{"id":2886,"date":"2012-10-04T09:00:35","date_gmt":"2012-10-04T08:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2886"},"modified":"2012-10-04T09:00:35","modified_gmt":"2012-10-04T08:00:35","slug":"la-gesta-del-rio-colorado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/10\/04\/la-gesta-del-rio-colorado\/","title":{"rendered":"La gesta del r\u00edo Colorado"},"content":{"rendered":"<p><strong>Hay d\u00edas en tu vida dignos de enmarcar, d\u00edas en los que la emoci\u00f3n se desborda por todos los poros de tu piel y acabas por estallar de j\u00fabilo, d\u00edas en los que te sientes m\u00e1s vivo que nunca. Uno de esos d\u00edas lo viv\u00ed hace justo ahora tres a\u00f1os en el Gran Ca\u00f1\u00f3n del Colorado, en Arizona, USA, adonde llegu\u00e9 tras hacer noche en el Death Valley (Valle de la Muerte), incre\u00edble contraste des\u00e9rtico tras Yosemite, donde nada m\u00e1s llegar y mirar alrededor me saltaron las l\u00e1grimas en aquel viaje inolvidable iniciado en San Francisco. Con ese c\u00famulo de emociones en la mochila (San Francisco, Yosemite, Death Valley), el Gran Ca\u00f1\u00f3n llegaba como una m\u00e1s, pero ser\u00eda all\u00ed donde nos someter\u00edamos a una prueba de fuego imprevista. Era ya noviembre y la noche te cortaba los planes en torno a las 5.30 de la tarde. Al llegar tras una palicilla de coche, quedaba apenas tiempo de asomarse a la boca sur del Gran Ca\u00f1\u00f3n, la m\u00e1s afamada, casi a cinco horas al sur de Las Vegas. En un r\u00e1pido recorrido por los miradores, enseguida distinguimos uno con un camino descendente, el Bright Angel, en inagotables zigzags hasta el r\u00edo Colorado. <\/strong><\/p>\n<p><strong><!--more-->La enorme grieta del Ca\u00f1\u00f3n ofrec\u00eda vistas hasta una zona intermedia, unos mil metros m\u00e1s abajo, donde se estrechaba m\u00e1s, lo que te imped\u00eda distinguir el r\u00edo. Si quer\u00edas ver el r\u00edo Colorado, deb\u00edas bajar. Pero arriba estabas a 2.300 metros de altitud y abajo, a 700. Era una vertical terrible, pronunciada y muy larga. El folleto que te daban al entrar al parque dec\u00eda expl\u00edcitamente que ni se te pasara por la cabeza intentar bajar y subir en el d\u00eda. A ras de r\u00edo hab\u00eda una zona de acampada para hacerlo en dos jornadas, pero deb\u00edas tener tiempo y material adecuado (tienda, sacos, etc). Un problema adicional era que al amanecer hab\u00eda\u00a0 unos 6 o 7 grados y al mediod\u00eda unos 18 o 20, lo que dificultaba la vestimenta. Con todos esos datos en la cabeza, con poca luz, decidimos bajar un poquit\u00edn por aquel camino. Pero enseguida vimos que era tonto seguir, pues ir\u00edamos por ah\u00ed mismo al d\u00eda siguiente. Quedamos contemplando el paisaje hasta que entablamos conversaci\u00f3n con cinco alemanes veintea\u00f1eros que regresaban de no se sab\u00eda d\u00f3nde. Les ped\u00ed una foto con su propia c\u00e1mara (la nuestra hab\u00eda cascado dos d\u00edas antes) con objeto de que la enviaran\u00a0por correo electr\u00f3nico a la vuelta. Accedieron. Y ante la pregunta que de d\u00f3nde ven\u00edan dijeron que del mism\u00edsimo r\u00edo Colorado, lo cual demostraron con un v\u00eddeo en el que aparec\u00edan ba\u00f1\u00e1ndose en sus aguas. Ummmm. Tan largos se me pusieron los dientes que inici\u00e9 el interrogatorio: \u00bfCu\u00e1nto tiempo? Cinco horas bajar. \u00bfDuro? Muy duro. Los alemanes nos miraban e inisist\u00edan en que hab\u00eda que estar muy bien entrenado. La vena patria me empez\u00f3 a subir a la cabeza. \u00bfQu\u00e9 insinuaban con esas miradas? Buscamos hotel a las puertas del parque, cenamos en un restaurante mexicano con banda de country en directo y a las siete en punto de la ma\u00f1ana est\u00e1bamos en el mismo mirador de la v\u00edspera: pantal\u00f3n corto, playeros viejos y chubasquero fino de Decathlon, mochila, botella de agua, bocatas y linterna frontal por si se hac\u00eda de noche para volver. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Bajamos a un ritmo endiablado. A la mitad hab\u00eda una granja, \u00e1rboles y, lo m\u00e1s importante, un par de fuentes, que permitieron reponer la litrona. Hab\u00eda mochileros. Gente que iba en burro (en plan guiri). Pocos, muy pocos, que iban hasta abajo. El paisaje era brutal. Primero des\u00e9rtico. Con la cl\u00e1sica escena del buitre que planea entre rocas. Luego el vergel intermedio. Luego m\u00e1s camino intuyendo ya el r\u00edo. \u00cdbamos como motos, recordando las cinco horas de los fornidos alemanes veintea\u00f1eros. Era una carrera contra el reloj. Y a las 10.30 horas llegamos al r\u00edo Colorado, a sus pies, a su bravura. La emoci\u00f3n fue b\u00e1rbara. \u00a1En tres horas y media est\u00e1bamos abajo! Qu\u00e9 alemanes ni qu\u00e9 mi madre, joder. \u00a1Espa\u00f1a! \u00a1Espa\u00f1a! \u00a1Espa\u00f1a! Ech\u00e9 de menos no haber llevado una bandera para recolonizar el r\u00edo Colorado (que puso en el mapa un explorador espa\u00f1ol). Tras el fr\u00edo de las siete de la ma\u00f1ana, a las diez y media hac\u00eda calor. El r\u00edo iba veloz, alegre, ondulante, trazando una amplia curva. Empec\u00e9 a quit\u00e1rmelo todo, me puse un ba\u00f1ador y fui al ataque de dos americanones que acababan de llegar. Con auxilio marital, les expliqu\u00e9 que nuestra c\u00e1mara &#8220;its broken&#8221; y les rogu\u00e9 que nos hicieran una foto all\u00ed, a los pies del r\u00edo Colorado. Accedieron amables. Dos semanas despu\u00e9s, aquella pareja maja maj\u00edsima remitir\u00eda a mi correo electr\u00f3nico una docena de fotos en las que tambi\u00e9n me hab\u00eda inmortalizando ba\u00f1\u00e1ndome en el r\u00edo. Entrando con cara de emoci\u00f3n, sumergi\u00e9ndome con cuidado y saliendo. Brutal experiencia. Incre\u00edble sensaci\u00f3n de felicidad. Pero una putada en el horizonte. Despu\u00e9s de tres horas y media de megacaminata, quedaba volver. Y ahora ser\u00eda cuesta arriba. Descansamos hora y media, hasta el mediod\u00eda, comimos, soleamos y cogimos aire. Quiz\u00e1 la subida fueran de verdad cinco horas. La vertical era absoluta. De 700 a 2.300 metros muy inclinados. As\u00ed que nos despedimos del r\u00edo, apretamos los dientes\u00a0y arriba. La esposa subi\u00f3 como un torpedo, pese a ser la hora de m\u00e1s sol del d\u00eda, bebimos litros de agua en la zona intermedia de las fuentes y coronamos los miradores a las 3.50 de la tarde. Hab\u00edamos subido s\u00f3lo en veinte minutos m\u00e1s que la bajada. Una vez arriba, la felicidad era inmensa, la sensaci\u00f3n de haber logrado una gesta sobrehumana te arrancaba una sonrisa perpetua, las vistas eran maravillosas, mirabas abajo y te dec\u00edas: acabo de estar all\u00ed y estoy de nuevo aqu\u00ed. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Antes de dormir aquel d\u00eda memorable, 9 de noviembre de 2009, a\u00fan tuvimos tiempo de ver una pel\u00edcula panor\u00e1mica preciosa sobre la historia del Gran Ca\u00f1\u00f3n en un megacine situado a las puertas del parque y volver a cenar en el restaurante mexicano de carretera. Al d\u00eda siguiente, volar\u00edamos en helic\u00f3ptero sobre la Gran Grieta, en otra experiencia inolvidable acompa\u00f1ada por la m\u00fasica de &#8216;As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra&#8217;. Cag\u00f3n como soy para volar, pens\u00e9: No es mal sitio para morir. Cuando el helic\u00f3ptero se dej\u00f3 caer al llegar a la grieta, en un efecto calculado para impresionar al personal, los seis pasajeros lanzamos un &#8220;uyyyyy&#8221; al un\u00edsono, compensado enseguida por el piloto al remontar un poco el vuelo. No nos estrellamos. Viv\u00ed para contarlo. Y, sin duda alguna, pienso volver alg\u00fan d\u00eda para recorrer el r\u00edo en raffting, otra experiencia total que all\u00e1 por noviembre no se puede llevar a cabo. \u00a1Hasta pronto, r\u00edo Colorado! Que tiemblen los alemanes. Que all\u00ed volver\u00e1 la Armada Invencible Asturiana.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay d\u00edas en tu vida dignos de enmarcar, d\u00edas en los que la emoci\u00f3n se desborda por todos los poros de tu piel y acabas por estallar de j\u00fabilo, d\u00edas en los que te sientes m\u00e1s vivo que nunca. 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