{"id":2769,"date":"2012-06-06T08:04:02","date_gmt":"2012-06-06T07:04:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2769"},"modified":"2012-06-06T08:04:02","modified_gmt":"2012-06-06T07:04:02","slug":"vida-y-aventuras-del-mollejo-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/06\/06\/vida-y-aventuras-del-mollejo-ficcion\/","title":{"rendered":"Vida y aventuras del Mollejo (ficci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Si la realidad te quita algo, la fantas\u00eda te lo puede devolver con creces. En absoluto puede estar prohibido vislumbrar c\u00f3mo, en aquel Boca de Hu\u00e9rgano leon\u00e9s, emergi\u00f3 como por arte de magia la leyenda de Francisco del Hoyo, quien convirti\u00f3 de la noche a la ma\u00f1ana su negocio mollejero en oro. Tal cantidad de mollejas plancha comenz\u00f3 a despachar a diario que se decidi\u00f3 a contratar los servicios de dos camareras somal\u00edes, ampliar el bar con un comedor adyacente y poner una pantalla gigante para ver el f\u00fatbol. Si las mejoras en el <!--more-->negocio fueron bien recibidas por la clientela, la presencia de dos fornidas\u00a0mujeres de raza negra\u00a0no le fue a la zaga. Los parroquianos llenaban &#8216;Los Madrugos&#8217; ma\u00f1ana, tarde y noche. Y el Mollejo comenz\u00f3 a hacer una aut\u00e9ntica fortuna. Entonces se decidi\u00f3 a &#8216;dar el salto&#8217;. Convenci\u00f3 al alcalde de Boca de Hu\u00e9rgano para costear la restauraci\u00f3n integral del torre\u00f3n medieval situado frente a su establecimiento. A cambio, s\u00f3lo pidi\u00f3 una cosa: instalarse en \u00e9l hasta su muerte. Luego quedar\u00eda de nuevo para el pueblo. El regidor accedi\u00f3, el torre\u00f3n recuper\u00f3 su secular esplendor y Francisco del Hoyo se instal\u00f3 en sus dependencias.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/06\/mollejo23.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6445\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/06\/mollejo23.jpg\" alt=\"\" width=\"202\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/06\/mollejo23.jpg 1170w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/06\/mollejo23-202x300.jpg 202w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/06\/mollejo23-768x1138.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/06\/mollejo23-691x1024.jpg 691w\" sizes=\"(max-width: 202px) 100vw, 202px\" \/><\/a>Comenz\u00f3 entonces la segunda fase de transformaci\u00f3n en su vida. El Mollejo sigui\u00f3 calzando madre\u00f1as, pero revestidas\u00a0ahora de ribetes dorados, acompa\u00f1adas casi siempre de un elegante pantal\u00f3n negro y camisa blanca de hilo. Arregl\u00f3 la dentadura, compr\u00f3 cadenas de oro e iniciaba cada jornada con un ba\u00f1o en agua de azahar mientras escuchaba m\u00fasica cl\u00e1sica y contemplaba el gran nido de cig\u00fce\u00f1as aposentado en el haya m\u00e1s pr\u00f3ximo al torre\u00f3n. Para completar el atrezo, adquiri\u00f3 un t\u00edtulo. El bar\u00f3n de Munchausen atravesaba horas bajas y se hizo con sus galones a precio de ganga, que \u00e9l adapt\u00f3 como el Mollejo de Munchausen (en versi\u00f3n leonesa). Tanto lujo de nuevo cu\u00f1o, siendo ya sexagenario, no impidi\u00f3 que Francisco del Hoyo siguiera atendiendo su negocio a diario, s\u00f3lo que en vez de desaparecer cada poco rumbo a la cocina para atender las peticiones de la clientela, se quedaba en la barra tertuliando, mientras transmit\u00eda las oportunas \u00f3rdenes a sus dos somal\u00edes, quienes no s\u00f3lo trabajaban con precisi\u00f3n sino que ten\u00edan embelesados a todos con su esbelta figura, su sonrisa perpetua y un espa\u00f1ol pronunciado a\u00fan con dificultad pero con una extra\u00f1a rudeza que le confer\u00eda un exotismo adicional. