{"id":2922,"date":"2012-07-25T08:21:45","date_gmt":"2012-07-25T07:21:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2922"},"modified":"2012-07-25T08:21:45","modified_gmt":"2012-07-25T07:21:45","slug":"un-pais-para-comerselo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/07\/25\/un-pais-para-comerselo\/","title":{"rendered":"Un pa\u00eds para com\u00e9rselo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Vacciones 2012 (4)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando haces las maletas para abandonar Sanl\u00facar algo se muere en el alma. Te vas del para\u00edso. Es 4 de julio. En Gij\u00f3n llueve. Pero no todo est\u00e1 perdido. Antes habr\u00e1 una escala en la monta\u00f1a leonesa y el d\u00eda de autos, un recorrido por Espa\u00f1a con parada y fonda en La Alberca (Salamanca), pueblo con fama de ser uno de los m\u00e1s guapinos de la piel de toro. La clave del viaje es olvidar la prisa, ir saliendo de la autov\u00eda de la plata, aprovechar esas <!--more-->carreteras nacionales largas y rectas por donde puedes ir a cien por hora y ver paisajes que la autov\u00eda te oculta. As\u00ed que lo primero es dejar la autopista a la altura de Jerez y tomar la carretera de Lebrija y Cabezas de San Juan para llegar a Sevilla. Menos kil\u00f3metros\u00a0y m\u00e1s vi\u00f1edos de palomino fino, campos de albariza sin cultivar, plantaciones de girasol, pueblos blancos. Con este ambiente relajado, escuchando Radio Ol\u00e9, pido licencia a la esposa para llamarla Imanol (Arias) o Juan (Echanove). Le dejo elegir. Nos disponemos a grabar un cap\u00edtulo de &#8216;Un pa\u00eds para com\u00e9rselo&#8217;. Se queda con Imanol.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La primera parada ser\u00e1 en la serran\u00eda de Huelva. A la izquierda de la carretera despunta Santa Olalla del Cala (escrito con elle y con del, raro raro), un bonito pueblo que domina una cordillera monta\u00f1osa. Buscamos una plaza con bares para comer ligero, pero no la hay. Los bares se suceden en la carretera principal. Inspeccionas y distingues el Hostal Restaurante Carmelo, con una terraza protegida por un techo alto. Buena pinta. All\u00ed comer\u00e9 con Imanol el mejor gazpacho de mi vida (y mira que he tomado gazpachos), aderezado con huevo y birutillas de pimiento rojo. Rematamos la faena con unas carrilleras ib\u00e9ricas que se deshacen en la boca. Las ayudas con una cerveza fr\u00eda, reba\u00f1as el plato con el pan y acabas con un caf\u00e9 con hielo. Una comida ligera, de alta calidad y muy barata. Le pregunto a Imanol si pasamos a la cocina para grabar unas tomas con la cocinera, pero optamos por seguir viaje. Hay mucho trecho por delante. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En Plasencia nos desviamos de nuevo de la autov\u00eda de la plata. Toca inspeccionar el Jerte. El valle es precioso. Sin embargo, sus tres pueblos son m\u00e1s bien pueblones, llenos de almacenes. Est\u00e1n apilando la cereza en cajas. En cada pueblo puede haber treinta naves dedicadas a la cereza. Paramos delante de un peque\u00f1o negocio familiar donde est\u00e1n en plena faena con un cartel de reclamo donde pone &#8216;Cerezas, 1 euro&#8217;. Compramos una caja\u00a0a medio llenar de las m\u00e1s gruesas. Parecen picotas. Cobran 2,50. Est\u00e1n de esc\u00e1ndalo. El postre que no tomamos en Huelva se concreta en C\u00e1ceres. Las cerezas m\u00e1s ricas de Espa\u00f1a entran en mi boca, y en la de Imanol, como la m\u00e1s pura ambros\u00eda. Ummmm. Aqu\u00ed tambi\u00e9n proceder\u00eda una toma con los recolectores, hablando del momento de maduraci\u00f3n, de la tarea de la recogida, de los destinos&#8230; Pero los pobres est\u00e1n a tope, as\u00ed que les dejamos a lo suyo. Lo nuestro es trepar el valle hasta el fondo. O sea, subir el Tornavacas. Desde el mirador de arriba, donde el Jerte\u00a0empalma con\u00a0la vertiente\u00a0Oeste de la Sierra de Gredos,\u00a0hay una vista maravillosa a ambos lados. Tomamos unas fotos y seguimos. Te asomas a un bonito pueblo en altura, en medio de un amplio valle: El Barco de \u00c1vila. Y giras por la carretera de B\u00e9jar en direcci\u00f3n a Candelario.