{"id":1906,"date":"2012-01-04T10:16:25","date_gmt":"2012-01-04T09:16:25","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=1906"},"modified":"2012-01-04T10:16:25","modified_gmt":"2012-01-04T09:16:25","slug":"el-oriciu-por-cojones-rey-los-mares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/01\/04\/el-oriciu-por-cojones-rey-los-mares\/","title":{"rendered":"El oriciu, \u00a1por cojones!, rey los mares"},"content":{"rendered":"<p><strong>Nacen con la casa puesta, como los caracoles. Solo que ellos no tienen mucha gana de ver mundo, ni de trepar por paredes ni, tampoco, de andar saliendo y entrando del hogar a diario, con los riesgos que ello conlleva. Al igual que en tierra, en\u00a0la mar siempre hay depredadores al acecho y un despiste se paga caro. Si nuestras vidas est\u00e1n llenas de tensi\u00f3n, las del mundo marino ni te cuento. Los cinco sentidos son pocos para comer sin ser comido. As\u00ed que en <!--more-->esta compleja tesitura no parece nada tonta la pol\u00edtica del oricio. Nace, se instala apaciblemente, desarrolla una vida interior plena, se reproduce (en este punto tampoco hace esfuerzos, pues es hermafrodita)\u00a0y muere. No quiere saber nada de carreras ni persecuciones, no quiere ganarse el pan con el sudor de su frente ni tener que buscar al t\u00e9rmino de la jornada un lugar seguro donde pasar la noche. Que tu cuerpo sea tu casa ofrece, en este sentido, un buen seguro de vida. Y vivir de puertas adentro te evita un sinf\u00edn de engorros propios de las relaciones\u00a0en comunidad, m\u00e1xime cuando hay tantas especies compartiendo el mismo \u00e1mbito acu\u00e1tico. Si a todo ello a\u00f1adimos que dentro de ese hogar hay un solo ser vivo que es hombre y mujer a la vez llegamos a la cuadratura del c\u00edrculo. S\u00f3lo puede discutir consigo mismo. Quiz\u00e1s lo haga, para entretenerse, poniendo dos voces diferentes.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La vida interior del oricio, bien vista, da mucho juego. Mecido por el oleaje, tiene las\u00a024 horas del d\u00eda para pensar en sus cosas, alimentarse, reflexionar sobre el cosmos y, por qu\u00e9 no, re\u00edrse de s\u00ed mismo y de su pausada vida mientras los dem\u00e1s andan por ah\u00ed con el alma en vilo. El oricio tiene el coraz\u00f3n a prueba de bomba, sin un solo sobresalto y las g\u00f3nadas, pedazo de g\u00f3nadas,\u00a0hinchadas como el plumaje de un pavo real. Si algunos humanos tienen un par de cojones bien puestos, los oricios elevan la m\u00e1xima hasta el sexteto, sim\u00e9tricamente colocados, bien robustos y anaranjados en los meses fr\u00edos. Pero de esa chuler\u00eda oriciera le viene precisamente el peligro a este bichillo marino tan preciosista, que parece una bola de navidad. Tal es la belleza y el sabor de sus g\u00f3nadas que les ha salido un voraz depredador inmune a su ovalada\u00a0fortaleza de pinchos: una vez m\u00e1s, el hombre. <\/strong><\/p>\n<p><strong>As\u00ed que el oricio puede vivir con la mayor paz del mundo un buen pu\u00f1ado de a\u00f1os, hartarse de no hacer nada un d\u00eda tras otro. Pero un mal d\u00eda un pescador reparar\u00e1 en \u00e9l y lo extraer\u00e1 del mar para no volver jam\u00e1s. Crudo, con una botella de sidra al lado, no tiene en la mar quien le haga sombra. Es el cruel final, como todos los finales, que le espera a nuestro erizo marino.\u00a0Aunque quiz\u00e1s, como en el caso de los toros de la dehesa, que campan cinco a\u00f1os a sus anchas para morir luego en media hora en un coso en loor de multitudes, el oricio piense que esta vida ha merecido la pena cuando alguien abra su caparaz\u00f3n y le meta la cuchara hasta la cocina. Ya descojonado, ir\u00e1 a parar a un contenedor y color\u00edn colorado, este oricio se ha terminado.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a1Larga vida al oricio!<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nacen con la casa puesta, como los caracoles. Solo que ellos no tienen mucha gana de ver mundo, ni de trepar por paredes ni, tampoco, de andar saliendo y entrando del hogar a diario, con los riesgos que ello conlleva. 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