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El \u00e9xito del Madrugo enseguida traspas\u00f3 fronteras. Desde la capital leonesa, llegaba a veces el alcalde para degustar sus raciones de mollejas plancha, sus ensaladas con productos de la huerta situada detr\u00e1s de su vivienda original y esos filetes de vaca del valle de Ria\u00f1o que sab\u00edan aut\u00e9nticamente a filete, con unas patatas verdosas que eran como para chuparse los dedos. Tambi\u00e9n aparec\u00edan en ocasiones el obispo de Le\u00f3n, alg\u00fan afamado futbolista e incluso actores espa\u00f1oles que reivindicaban con su presencia en el Mollejo las m\u00e1s puras esencias de la gastronom\u00eda patria. Cada dos por tres se presentaba asimismo el monta\u00f1ero televisivo Jes\u00fas Calleja, quien inici\u00f3 la cr\u00f3nica de muchas de sus aventuras por el mundo con un directo desde el Madrugo, donde com\u00eda ante las c\u00e1maras tres raciones consecutivas de mollejas para coger fuerzas con vistas a sus ascensiones a las m\u00e1s altas cumbres. El Mollejo de Munchausen remataba muchas de estas gloriosas jornadas con amenas veladas en su torre\u00f3n. A \u00e9l invitaba a sus allegados de siempre: Tol\u00eds,\u00a0Tanis, Gaspar,\u00a0las t\u00edas Carmen y Lola, Gabriel y Mompracen con sus se\u00f1oras, los incondicionales gijoneses&#8230; All\u00ed cada cual se serv\u00eda sus chismes, como gustaba llamar Molle a los cacharros, y la tertulia y las chanzas se prolongaban hasta la madrugada.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Poco a poco, las somal\u00edes se fueron adue\u00f1ando del negocio. El Molle empez\u00f3 a reservar las ma\u00f1anas a sus aficiones para incorporarse a la barra mediada la tarde. En su tiempo libre, cultiv\u00f3 su gusto por la inventiva y la adaptaci\u00f3n de los artilugios propios del campo a utilidades m\u00e1s ambiciosas. En la c\u00fapula del torre\u00f3n era normal sorprenderlo enfrascado, por ejemplo, en la fabricaci\u00f3n de una inmensa madre\u00f1a, a la que ados\u00f3 el motor de una fueraborda. Con\u00a0ella tom\u00f3 afici\u00f3n a descender por el Esla hasta el pantano y perderse por alguno de sus vericuetos, en especial por el antiguo valle de Anciles, donde gustaba pescar grandes truchas asalmonadas. Cuando todos nos hab\u00edamos familiarizado con la singular silueta de aquella embarcaci\u00f3n, Molle dio un paso m\u00e1s en sus creaciones. Arm\u00f3 otra madre\u00f1a a\u00fan mayor con madera de roble, la equip\u00f3 con un potente motor de un motocultor, instal\u00f3\u00a0una serie de seis h\u00e9lices en la parte delantera y dos en la trasera; y la remat\u00f3 con cuatro ruedas para los despegues y aterrizajes; as\u00ed como una loneta para protegerse del calor.\u00a0 Esa fue la siguiente imagen singular del valle de Ria\u00f1o. Las vacas mugiendo en sus prados, las cig\u00fce\u00f1as pl\u00e1cidas en sus nidos y el bar\u00f3n de Munchausen leon\u00e9s surcando el cielo en su madre\u00f1ogiro cual Leonardo del siglo XXI. Con su aeronave rural se iba muchas ma\u00f1anas hasta el Gilbo, aterrizaba en una pradera situada a la espalda del valle y se echaba deliciosas siestas a la sombra de un \u00e1rbol. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Muchas fueron las pretendientes que le salieron en esos tiempos al se\u00f1or Del Hoyo. Aut\u00f3ctonas, veraneantes e incluso alguna extranjera de paso. Todas quedaban deslumbradas por su torre\u00f3n, sus ingenios y sus mollejas plancha. \u00c9l se dejaba querer, pero recelaba de tantas atenciones tard\u00edas. Por qu\u00e9 no vinieron antes,\u00a0se preguntaba\u00a0en privado. Y cuando alguien le suger\u00eda que le pod\u00eda venir bien tener compa\u00f1\u00eda a su edad, apostillaba: &#8216;Deeejate de l\u00edos&#8217;. \u00c9l era feliz en el bar, en sus navegaciones en solitario por el r\u00edo, en sus paseos aerost\u00e1ticos; tambi\u00e9n tom\u00f3 afici\u00f3n por la caza y abat\u00eda con gran tino venados en los montes situados\u00a0en las laderas\u00a0de Boca de Hu\u00e9rgano. Los trofeos comenzaron a adornar los salones del torre\u00f3n y la carta del Madrugo se enriqueci\u00f3 con deliciosos chuletones de ciervo. En ocasiones, a don Francisco le gustaba ataviarse con vestimentas de \u00e9poca, cambiaba sus madre\u00f1as por zapatos con hebilla, gastaba medias, chaquetas bordadas en oro y afrancesado peluqu\u00edn. De esa guisa, daba alg\u00fan que otro banquete en el torre\u00f3n e incluso se iba luego volando hasta el Yordas, oteando la caza con su catalejo y disparando desde las alturas a alguna pieza.