{"id":1669,"date":"2011-11-18T10:44:30","date_gmt":"2011-11-18T09:44:30","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1669"},"modified":"2011-11-18T10:44:30","modified_gmt":"2011-11-18T09:44:30","slug":"en-casa-de-errol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/11\/18\/en-casa-de-errol\/","title":{"rendered":"En casa de Errol"},"content":{"rendered":"<p>(Quince d\u00edas en Nueva Inglaterra-USA) (4)<\/p>\n<p><strong>Salir de Nueva York no fue para tanto. Bien asesorados en el parking,\u00a0la cuesti\u00f3n consist\u00eda en tomar\u00a0la circunvalaci\u00f3n que va pegada al r\u00edo y\u00a0no salirse de ah\u00ed\u00a0hasta toparte con el puente Washington. Y despu\u00e9s, todo para arriba por la 91 Norte. As\u00ed, en moderado atasco, unas 40 millas y luego, a velocidad, hasta Springsfield, donde dicen que est\u00e1n inspirados los Simpson. Ocurre que este es el nombre m\u00e1s repetido en USA, pero el Springsfield de Massachusetts\u00a0dice que le toca el honor a \u00e9l, una zona industrial sin encanto inmortalizada por los dibujos animados. El plan era dormir a las afueras para usarlo dos d\u00edas de campamento base. Sin embargo,\u00a0un detalle qued\u00f3 en el olvido. Era martes, 1 de noviembre, y el s\u00e1bado anterior hab\u00eda ca\u00eddo una nevada brutal que derrib\u00f3 cientos de \u00e1rboles y \u00e9stos en su ca\u00edda se llevaron por delante los tendidos el\u00e9ctricos. Miles de casas se quedaron sin luz y los afectados se fueron a dormir a los hoteles. Resultado: ni una cama libre. A las nueve de la noche empez\u00f3 el serial de preguntas y el serial de negativas. Pasadas las doce, tras constatar el lleno de moteles, hoteles y hotelazos, un amable recepcionista empez\u00f3 a hacer llamadas. Todo estaba completo, lament\u00f3. <\/strong><\/p>\n<p><strong><!--more-->En plena fase de mentalizaci\u00f3n para dormir en el coche, con los term\u00f3metros acerc\u00e1ndose a los cero grados, dio en la diana. Un bed &#038; breakfast ten\u00eda habitaci\u00f3n.\u00a0El recepcionista salvador\u00a0quiz\u00e1s hab\u00eda sacado de la cama al due\u00f1o, que ped\u00eda ya la visa por tel\u00e9fono. Costaba 195 d\u00f3lares, pero no hab\u00eda alternativa. As\u00ed que hubo que recitarle el c\u00f3digo. El segundo problema era la ubicaci\u00f3n. Su casa estaba a unas ocho millas, en medio del monte y para llegar hab\u00eda que tomar doce desv\u00edos. Nuestro intermediario imprimi\u00f3 la secuencia y se deshizo en explicaciones. Faltaba lo m\u00e1s dif\u00edcil: llegar. Todav\u00eda pod\u00edamos perdernos, dormir en el coche y recibir encima la factura cargada en la tarjeta. Un giro, otro giro, la autopista, una salida, otro giro, un pueblo, un camino&#8230; A las 12.30 de la noche lo logramos. La casa coronaba una colina, envuelta en \u00e1rboles, con el valle de Greenfield a un lado y el r\u00edo Connecticut al otro. All\u00ed estaba Errol esperando, grandull\u00f3n, sesent\u00f3n, amable y sonriente. La hora tope del desayuno eran las nueve, as\u00ed que pactamos desayuno a las nueve. Una ducha y a dormir como pr\u00edncipes en una confortable habitaci\u00f3n tras varias horas sin techo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Errol result\u00f3 ser Indiana Jones. Arque\u00f3logo, con estudios en Harvard, profesor jubilado, aficionado a los viajes y a Espa\u00f1a, conocedor de Tito Bustillo y del Pindal; y con los billetes sacados ya para su pr\u00f3xima incursi\u00f3n europea: Malta y Sicilia. Su casa era un balneario. Construida en 1910 por un prestigioso arquitecto, de techos altos y dos plantas, blanca por fuera y por dentro, totalmente enmoquetada, con pocos muebles, plantas gigantes y una buena librer\u00eda. En una sala inmensa, sobre una gran mesa, ten\u00eda esperando cuatro briks de zumos, un revuelto de verduras, salchichas y fruta. Mientras me pon\u00eda tibio, a la esposa, aficionada al caf\u00e9 con galletas en silencio, le toc\u00f3 hacer de interlocutora. Errol entraba y sal\u00eda cada poco, con su taz\u00f3n de caf\u00e9 en perenne compa\u00f1\u00eda, e iba tejiendo una conversaci\u00f3n en torno a Espa\u00f1a, a Asturias y a nuestro viaje. Yo sonre\u00eda y com\u00eda, amparado en mi macarr\u00f3nico