{"id":2955,"date":"2012-07-30T09:52:41","date_gmt":"2012-07-30T08:52:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2955"},"modified":"2012-07-30T09:52:41","modified_gmt":"2012-07-30T08:52:41","slug":"casun-soria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/07\/30\/casun-soria\/","title":{"rendered":"\u00a1Casun Soria!"},"content":{"rendered":"<p><strong>Vacaciones 2012 (6)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Dos semanas completas fuera de Gij\u00f3n cunden. C\u00e1diz, Extremadura, Salamanca, Le\u00f3n&#8230; Cuando deshaces la maleta un domingo por la noche te dispones a pasar tus \u00faltimos d\u00edas de vacaciones en tierra astur: ir a la playa, poner Arroes al d\u00eda, subir a la base del Urriello. Sin embargo, el lunes amanece con un manto de agua que lo inunda todo. El martes contin\u00faa. Te sorprendes, un 10 de julio, con gorro de agua, botas, desbrozadora en mano, atacando masas de hierba en torno a los \u00e1rboles. Y decides en un instante, \u00a1casun Soria!, hacer la maleta de nuevo. Llamas a la esposa y le plantas una oferta irrenunciable: busca un vuelo barato adonde sea y si no lo hay cogemos el coche y <!--more-->nos vamos. No hay vuelos baratos en caliente, as\u00ed que\u00a0tras la comida\u00a0nos subimos al coche camino de Soria a recrear, o completar, un maravilloso viaje de hace ya diez a\u00f1os. Porque Soria, se\u00f1ores del jurado, es una de las m\u00e1s bellas provincias de Espa\u00f1a. Y mientras diluvia en Gij\u00f3n &#8216;Eltiempo.es&#8217; dibuja unos bonitos soles en Castilla y Le\u00f3n con temperaturas de\u00a0entre 25 y 30 grados. O sea, verano. \u00a1Como marca el calendario!<\/strong><\/p>\n<p><strong>Vamos por Torrelavega, giramos hacia Burgos por una carretera con demasiados pueblos y demasiados coches. Pero el milagro se obra una vez m\u00e1s. Cuando asomas a la provincia burgalesa tras el segundo puerto, el cielo se abre de par en par. Se disipan las brumas y el sol empieza a picar. Parece que sales de una caverna maldita. En cuatro horas y cincuenta minutos estamos en Ucero, un precioso pueblo que parece un nacimiento situado a tres kil\u00f3metros del inicio del Ca\u00f1\u00f3n del R\u00edo Lobos. Tomamos habitaci\u00f3n con vistas en la casa rural Los Templarios y apuramos los \u00faltimos rayos de sol para subir hasta el castillo (tambi\u00e9n templario) situado frente al pueblo, en una colina desde donde lo dominas todo. La chica del hotel es maja, expeditiva, llama a sus visitantes &#8216;chicos&#8217; todo el rato y les da todo tipo de explicaciones. El marido, m\u00e1s reservado, queda bautizado autom\u00e1ticamente como Munitis. Es igual que el bregado extremo del Racing. Juntos restauraron un caser\u00f3n familiar, recargaron un tanto el interior y se han dedicado a eso que se viene en llamar turismo rural. Otra salida laboral no ten\u00edan, advierte la chica que\u00a0te llama chico todo el rato. Tienen una buena letra para unos buenos a\u00f1os, pero ellos viven en el \u00e1tico, o sea que pagan casa y negocio de una vez. \u00bfEnvidia? Un tanto. En la parrilla de San Bartolo, el \u00fanico de los tres restaurantes del pueblo que no es hotel, cenamos de vicio: piparrada, ensalada, somarrillo, vino de la tierra y postre.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Con agradables aromas de secano te metes en la cama, un tanto divorciado del &#8216;climax Gij\u00f3n&#8217;. El mi\u00e9rcoles aguarda el Ca\u00f1\u00f3n del R\u00edo Lobos, diez kil\u00f3metros de senda rodeado de singulares paredes calizas llenas de oquedades donde anida el buitre leonado. En algunos tramos puedes ver hasta una docena a un tiempo sobrevolando tu sesera. Hace diez a\u00f1os, echamos una siesta despu\u00e9s del bocata y al abrir los ojos esa docena de buitres se hab\u00eda doblado y estaba a una distancia cada vez menor de los siesteantes. \u00bfEstar\u00edan calibrando la inmovilidad? Mejor levantarse. Esta vez, el ca\u00f1\u00f3n est\u00e1 casi desierto de humanos, pero curiosamente