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La fama le persegu\u00eda, a veces incluso le atosigaba, en especial cuando aparec\u00edan reporteros de toda Espa\u00f1a e incluso de la Uni\u00f3n Europea para entrevistarlo. Acuciado por el espacio, Molle hab\u00eda adquirido secretamente una gran nave en el valle de Hormas, donde fabricaba con la m\u00e1xima discreci\u00f3n un madre\u00f1ogiro de gran tama\u00f1o. Enseguida sospechamos que algo tramaba. As\u00ed fue como una ma\u00f1ana alguien vio una gran madre\u00f1a sobrevolando el cielo ria\u00f1\u00e9s y perderse sobre las Pintas. Hubo quien, al no regresar, pens\u00f3 en un accidente. Pero no\u00a0se escuch\u00f3\u00a0explosi\u00f3n alguna y la noticia de su ingenio volador deslumbrando a la Espa\u00f1a rural lleg\u00f3 enseguida a trav\u00e9s de los telediarios. Por la noche, hab\u00eda cruzado ya el Estrecho para adentrarse en \u00c1frica. Cuando supimos de su direcci\u00f3n, interrogamos a las somal\u00edes y acabaron por cantar. Eran ya tres a\u00f1os de convivencia y Molle hab\u00eda escuchado en ese tiempo a sus camareras demasiadas veces historias acerca de las necesidades de aquel pa\u00eds. \u00c9l lo ten\u00eda todo y all\u00ed no ten\u00edan nada. Tambi\u00e9n acumulaba sed de aventura. Desde su pret\u00e9rita \u00e9poca de taxista, apenas hab\u00eda vuelto a salir de Boca. As\u00ed que pidi\u00f3 a sus chicas que le transportasen a la nave de Hormas mollejas y v\u00edveres en abundancia. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Un mes despu\u00e9s de su estampida las somal\u00edes lograron saber, tras una larga conferencia, que el Mollejo estaba en su pa\u00eds. Para llegar con buen pie hab\u00eda lanzado mollejas, cecina y chorizo envasados a las aldeas m\u00e1s pobres\u00a0desde su madre\u00f1ogiro. Luego logr\u00f3 mantener una entrevista con el presidente somal\u00ed, a quien traslad\u00f3 su plan para mejorar la ganader\u00eda, aprovechar la casquer\u00eda de los animales y fabricar embutidos. Tambi\u00e9n sugiri\u00f3 abrir una l\u00ednea de exportaci\u00f3n de carnes ex\u00f3ticas envasadas al vac\u00edo. Y, con la pertinente autorizaci\u00f3n, se puso manos a la obra. Molle recorri\u00f3 las aldeas con un int\u00e9rprete, reuni\u00f3 a las poblaciones en torno a sus \u00e1rboles m\u00e1s milenarios y les instruy\u00f3 en las t\u00e9cnicas de despiece m\u00e1s id\u00f3neas, as\u00ed como en el correcto aprovechamiento de cada pieza. Tambi\u00e9n mejor\u00f3 sus huertas e introdujo el tomate, la lechuga y la cebolla, casi desconocidos hasta entonces. El Gobierno financiaba su proyecto distribuyendo en cada comunidad rural una m\u00e1quina envasadora y un frigor\u00edfico para la carne. La tarea fue ardua. Las charlas, infinitas. Pero su proyecto hab\u00eda prendido con el discurrir de los meses. Dos a\u00f1os despu\u00e9s de su partida lleg\u00f3 un d\u00eda al Madrugo un importante env\u00edo de Somalia. Cuando las camareras, ayudadas por dos j\u00f3venes labriegos, abrieron las cajas descubrieron carne envasada y fileteada de \u00f1u, cocodrilo y cebra. Tambi\u00e9n hab\u00eda una remesa espec\u00edfica de mollejas de hasta 21 especies animales diferentes. El negocio iba a experimentar una nueva ampliaci\u00f3n. Y Francisco del Hoyo estaba, sin duda, pr\u00f3ximo a volver.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0Tres semanas despu\u00e9s, cuando una extra\u00f1a sombra recorri\u00f3 la cumbre del Yordas, todo el valle de Ria\u00f1o alz\u00f3 su vista al cielo, por donde avanzaba suavemente, con su sonido celestial, la madre\u00f1a gigante del Mollejo. Cuando empez\u00f3 su descenso, una vez rebasado el pantano, para aterrizar junto al torre\u00f3n, todos pudimos ver asomado sobre aquel ingenio aerost\u00e1tico al m\u00e1s intr\u00e9pido, audaz y brillante vecino que jam\u00e1s hubiera dado el reino leon\u00e9s. En su amplia sonrisa se dibujaba el \u00e9xito de su empresa africana y en la de los cuatro ni\u00f1os somal\u00eds\u00a0que le acompa\u00f1aban, la ilusi\u00f3n con la que afrontaban el haber cambiado su miserable orfandad por\u00a0una nueva\u00a0vida propiciada por\u00a0aquel personaje de leyenda.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si la realidad te quita algo, la fantas\u00eda te lo puede devolver con creces. En absoluto puede estar prohibido vislumbrar c\u00f3mo, en aquel Boca de Hu\u00e9rgano leon\u00e9s, emergi\u00f3 como por arte de magia la leyenda de Francisco del Hoyo, quien convirti\u00f3 de la noche a la ma\u00f1ana su negocio mollejero en oro. 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