{"id":2966,"date":"2012-07-31T00:38:02","date_gmt":"2012-07-30T23:38:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=2966"},"modified":"2017-10-27T10:52:42","modified_gmt":"2017-10-27T08:52:42","slug":"silos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/07\/31\/silos\/","title":{"rendered":"El gu\u00eda de Silos"},"content":{"rendered":"<p><strong>Vacaciones 2012 (y 7)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Como era de esperar, en Silos reina la paz. Pero no tanta. A Santo Domingo de Silos se llega por una desviaci\u00f3n de la carretera nacional Soria-Burgos, un sinuoso trayecto, con bonitos paisajes, por el que te acabas asomando a un valle oculto. En la parte alta del pueblo, tras las \u00faltimas casas, accedes a un gran aparcamiento que delata ciertas aglomeraciones en momentos cr\u00edticos. Quiz\u00e1 en Semana Santa y en agosto. Pero es julio y apenas lo habitan dos o tres coches m\u00e1s. El monasterio est\u00e1 en el centro del pueblo. Tras franquear la puerta de entrada, descubres una tienda de recuerdos y un mostrador, donde un se\u00f1or\u00a0m\u00e1s bien\u00a0seco te cobra y te invita a\u00a0incorporarte a la visita guiada que comenz\u00f3 hace cinco minutos. Te <!--more-->incorporas. Un gu\u00eda vestido de tonos grises y azules con el pelo perfectamente peinado (imagino &#8216;estilo Valladolid&#8217;), la tez blanca y la barba pulcramente afeitada describe las excelencias del\u00a0claustro y de los diez siglos que le contemplan como si estuviera rezando el rosario. Enumera estilos, \u00e9pocas, caracter\u00edsticas y virtudes con el mismo ritmo monocorde y acelerado. Unas palabras se comen a las otras, hasta hacer casi imposible procesar todos los datos. Cuando se detiene en el rinc\u00f3n del valioso relieve en el que Santo Tom\u00e1s <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto0458.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6909\" style=\"margin: 11px; border: 11px solid black;\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto0458.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto0458.jpg 1536w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto0458-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto0458-768x1024.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a>inserta su dedo \u00edndice en la llaga de Jesucristo suena un m\u00f3vil y sin alterar un \u00e1pice su explicaci\u00f3n intercala un escueto, pero duro, &#8220;m\u00f3viles no&#8221; para censurar a la pecadora, tras lo cual prosigue su\u00a0magistral lecci\u00f3n. Luego parar\u00e1 a mitad del segundo pasillo, donde una columna entrelazada, diferente a las dem\u00e1s, revela el cambio de siglo (era 1.100) en la fase constructiva. Y un poco m\u00e1s adelante, ante el afamado cipr\u00e9s de 25 metros y 150 a\u00f1os de vida, donde recitar\u00e1\u00a0de memoria el\u00a0afamado soneto de Gerardo Diego: &#8220;Enhiesto surtidor de sombra y sue\u00f1o \/ que acongojas el cielo con tu lanza \/ <strong>chorro que a las estrellas casi alcanza \/ devanado a s\u00ed mismo en loco empe\u00f1o \/ M\u00e1stil de soledad \/ prodigio isle\u00f1o&#8230;&#8221;.<\/strong> Salvo el incidente del m\u00f3vil, estamos todos como en misa. No sabemos si gritar bravo o remachar sus ripios con un te alabamos \u00f3yenos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La visita concluye en unas habitaciones anexas, donde se puede contemplar la antigua botica del convento y el museo. Ah\u00ed se despide el recitador impenitente, dej\u00e1ndote unos minutos para contemplar los &#8216;trofeos&#8217; religiosos del monasterio. Pero lo cierto es que\u00a0se ha hecho demasiado corta. Apetece volver al gran tesoro de Silos.\u00a0Cuando el resto del grupo se va,\u00a0empujas una puerta misteriosa que te devuelve al claustro, donde el abnegado gu\u00eda ha empezado de nuevo la lecci\u00f3n. Te mantienes a una pruedente distancia, para no molestar, mientras vas recorriendo\u00a0por segunda vez los\u00a0pasillos analizando detalles, respirando sin prisas\u00a0la espiritualidad del lugar. Al cabo de unos minutos, compruebas c\u00f3mo el recitador de Silos se detiene otra vez ante el cipr\u00e9s y\u00a0recita una vez m\u00e1s, sin pausa entre las frases anteriores y las siguientes: &#8230;flecha de fe, saeta de esperanza \/ Hoy llego a ti, riberas del Arlanza \/ peregrina al azar mi alma sin due\u00f1o&#8230;&#8221;. Conduce al grupo a la botica y se hace un dulce silencio en el ambiente.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto04602.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6912\" style=\"margin: 11px; border: 11px solid black;\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/07\/Foto04602.