{"id":2019,"date":"2012-01-26T10:41:15","date_gmt":"2012-01-26T09:41:15","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=2019"},"modified":"2012-01-26T10:41:15","modified_gmt":"2012-01-26T09:41:15","slug":"la-disciplina-del-cebollo-codema","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/01\/26\/la-disciplina-del-cebollo-codema\/","title":{"rendered":"La disciplina del Cebollo (Codema)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Tiene su m\u00e9rito que un profesor que nunca te dio clase s\u00ed te haya dado unos\u00a0golpes a mano abierta en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Es uno de los galones acumulados en mi periplo vital en el Coraz\u00f3n de Mar\u00eda entre los 10 y los 14 a\u00f1os. El Cebollo nunca entr\u00f3 a mi clase a impartir materia, pero s\u00ed a re\u00f1ir, a pavonearse y, por supuesto, a repartir estopa. Tambi\u00e9n era posible que te trincara en el pasillo. Daba igual el motivo. Aquel claretiano rechoncho, chuleta,\u00a0con gafas peque\u00f1as y vestido siempre de calle, te soltaba un guantazo a la primera de cambio. Luego segu\u00eda su camino <!--more-->satisfecho, como si hubiese cumplido una misi\u00f3n en lo universal. Recuerdo perfectamente al Cebollo entrar a una clase donde un profesor re\u00f1\u00eda a un alumno acaloradamente. Su reacci\u00f3n inmediata, sin conocer el motivo, fue preguntar: &#8220;\u00bfLe pegas t\u00fa o le pego yo?&#8221;. <\/strong><strong>El Cebollo era mundialmente conocido en el colegio, te diera o no te diera clase. El mote se transmit\u00eda de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n sin saber muy bien el porqu\u00e9\u00a0 (yo creo que ven\u00eda de la forma acebollada de su cabeza) ni tampoco, por parte de quienes no lo sufrimos como profesor, su verdadero nombre de pila. \u00c9l era simplemente El Cebollo, el implacable jefe de estudios, un cargo cuyo contenido fue todo un misterio para m\u00ed\u00a0durante mi etapa Codema. En mi traducci\u00f3n personal, ser jefe de estudios era ejercer de jefe de las SS\u00a0del III Reich en versi\u00f3n colegio de curas. Algo as\u00ed.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Bajo aquella implacable jerarqu\u00eda cebollil, en una ocasi\u00f3n el Cebollo crey\u00f3 tenerme agarrado por las pelotas al pillarme en una falta. De aqu\u00e9lla estaba prohibido dejar los libros en los pupitres de un d\u00eda para otro. Hab\u00eda que irse a casa con todo el tocho a diario.\u00a0A m\u00ed aquello me daba una pereza tremebunda. As\u00ed que ide\u00e9 una treta. Se me ocurri\u00f3 dejar los libros tras la \u00faltima clase en el caj\u00f3n de la mesa del profesor. Ah\u00ed seguro que no miraban cuando repasaban las aulas. Lo hice durante cierto tiempo. Hasta que me pill\u00f3 el Cebollo. Los libros ten\u00edan mi nombre, de modo que pod\u00eda castigarme directamente. Pero prefiri\u00f3 algo m\u00e1s sibilino.\u00a0Se los\u00a0llev\u00f3\u00a0delante de algunos alumnos (para que me lo contaran), los guard\u00f3\u00a0en su armario met\u00e1lico, de esos de oficina con una llave peque\u00f1a, y\u00a0esper\u00f3<\/strong><strong> a que fuera a ped\u00edrselos, a que me humillara ante el todopoderoso jefe de estudios, para entonces castigarme.\u00a0Pero pec\u00f3 de soberbia. No contaba con mis malas artes.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Quiso la casualidad que en aquella \u00e9poca yo estuviera castigado en Dibujo. La profesora me hab\u00eda expulsado sine die y deb\u00eda pasar la hora de clase precisamente en la peque\u00f1a habitaci\u00f3n del Cebollo haciendo que estudiaba. Sentado solo en aquel pupitre, oyendo el runrun de las clases a lo lejos, me qued\u00e9 mirando el armario met\u00e1lico del se\u00f1or Cebollas y tuve una iluminaci\u00f3n. Saqu\u00e9 las llaves de casa y prob\u00e9 con la del buz\u00f3n. \u00a1Eureka! El armario abri\u00f3 a la primera. Ah\u00ed estaban mis libros, que cog\u00ed inmediatamente. Y ah\u00ed estaba, en varias baldas, toda una colecci\u00f3n de tesoros confiscados por el cura comisario a todas sus v\u00edctimas: rotrings, bol\u00edgrafos, rotuladores, libretas, tinta, reglas, escuadras, cartabones&#8230; De todo. Cog\u00ed mis libros, cog\u00ed alg\u00fan boli y cerr\u00e9 de nuevo. Al acabar la hora de castigo volv\u00ed a clase y al terminar\u00a0la jornada\u00a0march\u00e9 para casa con la sonrisa en los labios. Se la hab\u00eda metido doblada. Me imaginaba sus ojos como platos al abrir\u00a0el armario. Al d\u00eda siguiente, antes de empezar las clases, se asom\u00f3 a la\u00a0nuestra y me mir\u00f3. En aquella mirada se condensaba todo, se resum\u00eda todo: &#8220;Cabr\u00f3n, me la jugaste. Ya te pillar\u00e9&#8221;. Eso quise leer en aquellos ojos de sargento nip\u00f3n irritado. Por una vez, le hab\u00eda salido el tiro por la culata.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tiene su m\u00e9rito que un profesor que nunca te dio clase s\u00ed te haya dado unos\u00a0golpes a mano abierta en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Es uno de los galones acumulados en mi periplo vital en el Coraz\u00f3n de Mar\u00eda entre los 10 y los 14 a\u00f1os. 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