{"id":2665,"date":"2012-05-21T10:42:01","date_gmt":"2012-05-21T09:42:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2665"},"modified":"2012-05-21T10:42:01","modified_gmt":"2012-05-21T09:42:01","slug":"el-baile-del-oso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/05\/21\/el-baile-del-oso\/","title":{"rendered":"El baile del oso"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuando despert\u00e9, en\u00a0mi almena del Palacio Revillagigedo, a\u00fan no hab\u00eda amanecido. El servicio dorm\u00eda, as\u00ed que me instal\u00e9 c\u00f3modamente en la cocina con dos gruesas rebanadas de pan\u00a0untadas de aceite, un gran vaso de zumo de naranja y tres huevos fritos con beicon. Ten\u00eda gran afici\u00f3n a galopar\u00a0por la campi\u00f1a gijonesa\u00a0en el umbral del amanecer antes de despachar con los emisarios. A las 5.30 de la ma\u00f1ana sal\u00ed al galope desde las caballerizas, atraves\u00e9 la plaza Mayor y fustig\u00e9 al roc\u00edn por toda la playa <!--more-->hasta perderme por las primeras masas boscosas de Somi\u00f3. All\u00ed se respiraba aire puro, ol\u00eda a humedad y no escuchaba mayor ruido que el que quisieran proporcionarme aves, venados o must\u00e9lidos. La energ\u00eda que desprend\u00eda aquella ma\u00f1ana, 19 de mayo de 1812, no ten\u00eda freno. Quer\u00eda galopar hasta la extenuaci\u00f3n, darme mi ba\u00f1o de agua de mar en San Lorenzo y trabajar unas horas hasta la pitanza, cuando ver\u00eda a mi esposa y planificar\u00edamos el baile de la noche. Sin embargo, no todo ocurre como se planea.<\/strong><\/p>\n<p><strong>A\u00fan era noche cerrada cuando cruzaba el puente de piedra de la parroquia de Deva y giraba por aquel camino cerrado que me obligaba a veces a agacharme para esquivar alguna rama baja\u00a0del robledal. De repente not\u00e9 que el caballo se contra\u00eda en el mismo instante en que un descomunal oso pardo emerg\u00eda ante nosotros y se pon\u00eda a rugir erguido. El roc\u00edn alz\u00f3 las patas delanteras, hizo un escorzo a la izquierda que casi nos lleva a los dos al suelo, intent\u00e9 recuperar el control\u00a0mientras avanzaba unos metros rozando al oso y ca\u00ed definitivamente mientras mi fiel Baiku<\/strong><strong>\u00a0me abandonaba aterrorizado. Qued\u00e9 tendido entre la maleza, junto a una muria, sin caballo y con el oso gir\u00e1ndose hacia m\u00ed a apenas diez pasos. Mis posibilidades de huir eran nulas si quer\u00eda atraparme. De modo que opt\u00e9 por quedarme quieto y dejar obrar a la providencia. La sangre manaba por mi frente. Deb\u00eda tener una brecha en la cabeza. Escuchaba el discurrir del r\u00edo Pe\u00f1afrancia y el rugido de aquel animal, mientras pensaba aceleradamente que quiz\u00e1 estaba ante el \u00faltimo lienzo que compondr\u00eda mi despedida de este mundo a aquella crepuscular hora en la que a\u00fan no hab\u00eda cantado el gallo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El oso camin\u00f3 directo hacia m\u00ed con andar cansino. Qued\u00e9 totalmente quieto, mir\u00e1ndole sereno, resignado mientras recib\u00eda en los labios el sabor de mi propia sangre. El animal acerc\u00f3 el hocico hacia mis rodillas, recorri\u00f3 con \u00e9l todo mi cuerpo en un gesto r\u00e1pido y, soprendentemente, comenz\u00f3 a lamerme la herida. El primer lenguetazo me recorri\u00f3 la frente y el pelo. El segundo atraves\u00f3 mi boca, me pas\u00f3 por la nariz y acab\u00f3 por rozarme el ojo derecho. No daba cr\u00e9dito. Un oso pardo inmenso