{"id":2778,"date":"2012-06-11T08:03:10","date_gmt":"2012-06-11T07:03:10","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2778"},"modified":"2012-06-11T08:03:10","modified_gmt":"2012-06-11T07:03:10","slug":"la-riqueza-y-pobreza-del-castellano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/06\/11\/la-riqueza-y-pobreza-del-castellano\/","title":{"rendered":"Vargas Llosa y Julia Otero"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuando el hijo mejora al padre en sus cualidades el sentimiento que acompa\u00f1a a este fen\u00f3meno evolutivo suele ser de orgullo. Sin embargo, esta m\u00e1xima aplicada a la lengua puede provocar tambi\u00e9n ciertas sensaciones vergonzantes para el transmisor. Si un espa\u00f1ol y un peruano, p\u00f3ngase por caso, entablan una conversaci\u00f3n crear\u00e1 cierta confusi\u00f3n en el espectador comprobar c\u00f3mo el segundo desgrana un florido verbo, rico en giros y matices, mientras el primero no pasa todo lo m\u00e1s del aprobado rampl\u00f3n. El presunto alumno da mil vueltas al <!--more-->profesor. En la sangre del primero corren posiblemente genes hispanos e incas a partes iguales; mientras en la del segundo s\u00f3lo habr\u00eda de los primeros. Acaso deber\u00eda parecer m\u00e1s puro el ADN de quien se qued\u00f3 en la madre patria, pero es el ADN mezclado el que mejor se expresa, el que combina con m\u00e1s acierto (cayendo a veces en el engolamiento) la diversidad del diccionario castellano con las mil formas de ordenar las palabras. <\/strong><strong>Viene al caso de esta reflexi\u00f3n la entrevista de Julia Otero a Mario Vargas Llosa, emitida la pasada semana por La 1, de RTVE. La espa\u00f1ola, licenciada en Filolog\u00eda, ofreci\u00f3 un pobre espect\u00e1culo: se expres\u00f3 vulgarmente, cometi\u00f3 errores de bulto, dijo lo contrario de lo que pretend\u00eda cuando aludi\u00f3 al erotismo e incluso convirti\u00f3 en ofensa un pretendido piropo (usted fue muy guapo) al utilizar el pasado en vez del presente. Pobre Otero, frente a un peruano nacionalizado espa\u00f1ol que se expres\u00f3 como cabe esperar de un Premio Nobel y Premio Pr\u00edncipe de Asturias, con acierto y floritura. <\/strong><\/p>\n<p><strong>No todos los pa\u00edses de Hispanoam\u00e9rica miman tanto a la lengua castellana. Los hay torpes en su pronunciaci\u00f3n (como los dominicanos, que se tragan las palabras, o los cubanos, simp\u00e1ticos ellos, pero con extra\u00f1os giros como terminar las erres en eles). Pero los hay impolutos como mexicanos y colombianos. Esta superaci\u00f3n del idioma materno al otro lado del charco, mientras aqu\u00ed incurrimos en el m\u00e1s cruel maltrato, me fue revelada en un autob\u00fas de l\u00ednea M\u00e9xico DF-Oaxaca all\u00e1 por el a\u00f1o 1996. Mi destino final era Puerto Escondido, donde proyectaba pasar unos d\u00edas\u00a0de relax tras una intensa semana de viaje de trabajo cubriendo el periplo de Sergio Marqu\u00e9s, entonces presidente del Principado,\u00a0por la Rep\u00fablica Dominicana y M\u00e9xico. La comitiva oficial se hab\u00eda vuelto a Espa\u00f1a mientras yo iniciaba en solitario unas vacaciones. Era un autob\u00fas lujoso, tipo supra espa\u00f1ol, y me hab\u00eda acomodado en el primer asiento, justo detr\u00e1s del conductor y el acompa\u00f1ante que hab\u00eda de darle relevos. Mi idea inicial era concentrarme en el paisaje, pero la atenci\u00f3n se me desviaba continuamente hacia aquellos dos mexicanos que no paraban de hablar. Qu\u00e9 pena de grabadora, pens\u00e9 enseguida. Los relatos del uno al otro no ten\u00edan desperdicio. &#8220;Ahora te voy a narrar, amigo Juan, c\u00f3mo el hombre\u00a0puede tener un comportamiento elevado en la vida y\u00a0sucumbir despu\u00e9s\u00a0a las m\u00e1s bajas tentaciones. En una hacienda de las afueras de Oaxaca&#8230;&#8221;.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Una historia suced\u00eda a la otra, expresadas de forma y manera que bastar\u00eda grabarlas, transcribirlas y publicarlas. No las contaba un escritor profesional, sino el ch\u00f3fer de una compa\u00f1\u00eda de transporte mexicana. En aquel viaje descubr\u00ed el cuidado del verbo en Hispanoam\u00e9rica. Permanec\u00ed cuatro semanas entre M\u00e9xico y Cuba. Al regresar comenz\u00f3 a chirriarme especialmente el castellano de los espa\u00f1oles: las frases mal construidas, los dichos tergiversados, las coletillas usadas para enlazar una idea con otra (&#8216;en plan&#8217;, &#8216;no sabes&#8217;, &#8216;vas decime t\u00fa a m\u00ed&#8217;, &#8216;quita pall\u00e1&#8217;), el uso indebido de muchas palabras en la profesi\u00f3n period\u00edstica (a nivel de, puntual, punto \u00e1lgido, desapercibido, ostentar, detentar, valorar negativamente&#8230;), cuando deber\u00eda ser precisamente la que sentara c\u00e1tedra y marcase el camino a seguir; y tantas y tantas barbaridades como salen por nuestra boca cada minuto de cada d\u00eda. Entonces profundic\u00e9 en la necesidad de tener siempre\u00a0un diccionario a mano, en beber todo el agua posible de los mejores manantiales literarios y, en definitiva, en intentar ser cada d\u00eda un poquito mejor juntaletras, siempre con la humildad como bandera y con la aspiraci\u00f3n de que nadie me confunda nunca\u00a0con Julia Otero (siguiendo el ejemplo inicial)\u00a0 ni pretender tampoco adornarme con el plumaje de Vargas Llosa. Ahora bien, puestos a recibir influencias positivas, sin duda ser\u00e1 mucho mejor escuchar, o leer,\u00a0al peruano. <\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando el hijo mejora al padre en sus cualidades el sentimiento que acompa\u00f1a a este fen\u00f3meno evolutivo suele ser de orgullo. Sin embargo, esta m\u00e1xima aplicada a la lengua puede provocar tambi\u00e9n ciertas sensaciones vergonzantes para el transmisor. Si un espa\u00f1ol y un peruano, p\u00f3ngase por caso, entablan una conversaci\u00f3n crear\u00e1 cierta confusi\u00f3n en el [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2778"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2778"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2778\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2778"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2778"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2778"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}