{"id":2578,"date":"2012-05-08T09:04:19","date_gmt":"2012-05-08T08:04:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2578"},"modified":"2012-05-08T09:04:19","modified_gmt":"2012-05-08T08:04:19","slug":"atenergia-y-plastacido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/05\/08\/atenergia-y-plastacido\/","title":{"rendered":"ATENERGIA y Plast\u00e1cido"},"content":{"rendered":"<p><strong>ATENERG\u00cdA era una revista trimestral\u00a0especializada\u00a0que editaba\u00a0un grupo de empresas del Pa\u00eds Vasco. En ella se combinaban art\u00edculos de opini\u00f3n, reportajes sobre iniciativas de algunas de estas empresas, temas de investigaci\u00f3n, noticias sobre congresos, etc. Durante\u00a0dos a\u00f1os, yo hice ATENERGIA. Miento, la hicimos Olga y yo, dos alumnos de\u00a0cuarto de Periodismo de la Universidad del Pa\u00eds Vasco reclutados <!--more-->por nuestras buenas notas. No hab\u00eda horarios. Hac\u00edamos dos o tres horas por las tardes y cobr\u00e1bamos 25.000 pesetas al mes cada uno. O sea, que iba a la facultad por la ma\u00f1ana y por la tarde a aquella oficina situada en pleno centro de Bilbao donde hab\u00eda una jefa, una secretaria y dos periodistillas en ciernes. Aquella corporaci\u00f3n de empresas no ten\u00eda mucho sentido. Pero yo iba a lo m\u00edo: preparaba los reportajes, encargaba colaboraciones, maquetaba y cada tres meses encarg\u00e1bamos a una imprenta de Deusto el ejemplar de turno. All\u00ed lidi\u00e1bamos con un afable linotipista rechoncho con unos dedos tan gruesos que enseguida le rebautizamos como &#8216;Morcillitas&#8217;.<\/strong><\/p>\n<p><strong>En esa pl\u00e1cida labor en ATENERGIA hab\u00eda un poderoso h\u00e1ndicap: el presidente. El alma m\u00e1ter de aquel invento se llamaba Pl\u00e1cido y cada vez que aparec\u00eda por all\u00ed nos machacaba. Literalmente te agotaba con sus co\u00f1azos. Enseguida, Pl\u00e1cido pas\u00f3 a llamarse &#8216;Plast\u00e1cido&#8217;. Era habitual en \u00e9l quedar con alguien para comer y cenar en la misma mesa sin haberse levantado de ella. Se preciaba\u00a0de esas gestas. As\u00ed que un buen d\u00eda me plac\u00f3 a m\u00ed. No tuve escapatoria y me llev\u00f3 a comer. Unas diecis\u00e9is o dieciocho veces me dijo en su pausado tono de voz que ten\u00edamos que mejorar la revista i-ti-ne-ran-te-men-te, mientras su gruesa mano blanca\u00a0manchada de pecas se mov\u00eda a media altura, en tono ascendente, de izquierda a derecha. Aquella comida, aquella mano oscilante, mientras o\u00eda aquella palabra (\u00a0i-ti-ne-ran-te-men-te) como una letan\u00eda se me quedaron grabadas a fuego. Mi cara de mala hostia progresiva durante la\u00a0sobremesa con Plast\u00e1cido evit\u00f3 que cen\u00e1ramos donde hab\u00edamos comido. A eso de las seis de la tarde logr\u00e9 huir del se\u00f1or presidente, cog\u00ed la moto y sub\u00ed a todo lo que daba al Monte de\u00a0Archanda para descargar la adrenalina acumulada. Casi me la pego.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Luego lleg\u00f3 la crisis de ATENERGIA. Empezaron a no pagarnos. Yo, guerrillero, le dec\u00eda a mis t\u00edos bilba\u00ednos: si no me pagan este mes me llevo el ordenador. Y ellos se part\u00edan el culo de risa\u00a0con las historias de Plast\u00e1cido y de los impagos. Entonces hubo unas jornadas de empresas energ\u00e9ticas en el recinto ferial de Bilbao. All\u00ed puso su stand ATENERGIA y all\u00ed se instalaron la secretaria y la directora con sonrisa Profiden. Mi labor sin horario consisti\u00f3 en repartir las revistas por los stands, donde deb\u00eda explicar nuestra insostenible existencia. All\u00ed me fue a visitar mi t\u00edo Luis, c\u00e1mara de v\u00eddeo en mano, para inmortalizar mis primeros pinitos period\u00edstico\/empresariales. Se aproxim\u00f3 al stand grab\u00e1ndonos al tr\u00edo din\u00e1mico, todos sonrientes, y cuando estaba a una distancia de apenas cuatro metros remat\u00f3 sus explicaciones sobre mi pujante actividad con una pausa y una denuncia en un tono de voz de esos que llegan hasta medio cent\u00edmetro de distancia de tus o\u00eddos: &#8220;No pagan&#8221;, espet\u00f3. Cuando lo vimos luego en casa nos mor\u00edamos de risa. La directora y la secretaria, todo dientes de felicidad mirando para la c\u00e1mara; y \u00e9l, a tres pasos, diciendo con una voz misteriosa y ahogada: &#8220;No pagan&#8221;. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Acabada la carrera y acabado ATENERGIA, regres\u00e9 aquel verano a Gij\u00f3n sin un c\u00e9ntimo. Las despedidas, las \u00faltimas juergas me hab\u00edan dejado una telara\u00f1a en el bolsillo. Empec\u00e9 a trabajar en EL COMERCIO sin un real para tirar aquel verano de 1990. Al cabo de cuatro o cinco d\u00edas, sin embargo, descubr\u00ed un ingreso en mi maltrecha cuenta de 75.000 pesetas. ATENERGIA me hab\u00eda ingresado los tres \u00faltimos meses de golpe. Fue como si me hubiera tocado la loter\u00eda.\u00a0As\u00ed que\u00a0alivi\u00e9 las penas de haber dejado Bilbao (al final del verano iba a regresar para hacer el m\u00e1ster de El Correo) gast\u00e1ndome las &#8216;n\u00f3minas&#8217; atrasadas de aquella extra\u00f1a revista en sidra, oricios y chuletones.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ATENERG\u00cdA era una revista trimestral\u00a0especializada\u00a0que editaba\u00a0un grupo de empresas del Pa\u00eds Vasco. 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