos que atienden el negocio acaban por mostrarse amables con el habla com\u00fan tras dos tercios de la comida in inglish. A todos los hispanos con los que nos vamos a topar en el viaje les cuesta sacar a relucir el espa\u00f1ol,\u00a0que\u00a0delata\u00a0su condici\u00f3n de inmigrantes. Si dos platos de pasta, ensalada y caf\u00e9s sumaban 30 d\u00f3lares (el agua ye gratis en todas partes) acabas pagando 52, al incluir la nota tasas y un 18% de propina impuesta. Esto \u00faltimo s\u00f3lo me ha pasado curiosamente en sitios gerenciados por mexicanos. En otros, decides t\u00fa cu\u00e1nto, pero nunca por debajo del 10%. Al parecer, es su sueldo. De ah\u00ed que haya poco paro, pues as\u00ed contrato yo a un regimiento.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Descansado y alimentado, Nueva York reluce a eso de las dos de la tarde. Bajo el cielo azul, un paseo mar\u00edtimo se prolonga desde el puente de Brooklyn unos 700 metros en direcci\u00f3n hacia el mar. Al fondo se ve la estatua de la libertad, aderezada por el tr\u00e1nsito de barcos y helic\u00f3pteros. Enfrente, la era post torres gemelas, el inconfundible perfil futurista con el que me adormezco unos instantes en un banco. Es 1 de noviembre y tras una ma\u00f1ana fr\u00eda, ahora hace un sabroso calorcillo. Me quedo en camisa y cierro los ojos. Los abro y veo ante m\u00ed New York, New YoooorK. Mi otro yo se levanta del banco y canta a lo Frank Sinatra por el paseo, acompa\u00f1ado a los coros por los dem\u00e1s paseantes. Todos cantamos y bailamos ante las moles de cristal, rodeadas por el Hudson y el East River, antes de tomar un barco que nos depositar\u00e1 a la altura del Empire State Building. Como las mujeres siempre quieren ver tiendas (algo grabado a fuego en su ADN) toca un breve picoteo ac\u00e1 y all\u00e1, esas cl\u00e1sicas estampas en las que sacan una prenda de un colgador, la tocan un poco y siguen su camino. La ruta, a modo de guinda, concluye en Tifanny&#8217;s. Buscamos a Audrew Herpburn. Nos dicen que est\u00e1 desayun\u00e1ndose unos diamantes y no puede atendernos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Nos perdemos un poco por Central Park. Los \u00e1rboles hacen un bonito contraste con los edificios, le dan a la city un ox\u00edgeno imprescindible. Busco entre ellos el Dakota, donde mataron a John Lennon, donde rodaron &#8216;La semilla del diablo&#8217;, donde pasaron no s\u00e9 cu\u00e1ntas cosas m\u00e1s. Pero debe de estar un poco m\u00e1s all\u00e1. No lo distingo. Es mi turno al volante. Seis horas en Nueva York cunden. Pero la ciudad est\u00e1 ya a oscuras. Lucen sus neones y se agita mi coraz\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo cojones se sale de aqu\u00ed?<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Quince d\u00edas en Nueva Inglaterra-USA) (3) Desde la costa de Connecticut, Nueva York est\u00e1 a dos horas de carretera. Resulta por tanto dif\u00edcil no hacer una escapada para pasar el d\u00eda, sali\u00e9ndote de tu ruta y volver antes de la medianoche al anonimato de Nueva Inglaterra\u00a0para no convertirte en Sara Jessica Parker. 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