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Hay dos pueblos en Salamanca que se disputan el p\u00f3dium del m\u00e1s bello: Candelario y La Alberca. Pararemos en el primero y dormiremos en el segundo. Candelario est\u00e1 oculto en la ladera de una monta\u00f1a. Est\u00e1 a 1.100 metros de altitud. Tiene empinadas calles recorridas por regaderas y est\u00e1 construido casi al completo en bonitos edificios de dos plantas, at\u00edpicos para los pueblos de Espa\u00f1a. Todas las casas tienen una segunda puerta que las guarece de la lluvia y\u00a0la nieve. Paseamos por las empinadas cuestas de Candelario, entramos a un ultramarinos y compramos un hermoso bote de piment\u00f3n y una torta del Casar. El hijo y la madre discuten al ser preguntados por la carretera rumbo a La Alberca. Ella dice que pasemos recto el sem\u00e1foro de B\u00e9jar en direcci\u00f3n Ciudad Rodrigo, pero insiste en que lo hagamos cuando est\u00e9 abierto. El hijo corrije a la madre. No lo van a pasar en rojo. Y as\u00ed, en pleno debate, les dejamos. Hora y media despu\u00e9s, tras infinitas curvas por el Parque de las Batuecas y la Sierra Francia, llegamos a La Alberca justo cuando comienza a anochecer. El d\u00eda ha sido largo, pero a Imanol Arias y Juan Echanove les queda la cena. El Hotel Las Batuecas tiene muy buena pinta por fuera y una redecoraci\u00f3n errada por dentro tras un aparente pasado glorioso. En alg\u00fan pasillo temes encontrarte a las ni\u00f1as gemelas de El Resplandor. Quiz\u00e1s hayan crecido y se hayan fundido en la recepcionista, sobrada de peso y de ganas de hablar cuando ya sal\u00edas por la puerta corriendo para cenar. \u00bfAs\u00ed que de Gij\u00f3n? Recuerdo cuando me ba\u00f1\u00e9 en Poniente y se me empezaron a hinchar las piernas del fr\u00edo que hac\u00eda&#8230; Bla bla bla. Mi primer imput, con el est\u00f3mago pidiendo alpiste, fue sacar la motosierra de la maleta y hacer un trabajito r\u00e1pido (podr\u00edamos rodar El Resplandor II). Pero aguantamos educadamente cinco minutos de chorreo gijon\u00e9s y salimos a la carrera. <\/strong><\/p>\n<p><strong>A los tres minutos hab\u00edamos dado en la diana tras maravillarnos por las calles de La Alberca con sus casitas de chocolate. En la plaza principal, en El balc\u00f3n, un bar con tipismo, comenzaron a desfilar tapas y raciones: una croqueta de bacalao, unas cortezas de cerdo, unas papas estilo aut\u00f3ctono, una sopa de ajo y unos boletus para chuparse los dedos. Todo ello regado con vino de la tierra y culminado con una cuajada. Ummm. Mientras degustaban la gastronom\u00eda salmantina, Juan apostaba por La Alberca e Imanol dudaba. Entre ambos se abri\u00f3 un interesante debate sobre la belleza de los pueblos y los criterios para establecerla. Algunos, matizaba Juan, pueden ser preciosas postales, pero no buenos sitios para vivir, algo muy a tener en cuenta. La conversaci\u00f3n gir\u00f3 luego sobre el jam\u00f3n ib\u00e9rico que maquinaban comprar al d\u00eda siguiente tras un paseo diurno por el pueblo y su entorno, la comida en la Cueva del Cura (en Valdevimbre), donde se reencontrar\u00edan con esa incomparable tortilla guisada y esas mollejas para chuparse los dedos y los canutillos de postre con caf\u00e9 casero; y la cena, ya en Ria\u00f1o (Le\u00f3n), donde se habr\u00edan de conformar con unos huevos fritos con beicon para seguir chup\u00e1ndose los dedos otro poco m\u00e1s; tras recorrer las carreteras nacionales leonesas y palentinas a ritmo dominguero con buena m\u00fasica y mejor compa\u00f1\u00eda&#8230;<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vacciones 2012 (4) Cuando haces las maletas para abandonar Sanl\u00facar algo se muere en el alma. Te vas del para\u00edso. 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