de repente nos topamos con el Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol. Unos doscientos soldados pasan a buen ritmo, ya de vuelta, dejando atrapados en medio de su fila a un padre con dos hijos que parten a la tropa en dos. Cuando pasan los civiles, tras mil saludos a la soldadesca, el comentario es inevitable: &#8216;Vais bien escoltados&#8217;. El padre y los hijos sonr\u00eden. Adem\u00e1s de los buitres, acompa\u00f1an la caminata las ranas, que llenan el r\u00edo Lobos c\u00f3modamente aposentadas en nen\u00fafares. Tambi\u00e9n se atraviesan varios lagartos\u00a0en el camino\u00a0y un sinf\u00edn de p\u00e1jaros: mart\u00edn pescador, aviones, alimoches&#8230; Un ba\u00f1o en una poza, otra peligrosa siesta y vuelta, despu\u00e9s de haber llegado hasta el puente de los siete ojos. El reposo en Ucero es, por la tarde, algo as\u00ed como el pl\u00e1cido descanso del guerrero antes de volver a la rica parrilla. Donde muere el r\u00edo Lobos, nace el r\u00edo Ucero, un aut\u00e9ntico jard\u00edn bot\u00e1nico en s\u00ed mismo, cuajado de flores acu\u00e1ticas, que recorreremos al d\u00eda siguiente por ambas orillas antes de ir por tercera vez a la parrilla y dedicar la tarde a la lectura. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Con el sol debilitado toca excursionear. El Burgo de Osma es una maravilla monumental. Pueblo\/ciudad con se\u00f1or\u00edo, murallas y soportales. Y Calata\u00f1azor, en su alto, con su castillo, rememora la an\u00e9cdota de hace diez a\u00f1os, cuando entramos en coche al pueblo cerca de las once de la noche, hambrientos,\u00a0buscando un sitio para cenar y al atinar con un restaurante abierto saqu\u00e9 la cabeza por la ventanilla gritando al (presunto) vac\u00edo \u00a1Catala\u00f1azooooor! \u00a1Catala\u00f1azoooor! Un grito de guerra (equivocando la ele y la te) con el que quer\u00eda mostrar mi alegr\u00eda por el hallazgo de pitanza en aquellas calles despobladas. Sin embargo, un joven que sali\u00f3 de la nada pas\u00f3 de repente rozando mi cabeza y mir\u00e1ndome como si estuviera chiflado. Una vez aparcado, al entrar al restaurante, aquel mismo joven nos entreg\u00f3 la carta tras preguntar qu\u00e9 quer\u00edamos para beber&#8230; Esta vez atiende un hombre un tanto malencarado. Pido codornices escabechadas y jarra de vino. Cuando le diga que &#8216;vaya lo que me ha hecho currar con los huesecillos de las codornices&#8217; mostrar\u00e1 una sonrisa, recomendar\u00e1 abiertamente el helado de chocolate y menta (espectacular) y abrir\u00e1 su castellano coraz\u00f3n a los viajeros. Es astorgano y tras ser vendedor de muebles durante veinte a\u00f1os, la empresa le mand\u00f3 al paro, ha cogido el restaurante en traspaso e inicia una nueva vida. Curiosa historia. Al marchar nos recomendar\u00e1 unas jornadas moz\u00e1rabes con gastronom\u00eda y baile del vientre incluido que celebran en noviembre. Tomamos nota. Camino de Ucero, de noche, con m\u00fasica cl\u00e1sica y la ventanilla bajada, huele a pino fresco mientras insistentes carteles te advierten de la irrupci\u00f3n de venados en la calzada. No ser\u00e1 un venado sino un jabal\u00ed el que se atraviese con margen suficiente para frenar y contemplarlo, panchu panchu, sin inmutarse.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El viernes toca dejar Ucero, aut\u00e9ntico para\u00edso soriano. Munitis dice satisfecho que todo el mundo repite. No pienso estropearle la m\u00e1xima. Repetir\u00e9. Quiz\u00e1s incluso tripita. Trazamos una vuelta a Gij\u00f3n con paradas que amortig\u00fcen la pena de ir alej\u00e1ndose de Soria. Nos aguarda Santo Domingo de Silos, con celestial visita al monasterio, Covarrubias, con buena comida, y Villadiego, con su curioso pasado&#8230; Pero eso, se\u00f1oras y se\u00f1ores del jurado,\u00a0esa es\u00a0otra historia.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vacaciones 2012 (6) Dos semanas completas fuera de Gij\u00f3n cunden. 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