{"id":2899,"date":"2012-07-19T08:38:38","date_gmt":"2012-07-19T07:38:38","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2899"},"modified":"2012-07-19T08:38:38","modified_gmt":"2012-07-19T07:38:38","slug":"el-senor-de-montalto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/07\/19\/el-senor-de-montalto\/","title":{"rendered":"El se\u00f1or de Montalto"},"content":{"rendered":"<p><strong>Vacaciones 2012 (2)<\/strong><\/p>\n<p><strong>El se\u00f1or de Montalto soy yo. Ya era hora de recibir un poco de reconocimiento a tanta entrega por la piel de toro. La gesta trujillense, la reconquista de Espa\u00f1a por Francisco de Pizarro, hab\u00eda tenido un inductor, un gijon\u00e9s que pas\u00f3 por la noble ciudad extreme\u00f1a en su viaje hacia la provincia de C\u00e1diz. El Comit\u00e9 de Sabios que hab\u00eda quedado al frente del pa\u00eds descubri\u00f3\u00a0la identidad al repasar los v\u00eddeos de los asaltos al Congreso de los Diputados. <!--more-->Hab\u00edan congelado la imagen en el preciso instante en que decapitaba de un certero espadazo a cinco diputados de una vez (dos de IU, dos del PSOE y cuatro del PP). En una foto de m\u00f3vil, tomada por un joven trujillense desde sus murallas, cuando abandonaba la se\u00f1orial urbe, se ve\u00eda n\u00edtidamente la matr\u00edcula del coche. As\u00ed dieron conmigo. El nombramiento fue tan r\u00e1pido que cuando, unos d\u00edas despu\u00e9s, llegu\u00e9 al Palacio de Medina Sidonia para alojarme, en el barrio alto de Sanl\u00facar de Barrameda, la habitaci\u00f3n reservada luc\u00eda mi escudo junto a la puerta. Inicialmente no me sent\u00ed identificado. Sin embargo, cuando decid\u00ed prolongar la estancia una\u00a0noche m\u00e1s, embargado por los aromas de barrica y el suave viento de Poniente, que entraban a la habitaci\u00f3n a trav\u00e9s de los jardines de palacio, cortados por el perfil de sus almenas, descubr\u00ed la verdad.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La camarera de la cafeter\u00eda me inform\u00f3 de que deb\u00eda telefonear a la encargada de palacio, ausente en esos momentos. Pas\u00f3 al recibidor, marc\u00f3 e inform\u00f3 a Cari, viuda de la duquesita, de mi petici\u00f3n de la siguiente manera: &#8220;El se\u00f1or de Montalto, que sale ma\u00f1ana, quiere estar una noche m\u00e1s&#8221;. Escuchar aquello e hincharme como un pavo fue todo uno. Me hab\u00eda llamado &#8220;el se\u00f1or de Montalto&#8221; a m\u00ed, a un espa\u00f1olito de a pie con oficio pero sin beneficio. Mi porte, desde aquel preciso instante, se trasmut\u00f3. Comenc\u00e9 a andar por los jardines de palacio m\u00e1s erguido, a mirar a mi alrededor de soslayo, a respirar con pausa. Indiqu\u00e9 a mi dama que a partir de entonces hab\u00eda de moderar el trato, guardar las formas, vaya. Y comenc\u00e9 a vivir en una nube como un aut\u00e9ntico pr\u00edncipe. La distinci\u00f3n, con la que estaba cayendo, no era remunerada. No tra\u00eda consigo tierras ni prebendas. Pero pose\u00eda ya mi peque\u00f1o terru\u00f1o de Arroes, con lo que empec\u00e9 a maquinar instalar a mi vuelta unos estandartes y adquirir a buen precio una yeguada. Asimismo, inici\u00e9 consultas v\u00eda tablet con los m\u00e1s prestigiosos esteticistas sobre la conveniencia de dejarme un bigotito fino sobre el labio superior. Hab\u00eda salvado a la patria, qu\u00e9 diantre. Ya no pod\u00eda ser el mismo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Aquel d\u00eda en que cambi\u00f3 mi identidad descend\u00ed a los cielos del barrio bajo de Sanl\u00facar con mi dama a mi derecha y la mirada al frente, saludamos a la plebe al estilo de los Pr\u00edncipes de Asturias, con una amable sonrisa y un velo en la mirada que les recordase en todo momento que se encontraban ante los Se\u00f1ores de Montalto. La Plaza del Cabildo bull\u00eda. Nos regocijamos con su ambiente y decidimos poner rumbo a Bajo de Gu\u00eda, a un lugar m\u00e1s \u00edntimo. All\u00ed nos aguardaba El Bigote, restaurante se\u00f1ero donde los haya, con su due\u00f1o aguardando en la puerta. Hizo adem\u00e1n de besarme la mano o cuando menos acariciar con sus labios el sello con una piedra de zafiro que me hab\u00eda colocado en mi anular. &#8220;Mi se\u00f1or, ha salvado usted a Espa\u00f1a&#8221;, clam\u00f3. Sus palabras me conmovieron y decid\u00ed abrazarlo superficialmente. Luego lleg\u00f3 la bacanal gastron\u00f3mica: carpacho de lomos de gamba blanca, tataki