sombreaba mi\u00a0figura entera, mientras pasaba su \u00e1spera lengua por\u00a0mi cara. No cab\u00eda m\u00e1s que &#8216;dejarse hacer&#8217; en pos de que aquel animal no se ensa\u00f1ara\u00a0y me\u00a0convirtiera en carro\u00f1a. El gru\u00f1ido inicial que solt\u00f3 cuando se encamin\u00f3 hacia su presa, fruto quiz\u00e1 del susto, se convert\u00eda ahora en una sucesi\u00f3n de lametazos. Dudaba a\u00fan si lo que hac\u00eda era resta\u00f1ar la herida o simplemente alimentarse de mi sangre, que quiz\u00e1s le supiera a gloria bendita. Si yo hab\u00eda desayunado tostadas, huevos y beicon;\u00a0igual para \u00e9l no era menor manjar la sangre del marqu\u00e9s de San Esteban del Mar. Me lami\u00f3 repetidas veces, roz\u00f3 con su pata mi pecho en tres ocasiones, como si buscase un signo de vida, a lo que respond\u00ed con una\u00a0simulada indiferencia\u00a0y se fue. Inici\u00f3 su andar pausado paralelo al r\u00edo y se perdi\u00f3 entre la vegetaci\u00f3n del primer recodo\u00a0emitiendo un sonido seco, parecido al de mi propio caballo cuando acaricias sus s\u00f3lidos lomos. \u00bfEra una mueca de despedida o un gru\u00f1ido de advertencia como diciendo &#8216;no vuelvas a molestarme; est\u00e1s en mi territorio&#8217;?\u00a0 Acaso ambas cosas a la vez.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Dej\u00e9 pasar un pl\u00e1cido minuto procesando lo ocurrido, respirando junto al Pe\u00f1afrancia. Pens\u00e9 entonces en el baile de esa noche que conmemorar\u00eda mis diez a\u00f1os de matrim<\/strong><strong>onio. Podr\u00eda haberse convertido en funeral. Sin embargo, aquel oso hab\u00eda indultado al intruso que le hab\u00eda dado un susto de muerte. Me incorpor\u00e9 con un tremendo dolor de cabeza y comenc\u00e9 a caminar. Cuando tres horas despu\u00e9s llegaba a la orilla del Cant\u00e1brico, entre las dunas de arenisca que anunciaban la vecindad de Gij\u00f3n, el oso parec\u00eda fruto de un extra\u00f1o sue\u00f1o. En el palacio hab\u00eda un traj\u00edn enorme, la alarma hab\u00eda cundido con la llegada solitaria del roc\u00edn y muchos mozos hab\u00edan salido en mi busca. Mi esposa sali\u00f3 corriendo a la plaza del Marqu\u00e9s y me abraz\u00f3 mientras me interrogaba por lo ocurrido y observaba la herida\u00a0 en la frente. El oso me hab\u00eda dejado tambi\u00e9n\u00a0su marca, suavemente, en el cuello,\u00a0detr\u00e1s de la oreja izquierda. Aquel leve zarpazo ser\u00eda la estrella del baile conmemorativo de nuestros esponsales. El Conde de\u00a0Eguen, venido expresamente desde Potes, no daba cr\u00e9dito a mi narraci\u00f3n;\u00a0al tiempo que\u00a0los hermanos Bosco y Juan, expertos cazadores, conjeturaban sobre el comportamiento del plant\u00edgrado. Cuando nos lanzamos todos a la pista de baile, aquel oso disecado que presid\u00eda el sal\u00f3n, un ejemplar siberiano regalado a\u00f1os atr\u00e1s por los insignes cazadores, parec\u00eda mirarnos a todos como si nos estuviera perdonando la vida. Cruc\u00e9 mi mirada con aquellos ojos vidriosos, carentes de vida, y me sent\u00ed en deuda eterna con aquel bello animal.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando despert\u00e9, en\u00a0mi almena del Palacio Revillagigedo, a\u00fan no hab\u00eda amanecido. El servicio dorm\u00eda, as\u00ed que me instal\u00e9 c\u00f3modamente en la cocina con dos gruesas rebanadas de pan\u00a0untadas de aceite, un gran vaso de zumo de naranja y tres huevos fritos con beicon. 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