ingl\u00e9s. Entonces irrumpi\u00f3 en escena la esposa, Mary, y cuando nos quisimos dar cuenta estaban sentados a la mesa, con sus tazones de caf\u00e9, en abierto interrogatorio. La cosa ten\u00eda su miga, pero claro a uno tambi\u00e9n le gusta desayunar en su autismo matinal. <\/strong><strong>Mary interven\u00eda poco, planteaba la pregunta con la mirada fija y el taz\u00f3n bien apretado y aguardaba la respuesta. Yo ve\u00eda en ella un pajarraco con gafas y nariz de pico que contrastaban un tanto con su Indi, lleno de recursos y con una risa tremendamente f\u00e1cil. Cada frase, no s\u00e9 c\u00f3mo lo lograba, acababa siempre con una sonora carcajada. Entonces ocurri\u00f3 algo terrible. Mary me mir\u00f3 fijamente y dijo algo in inglis taladr\u00e1ndome entero. La pregunta era f\u00e1cil, pero duro de o\u00eddo como soy, hube de recibir una r\u00e1pida traducci\u00f3n simult\u00e1nea. Quer\u00eda cotillear en qu\u00e9 curraba. Pens\u00e9 en decirle o s\u00ed se\u00f1ora soy domador de leones o cr\u00edo caracoles. Pero me somet\u00ed: I&#8217;m a journalist in a regional newspaper. Esto abri\u00f3 la espita al cl\u00e1sico rollo de qu\u00e9 escribes y esas cosas. Entonces pudo desayunar la esposa. Finalizado el desayuno pedimos a Errol una rebaja para quedarnos un d\u00eda m\u00e1s y no ser de nuevo unos sin techo. Al momento, quit\u00f3 20 d\u00f3lares a la segunda noche y viendo nuestro gesto de duda quit\u00f3 otros 20 a la primera. Ok.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Indi estaba maravillado con Espa\u00f1a. Le gustaban los toros, pero no la muerte del toro. Y le encantaban las terrazas de Madrid. \u00c9l pensaba que todo el mundo se levantar\u00eda, por ejemplo, a las once de la noche para irse a dormir. Pero se sentaba y como siempre hab\u00eda alguien prolongaba sus caf\u00e9s hasta altas horas de la madrugada disfrutando el ambiente. Tambi\u00e9n mostr\u00f3 inter\u00e9s por el final de ETA, por la crisis, por\u00a0Gij\u00f3n y por\u00a0nuestro equipo de f\u00fatbol. A diferencia del com\u00fan de los yanquis, muy despegados de su familia, en dos d\u00edas habl\u00f3 por tel\u00e9fono dos veces con su hija, cont\u00f3 cosas de sus nietos y de c\u00f3mo celebraron Halloween la semana anterior; y tambi\u00e9n\u00a0de c\u00f3mo aprovisionaba a su padre de grandes cargamentos de sirope de arce, al que algunos atribuyen el don de la eternidad. El se\u00f1or en cuesti\u00f3n tiene ya 95 a\u00f1os. <\/strong><strong>Tras el primer desayuno, empezamos el d\u00eda paseando por el bosque de Errol. Cinco hect\u00e1reas nada menos, llenas de arces, donde a\u00fan hab\u00eda zonas nevadas. La \u00fanica casa vecina estaba habitada por un hombre solitario que, seg\u00fan cont\u00f3 Indi, a\u00f1os atr\u00e1s vio un oso merode\u00e1ndola desde la ventana de su dormitorio. Acabamos top\u00e1ndonos con \u00e9l por el bosque (con el vecino, no con el oso) y tras saludarlo y darle unas caricias a su perro, sentenci\u00f3 en ingl\u00e9s: &#8216;Tras la tempestad la calma&#8217;. As\u00ed era. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Con calma nos tomamos el d\u00eda tras el marat\u00f3n de la v\u00edspera. Visitamos Westfield y Northampton, compramos tres ced\u00e9s en una tienda de discos a la antigua usanza ubicada en un bajo y cenamos una deliciosa sopa en un tailand\u00e9s. El segundo desayuno reprodujo las secuencias del primero. La irrupci\u00f3n de Errol, el taz\u00f3n de caf\u00e9, la llegada de Mary, el cr\u00edtico instante en que tomaron asiento en la mesa y la larga hora de ameno interrogatorio. Esta vez ten\u00eda algo parecido a gruesos frisuelos, sirope, salchichas y zumo. Con el est\u00f3mago lleno y una cierta pena por abanonar aquel balneario pusimos rumbo a las White Mountains.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Quince d\u00edas en Nueva Inglaterra-USA) (4) Salir de Nueva York no fue para tanto. Bien asesorados en el parking,\u00a0la cuesti\u00f3n consist\u00eda en tomar\u00a0la circunvalaci\u00f3n que va pegada al r\u00edo y\u00a0no salirse de ah\u00ed\u00a0hasta toparte con el puente Washington. Y despu\u00e9s, todo para arriba por la 91 Norte. 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