de at\u00fan rojo, piparrada, ventresca a la plancha, dulces de las monjas y bizcochos borrachinos. Todo ello regado con una botella de Antonio Barbadillo y remachado con un rico caf\u00e9 y unos licores. Al finalizar, literalmente levitaba. Hab\u00eda trabado amistad con el camarero, quien me informaba puntualmente de las novedades del Bigote. Acaba de pasar un famoso. \u00bfQui\u00e9n? Jurado, el futbolista del Shalke 04. Ah. \u00bfY Guiza? \u00bfSigue por aqu\u00ed? S\u00ed, vive aqu\u00ed. Ya tiene casa. Pero hoy no ha venido. Ahhhh. Mi t\u00edtulo me hab\u00eda decidido a rematar alguna frase que otra\u00a0con interjeciones artificialmente alargadas. Un toque de distinci\u00f3n que juzgu\u00e9 apropiado.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Mis d\u00edas en Sanl\u00facar de Barrameda resultaron como un b\u00e1lsamo. Pero mi fama crec\u00eda. A las puertas del Palacio de Medina Sidonia era habitual toparte con agrupaciones de parroquianos que aguardaban para vitorear la gesta de Trujillo. Era grato tanto reconocimiento, pero mi dama y yo acabamos por a\u00f1orar nuestro anonimato. As\u00ed que comenzamos a salir y entrar de palacio por una zona almenada por donde resultaba f\u00e1cil trepar. Despojado de los ropajes y el anillo, con un informal pantal\u00f3n corto, logr\u00e9 ver la final de la Eurocopa 2012 confundido con la plebe en la plaza de San Roque. En unas sillas improvisadas frente a un televisor me puse ciego de jam\u00f3n ib\u00e9rico, queso de oveja y rebujitos mientras aplaud\u00eda con alegr\u00eda los goles de Espa\u00f1a, hac\u00eda la ola con el populacho y me llenaba de Hispanidad bramando consignas patrias. \u00a1Qu\u00e9 tarde aquella! A mi lado, un jerezano y un sanluque\u00f1o descubrieron la identidad astur de sus vecinos de silla y rememoraron con su gracejo habitual sus d\u00edas por las Asturias, el mucho ambiente y los pocos ni\u00f1os de nuestra tierra y aquella caja de sidra que se llevaron al Sur de recuerdo de la que s\u00f3lo lleg\u00f3 una botella entera a destino. &#8220;Quillo, no s\u00e9 qu\u00e9 pas\u00f3 por el camino, pero s\u00f3lo nos\u00a0pudimos beber\u00a0una&#8221;.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando lleg\u00f3 la hora de regresar al Norte, se acumulaban en la retina las sesiones de playa en el Cabo Trafalgar, las pitanzas en Vejer de la Frontera\u00a0y Punta Paloma, los paseos costeros por Chipiona, el flamenco destilado en el Bodeg\u00f3n de Arte A Contratiempo, las jornadas gastron\u00f3micas en Balbino, las sesiones de silla y sombrilla en Costa Ballena, los aromas de las bodegas de fino y manzanilla, el se\u00f1or\u00edo de Jerez, el gracejo y simpat\u00eda de los gaditanos&#8230; Tal era el c\u00famulo de sensaciones vividas que el Se\u00f1or de Montalto se descubri\u00f3 de repente al borde del llanto. \u00bfPor qu\u00e9 abandonar esta bella tierra? \u00bfCu\u00e1ndo regresar de nuevo? Pero otras empresas le aguardaban en esta Espa\u00f1a nuestra tan llena de colores y sabores. La experiencia acumulada por el t\u00edtulo nobiliario tan justamente adquirido\u00a0era breve pero intensa. Sin embargo, Montalto y su dama concluyeron que les plac\u00eda m\u00e1s la vida an\u00f3nima, fundirse con el pueblo como siempre hicieron sin protocolos ni alharacas. Tras una sincera conversaci\u00f3n mantenida en los jardines de palacio, fundida con un hermoso y mundano morreo, decidieron donar a la Fundaci\u00f3n Medina Sidonia los escudos, blasones y vestuarios recibidos con motivo del nombramiento; as\u00ed como girar una misiva al Comit\u00e9 de Sabios que dirig\u00eda con mano certera el rumbo del pa\u00eds en la que expresaban su agradecimiento y su renuncia. Con atuendo ligero, la feliz pareja abandon\u00f3 la morada sanluque\u00f1a sin que la masa agrupada ante sus puertas, que crec\u00eda d\u00eda a d\u00eda, intuyera siquiera que quien se abr\u00eda paso eran el Se\u00f1or y la Se\u00f1ora de Montalto.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><\/strong>\u00a0<a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/montalto.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-2907\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/montalto.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vacaciones 2012 (2) El se\u00f1or de Montalto soy yo. Ya era hora de recibir un poco de reconocimiento a tanta entrega por la piel de toro. 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