{"id":2446,"date":"2012-04-23T09:18:24","date_gmt":"2012-04-23T08:18:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2446"},"modified":"2012-04-23T09:18:24","modified_gmt":"2012-04-23T08:18:24","slug":"el-senor-oriental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/04\/23\/el-senor-oriental\/","title":{"rendered":"El se\u00f1or oriental"},"content":{"rendered":"<p><strong>Esto ocurri\u00f3 en Granada all\u00e1 por 1991. Yo hac\u00eda pr\u00e1cticas en el peri\u00f3dico de all\u00e1, el Ideal, adonde hab\u00edan ido unos meses atr\u00e1s dos compa\u00f1eros de clase. Uno de ellos, gran aficionado a pedir favores a todo el mundo, nos lleg\u00f3 a los otros dos con una embajada cojonuda una noche. Result\u00f3 que el d\u00eda antes, al llegar al garaje de su casa, dej\u00f3 el coche en una plaza que no era la suya por motivos que no recuerdo. A la ma\u00f1ana siguiente, el due\u00f1o de la plaza, cabreado y vengativo, le hab\u00eda <!--more-->atravesado\u00a0el coche frente al suyo para que no pudiera sacarlo. La situaci\u00f3n estaba enquistada y el colega nos pidi\u00f3 ayuda para, entre todos, ir movi\u00e9ndole el\u00a0veh\u00edculo al propietario de la plaza hasta tener \u00e1ngulo suficiente para huir de aquel infierno. A ello fuimos algo as\u00ed como a las once de la noche, tras salir de trabajar. Un dos, arriba. Un dos, arriba. Con cierto esfuerzo, logramos separarlo lo suficiente, \u00e9l sac\u00f3 su coche y, entre risas nerviosas, nos fuimos al ascensor de aquella urbanizaci\u00f3n. Algo de tiempo debimos de peder por el camino porque cuando abrimos la puerta del ascensor en el cuarto piso, el vecino del tercero, que era el del incidente, hab\u00eda tenido tiempo suficiente de ver nuestra jugada en el garaje, subir\u00a0corriendo por la escalera\u00a0y esperarnos en el descansillo fuera de s\u00ed. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Era un hombre de mediana edad, con gafitas y ojos muy peque\u00f1os, trabaduco, m\u00e1s bien bajo. As\u00ed que abrimos la puerta del ascensor y nos pegamos un susto de muerte. Ah\u00ed estaba \u00e9l, con la respiraci\u00f3n jadeante por la carrera que se hab\u00eda pegado y unas grandes ganas de dar de hostias a tres j\u00f3venes de 24 a\u00f1os. Un poco osada su intenci\u00f3n, pero le jug\u00f3 a favor nuestra &#8216;buena educaci\u00f3n&#8217;. Abrimos la puerta del ascensor y mientras gritaba &#8220;\u00a1Me movisteis el coche!&#8221; el buen hombre le solmen\u00f3 un pu\u00f1etazo al colega que nos hab\u00eda metido en el l\u00edo, \u00e9ste lo esquiv\u00f3 como pudo pero el golpe le\u00a0lleg\u00f3 a dar\u00a0en el pecho, a lo que reaccion\u00f3 con un grito de dolor de lo m\u00e1s cursi. El otro colega recibi\u00f3 el segundo golpe lateralmente y yo, solo un empuj\u00f3n colateral. En medio del guirigay,\u00a0alguien abri\u00f3 la puerta de casa, nos metimos los tres y cerramos. Parapetados, soprendidos, sin hab\u00e9rsenos pasado por la cabeza golpear a un paisano que ve\u00edamos mayor, o sea repeler su ataque, cogimos aire, mientras el interfecto del conflicto le gritaba desde casa que le iba a denunciar por agresi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ah\u00ed comenz\u00f3 la segunda parte del incidente. El amigo pesao se empe\u00f1\u00f3 en ir a Urgencias para recibir un parte de agresi\u00f3n. All\u00e1 tuvimos que ir para que callase sin que tuviera m\u00e1s marca que un min\u00fasculo morat\u00f3n en el pecho. Luego quiso poner una denuncia y all\u00ed tuvimos que acompa\u00f1arle. La secretaria del juzgado que tomaba la declaraci\u00f3n pregunt\u00f3, como es propio de estos casos, c\u00f3mo era el agresor. Todos explicamos que ten\u00eda los ojos peque\u00f1os, rasgados, como si fuese oriental, aunque era simplemente granadino. Cuando la escribana nos entreg\u00f3 la denuncia para firmarla y la le\u00edmos, \u00e9sta hab\u00eda hecho una redacci\u00f3n de esas propias de \u00e1mbitos judiciales y policiacos en las que una frase se suma a la siguiente con un gerundio (siendo&#8230; estando&#8230;) y cada dos o tres l\u00edneas alud\u00eda al agresor como &#8216;el se\u00f1or oriental&#8217;. Entonces el se\u00f1or oriental les esper\u00f3 en el descansillo. Entonces el se\u00f1or oriental les agredi\u00f3 con los pu\u00f1os. Etc. Etc. Aquella denuncia que protagonizaba el se\u00f1or oriental frente a tres periodistillas de tres al cuarto nos arranc\u00f3 lagrimones de risa durante d\u00edas. Todos olvidamos aquello, salvo el pesado que lo provoc\u00f3. Un buen d\u00eda, meses despu\u00e9s, me enter\u00e9 del desenlace del incidente del garaje. No s\u00f3lo hab\u00edan hecho las paces, sino que el se\u00f1or oriental le hab\u00eda regalado dos botellas de vino. \u00bfCon lagarto dentro?<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esto ocurri\u00f3 en Granada all\u00e1 por 1991. Yo hac\u00eda pr\u00e1cticas en el peri\u00f3dico de all\u00e1, el Ideal, adonde hab\u00edan ido unos meses atr\u00e1s dos compa\u00f1eros de clase. Uno de ellos, gran aficionado a pedir favores a todo el mundo, nos lleg\u00f3 a los otros dos con una embajada cojonuda una noche. 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