{"id":2628,"date":"2012-05-14T09:51:46","date_gmt":"2012-05-14T08:51:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2628"},"modified":"2012-05-14T09:51:46","modified_gmt":"2012-05-14T08:51:46","slug":"la-fiesta-de-la-pina-colada-los-tiempos-del-tik","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/05\/14\/la-fiesta-de-la-pina-colada-los-tiempos-del-tik\/","title":{"rendered":"La fiesta de la pi\u00f1a colada (los tiempos del Tik)"},"content":{"rendered":"<p><strong>La fiesta de la pi\u00f1a colada marc\u00f3 mi entrada en el mundo de las borracheras adolescentes. Aquella entrada al Tik, con 15 a\u00f1os, fue como una puesta de largo. Recuerdo cierta impresi\u00f3n al acceder a aquella discoteca, la reina de los ochenta en Gij\u00f3n, con sus luminotecnias y su pista circular. De aqu\u00e9lla <!--more-->mi paga semanal deb\u00eda rondar las 500 pesetas y una cerveza pod\u00eda costar 100. As\u00ed que mi presupuesto andaba siempre haciendo aguas, mientras mis amigos doblaban o triplicaban esa cantidad. El caso es que entramos al Tik en su sesi\u00f3n de tarde, de 7 a 10, y por aquello de quitar los nervios y animarnos empezamos a beber a destajo. Primero nuestra pi\u00f1a colada, a la que te daba derecho la entrada. Luego las de los dem\u00e1s: atacamos los vasos medio abandonados en las mesas y cuando nos quisimos dar cuenta est\u00e1bamos m\u00e1s pall\u00e1 que pac\u00e1. Yo ten\u00eda que llegar a casa en aquellos tiempos a las diez y media de la noche; de modo que tras un paso por la Ruta de los Vinos, todo un cl\u00e1sico, llegu\u00e9 a casa algo tarde con un melocot\u00f3n cojonudo. Esquiv\u00e9 a mi padre como pude y me fui al cuarto de estar, donde mis hermanos mayores ve\u00edan la tele. Hab\u00eda el t\u00edpico programa musical, con una sucesi\u00f3n de actuaciones. Y yo, a mis 15 a\u00f1os, no dud\u00e9 en ponerme de pie en aquella peque\u00f1a habitaci\u00f3n y empezar a bailar una canci\u00f3n detr\u00e1s de otra, como si estuviera en la pista del Tik absorto en las m\u00fasicas del pincha, pero en realidad en un escaso margen de moqueta entre un sof\u00e1, una mesa camilla y un armario, con el que me golpeaba cada poco. Mis hermanos primero no dec\u00edan nada, luego se empezaron a re\u00edr. No hab\u00eda precedentes de una mo\u00f1a en casa. As\u00ed que aquella actuaci\u00f3n m\u00eda rompi\u00f3 una lanza en favor del cl\u00e1sico pedo juvenil. Su final evidente fue una buena vomitona.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Aquella fiesta de la pi\u00f1a colada abri\u00f3, all\u00e1 por 1983, una larga etapa de sesi\u00f3n vespertina de discoteca. Quedabas a las tres de la tarde en el Parch\u00eds e iniciabas una turn\u00e9 en vespa (yo no la tendr\u00eda hasta los 19) por ac\u00e1 y por all\u00e1 (el Pilu, el Rancho, el Choco Chiqui&#8230;) que ten\u00eda su punto culminante en el Tik, donde no falt\u00e1bamos viernes, s\u00e1bado ni domingo. De aquel Tik recuerdo como banda sonora estelar la canci\u00f3n &#8216;Dont Go&#8217;, de Yazoo, que lo llenaba todo de vida. Era la \u00e9poca del tecno, del rayo l\u00e1ser del Jard\u00edn, de la Ruta de los Vinos a tope, de las fiestas en la Mamposta, de las romer\u00edas&#8230; Si pienso ahora qu\u00e9 hice en el Tik tantas y tantas sesiones, pues la verdad es que no par\u00e9 de beber, de jugar al futbol\u00edn en los bares de al lado y de desfasar. Supongo que como los adolescentes de ahora, pero diferente. La hora de llegar a casa era tan ajustada, que siempre te pillaba en el culmen del pedo y era dif\u00edcil evitar a la autoridad competente. As\u00ed ocurrieron escenas tales como intentar abrir la puerta del portal y no atinar; como en los chistes, hasta que un se\u00f1or te espeta detr\u00e1s un sonrojante &#8216;\u00bfte ayudo?&#8217;, resultando ser tu padre; o aquella hist\u00f3rica vomitona contra la pared de la sala de estar, donde se com\u00eda a diario, que me oblig\u00f3 a comprar un bote de pintura al d\u00eda siguiente para hacer desaparecer una sospechosa &#8216;mancha&#8217;. <\/strong><\/p>\n<p><strong>A aquellas edades adolescentes beb\u00edas para desinhibirte, para entrar en un estado de &#8216;desfase&#8217; al que s\u00f3lo acced\u00edas a trav\u00e9s del alcohol. Viendo ahora el Tik con perspectiva, me reafirmo en mi impresi\u00f3n sobre aquel circo. Tres mo\u00f1as semanales para socializar. No sab\u00edamos hacer otra cosa. A los 15, a los 16, a los 17 a\u00f1os eras una marioneta en manos de las &#8216;tendencias&#8217; de la \u00e9poca. Y ay de ti si te sal\u00edas de ellas; entonces pasar\u00e1s a ser un bicho raro. No tengo recuerdos divertidos de aquella edad, en la que era adem\u00e1s un estudiante nefasto. Quiz\u00e1s la parte mejor fueran las partidas al ajedrez con Barqu\u00edn o la colecci\u00f3n de discos que iba apilando, en directa competencia con mi hermano mayor, o una batalla campal en torno a un futbol\u00edn o un partido de tenis. Lo dem\u00e1s, el Tik, el Jard\u00edn, el Oasis; con 15 o 16 a\u00f1os, eran una incitaci\u00f3n continua a beber sin parar. Como, adem\u00e1s, no ten\u00eda ni pu\u00f1etera idea de bailar, pues no quedaba otra. En esa tendencia a\u00a0idealizar el pasado,\u00a0borrar\u00eda la adolescencia de un plumazo. Saltar\u00eda con una p\u00e9rtiga de los 14 a los 18 a\u00f1os. Entonces s\u00ed que me lo empec\u00e9 a pasar bien.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fiesta de la pi\u00f1a colada marc\u00f3 mi entrada en el mundo de las borracheras adolescentes. Aquella entrada al Tik, con 15 a\u00f1os, fue como una puesta de largo. Recuerdo cierta impresi\u00f3n al acceder a aquella discoteca, la reina de los ochenta en Gij\u00f3n, con sus luminotecnias y su pista circular. 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