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>Me invade la duda de si estamos ante un cura o un seglar y creo aclararla, en favor de la segunda opci\u00f3n,\u00a0cuando antes de marchar le hago una pregunta y le felicito. &#8220;Gracias. Ya son nueve a\u00f1os&#8230;&#8221;. O sea que este buen hombre lleva m\u00e1s de tres mil d\u00edas diciendo lo mismo con sus puntos, sus comas, sin apenas respirar. Lo imagino dentro de otros seis mil d\u00edas ahorcado en el cipr\u00e9s, agotado de tanto hablar, entregando su vida al claustro de sus amores, con los versos de Gerardo Diego manuscritos\u00a0en su\u00a0despedida, prendida de su inmaculada americana azul marino. Pero intento borrar la imagen con rapidez y cambiamos el monasterio de Silos por una mundana carnicer\u00eda, donde compramos unas morcillas de Burgos. Est\u00e1 el kilo a 5,50 euros. Compro dos kilos. Tras cultivar el esp\u00edritu, hay que atender las necesidades del cuerpo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>A las dos menos cuarto entramos a la iglesia del monasterio. Vuelta al esp\u00edritu. Seg\u00fan nos han anunciado, los monjes irrumpen en \u00e9l a esa hora para cantar un poco de gregoriano. Una veintena de curiosos ocupamos las primeras filas. Se abre una peque\u00f1a puerta tras el altar y van saliendo monjes encorvados, se persignan y ocupan la siller\u00eda desplegada a ambos lados. Distingo al gijon\u00e9s que ha sido abad y que escribe los domingos en EL COMERCIO, espigado, cuarent\u00f3n y con gafas. A la hora establecida comienza el gregoriano. Suena celestial, relajante, triste. Quince minutos despu\u00e9s, retornan a esa peque\u00f1a puerta por la que aparecieron. Uno de ellos, el m\u00e1s joven, tiene una tarea diferente, pues atraviesa la iglesia\u00a0por el pasillo central\u00a0para girar luego hacia otra misteriosa puerta. En su camino se le han levantado los pliegues de su vestimenta. Me ha recordado al adolescente de &#8216;El nombre de la rosa&#8217; y tambi\u00e9n un poco a &#8216;Harry Potter&#8217;. No me hubiera extra\u00f1ado nada que saliera volando de la iglesia hacia una luz cegadora y entrase en guerra con una extra\u00f1a bruja por el camino. Pero lo cierto es que desaparece por una puerta oscura y quienes salimos a la luz somos nosotros. Afuera, vuelves a pensar en las morcillas de Burgos, m\u00e1s tangibles que el gregoriano y empiezas a maquinar que puedes hacer una con lentejas y otra en rodajas a la plancha con salsa de\u00a0tomate casera y pimientos rojos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El gregoriano no impide que los pensamientos gastron\u00f3micos te abran el apetito. Son las dos. Has de llegar a\u00a0 comer a Covarrubias, otro bonito\u00a0y monumental pueblo, donde aguardan gazpacho, entrecot y mel\u00f3n en el restaurante que recomienda un viejo c\u00f3modamente sentado. &#8220;Entrar en \u00e9ste. Es el mejor y el m\u00e1s barato&#8221;. Cuando estamos en el postre, la camarera atiende a una familia reci\u00e9n llegada. Una\u00a0joven traduce al\u00a0resto de la tropa\u00a0la comanda al noruego. Y cuando vuelve a cobrarnos, nos explica sin mediar pregunta: &#8220;Tienen mucho, mucho dinero y acuden cuatro o cinco veces al a\u00f1o a Covarruvias. Tienen casa&#8221;. Curiosa conexi\u00f3n: Noruega-Covarrubias. En el paseo posterior por el pueblo, junto a una muralla, descubriremos una escultura de la princesa\u00a0Kristina de Noruega (1234, Bergen), hija del rey Haakon Haakonson,\u00a0que se cas\u00f3, allende los tiempos, con\u00a0un hermano de Alfonso X el Sabio, fruto de un pacto de estado. \u00bfSer\u00e1n sus descendientes? <\/strong><\/p>\n<p><strong>Luego tomaremos las de Villadiego. Otro interesante hito viajero. La chica de la gasolinera ya est\u00e1 acostumbrada a que le pregunten. Oye, \u00bfpor qu\u00e9 es eso de tomar las de Villadiego? Pues nada, Fernando III el Santo concedi\u00f3 una encomienda\u00a0a los jud\u00edos de Villadiego,\u00a0por la cual\u00a0no se les perseguir\u00eda ni castigar\u00eda aun teniendo delitos de sangre, y esto anim\u00f3 a numerosos jud\u00edos de toda Espa\u00f1a a tomar las de&#8230; As\u00ed de simple. La plaza del pueblo es muy singular. Hay mucho pasado en los rincones de Villadiego, pero toca tomar &#8216;las de Gij\u00f3n&#8217; para que no se haga demasiado tarde. Cuando el coche comienza a aproximarse a la costa cant\u00e1brica v\u00eda Torrelavega el cielo se vuelve a cerrar y la lluvia moja de repente los cristales. Toca pasar el t\u00fanel del tiempo en sentido inverso despu\u00e9s de tres sabrosos d\u00edas de sol castellano, en el vergel soriano. Espa\u00f1a es grande, rica y variada. En una sola jornada puedes amanecer en Ucero escuchando a los vencejos\u00a0ante un castillo templario, recrearte en el gregoriano de Santo Domingo de Silos, almorzar en Covarrubias, tomar las de Villadiego&#8230; \u00a0y cenar en Gij\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vacaciones 2012 (y 7) Como era de esperar, en Silos reina la paz. Pero no tanta. 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