{"id":1799,"date":"2011-12-30T09:40:46","date_gmt":"2011-12-30T08:40:46","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1799"},"modified":"2011-12-30T09:40:46","modified_gmt":"2011-12-30T08:40:46","slug":"gimnasia-roncerilj","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/12\/30\/gimnasia-roncerilj\/","title":{"rendered":"M\u00fasica y Gimnasia en el Codema"},"content":{"rendered":"<p><strong>&#8220;Uno, dos, arriba, abajo, respirando, flexi\u00f3n&#8230;\u00a1ya!&#8221;. Bajo esa m\u00fasica hac\u00eda gimnasia, martes y jueves, en el Codema. Cierras los ojos, te concentras y te transportas a aquel patio cubierto de techo bajo, junto a los vestuarios, donde el Roncero, m\u00e1s que ordenar ejercicios, cantaba. Con su pa\u00f1uelo de seda en el cuello y su aspecto afrancesado, aquel profesor de Gimnasia que te recordaba a Robespierre entonaba como si estuviera dirigiendo a los ni\u00f1os del coro. &#8220;Ahora vamos a flexionar&#8230; \u00a1Vamos chicos! Y uno y dos, arriba abajo, respirando, flexi\u00f3n&#8230; \u00a1ya!&#8221;. Los alumnos <!--more-->est\u00e1bamos todos en formaci\u00f3n, con camisetas rojas, obedeciendo al instante. Unas veces te tocaban los cantares del Rocero, que parec\u00eda tocar el \u00f3rgano cuando hablaba; otras el tenebrismo del Roda, que hablaba m\u00e1s para dentro que para fuera, mientras fumaba. Su decisi\u00f3n m\u00e1s celebrada\u00a0nada m\u00e1s cambiarnos\u00a0era darnos permiso para ir a jugar al f\u00fatbol. Entonces nos \u00edbamos corriendo al patio exterior y ech\u00e1bamos el resto una hora completa. <\/strong><strong>En aquella cancha, que veo a diario cuando bajo al Muro, he calculado alguna vez que marcar\u00eda unos 3.000 goles en mis cinco a\u00f1os claretianos. Jugaba en la hora de Gimnasia, jugaba en los recreos y jugaba a veces al acabar el d\u00eda. Me entregaba a fondo en los partidos. Defend\u00eda, atacaba y marcaba. Disfrutaba como un enano. Sin embargo, cuando hab\u00eda un partidillo oficial me pon\u00eda nervioso y no rascaba bola.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La M\u00fasica entonces era otro cantar. Nos parec\u00eda un rollo. Cuando la Pilar nos bajaba a la sala de audiciones aquello era considerado como una aburrici\u00f3n. Hab\u00eda un disco, titulado &#8216;El barroco espa\u00f1ol&#8217;, si no recuerdo mal, que nos hac\u00eda partirnos de risa. Conten\u00eda la versi\u00f3n original de &#8216;Agapim\u00fa&#8217; (la canci\u00f3n de Ana Bel\u00e9n) y un pieza\u00a0cantada en castellano antiguo que dec\u00eda algo as\u00ed como &#8220;riu riu chiu la guarda rivera, tres cuartos del lobo la nuestra cordera&#8221;. Aquello, con diez\u00a0o doce a\u00f1os, nos superaba. Con aquella buena mujer tuve un par de incidentes que me supusieron ir castigado dos d\u00edas para casa. El primero se produjo en la iglesia de los Jesuitas, adonde fuimos a escuchar un concierto. Yo estaba sentado justo antes de comenzar. Entonces ella de repente se dirigi\u00f3 a m\u00ed y me\u00a0exigi\u00f3\u00a0que dejara el sitio a una ni\u00f1a plena de salud. &#8220;Aus\u00edn, \u00a1lev\u00e1ntate!&#8221;. Me negu\u00e9. No ve\u00eda motivo alguno para hacerlo, pues ni era una\u00a0anciana ni tampoco una inv\u00e1lida. Al volver al Codema, fui duramente recriminado por el director tras el pertinente chivatazo de la Pilar. Entonces maquin\u00e9 mi venganza. En la siguiente clase de M\u00fasica adelant\u00e9 las patas de la mesa del profesor, situada en un altillo, de forma que una quedaba al aire y la otra en el borde. La profesora lleg\u00f3 con sus libros, puso el metr\u00f3nomo a funcionar para que empez\u00e1ramos a tocar la flauta y, en esto, lanz\u00f3 un &#8220;Herm\u00f3genes, \u00a1c\u00e1llate!&#8221;, que acompa\u00f1\u00f3 de un manotazo en la mesa. Resultado: se desplom\u00f3 todo hacia adelante y la clase estall\u00f3 en una carcajada. Ella se puso nerviosa y se fue. Entonces lleg\u00f3 el jefe de estudios. Dijo que nadie saldr\u00eda de all\u00ed hasta que apareciese el culpable. Viendo que la cosa se pon\u00eda fea, decid\u00ed acortar la agon\u00eda y me levant\u00e9. Llamaron a mi padre al colegio, quien, a diferencia de los de ahora, recomend\u00f3 a los curas que me castigasen m\u00e1s, y me mandaron dos d\u00edas para casa. Entre la m\u00fasica de la Pilar y la del Roncero, yo prefer\u00eda entonces la segunda: &#8220;Uno, dos, arriba, abajo, respirando, flexi\u00f3n&#8230;\u00a1ya!&#8221;.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Uno, dos, arriba, abajo, respirando, flexi\u00f3n&#8230;\u00a1ya!&#8221;. Bajo esa m\u00fasica hac\u00eda gimnasia, martes y jueves, en el Codema. Cierras los ojos, te concentras y te transportas a aquel patio cubierto de techo bajo, junto a los vestuarios, donde el Roncero, m\u00e1s que ordenar ejercicios, cantaba. 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