{"id":3037,"date":"2012-08-21T09:51:27","date_gmt":"2012-08-21T08:51:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=3037"},"modified":"2012-08-21T09:51:27","modified_gmt":"2012-08-21T08:51:27","slug":"ibiza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/08\/21\/ibiza\/","title":{"rendered":"Ibiza"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ibiza es un icono: de la fiesta, de las casas blancas, del agua pura. De esos tres \u00edtems, con 45 casta\u00f1as y estado civil casado, mi predisposici\u00f3n es husmear el primer icono y recrearme en el segundo y el tercero. Tenemos solo tres d\u00edas, de viernes a domingo, as\u00ed que el rastreo ser\u00e1 m\u00e1s bien superficial. El primer golpe de vista es bueno. El coche, tras perderte un poco, te deja a las puertas de la\u00a0Punta Galera, la cl\u00e1sica cortada en roca contra el mar donde los ba\u00f1istas buscan rincones p\u00e9treos donde esconderse. Hay algo as\u00ed como 35 grados, el mar es azul, tienes islotes enfrente y unos bonitos veleros completando la postal. Te ba\u00f1as una y otra vez, buceas, ves pececillos de colores, te <!--more-->refugias en una peque\u00f1a sombra entre rocas, lees &#8216;Brasil&#8217;, de Updike, un culebr\u00f3n brasile\u00f1o con mucho salitre. Y cuando te quieres dar cuenta tu cuerpo se est\u00e1 acompasando a ritmo de bakalao o chill out o una m\u00fasica intermedia. Un hermoso yate pone sus altavoces al servicio de la parroquia dispersa por tierra firme. Ser\u00e1 la imagen m\u00e1s ibicenca del findi: sol, rocas, mar y m\u00fasica. Bien. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Tras cuatro ba\u00f1os casi seguidos, toca visitar la casa de unos asturianos, encaramada en una empalizada desde la que se divisa San Antonio (abominable city tomada por los guiris) y la cordillera monta\u00f1osa que desciende trasversalmente hasta el mar. Es una atalaya privilegiada. La casa es espectacular, amplia, llena de porches, de estancias de descanso, con una monumental cocina y unas zonas verdes descendentes que conforman un aut\u00e9ntico para\u00edso. Desde su piscina uno puede divisar la puesta de sol de Ibiza. Los anfitriones te cuentan cosas: que la isla es una maravilla, que tienes cuatro o cinco meses de calor total al a\u00f1o, que de noche la temperatura pide fiesta, que\u00a0en San Antonio no hay m\u00e1s que vandalismo, que hay m\u00e1s farmacias por metro cuadrado que en ning\u00fan otro lugar (para curar golpes, diarreas, v\u00f3mitos, etc)&#8230; Ese primer d\u00eda cenaremos en Santa Gertrudis, un bonito pueblo de interior, antes de dormir en San Miguel, al Norte, donde la belleza del lugar ha sido atacada por los megahoteles. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El s\u00e1bado toca playa. Visitas primero el afamado &#8216;mercado de las dalias&#8217;, en San Carlos, un mercadillo puro y duro con un par de originalidades: la Go-Gordi, una gorda sin complejos bailando chill out sobre una tarima. Y los &#8216;malos&#8217; que gestionan una tienda de discos, machotes tostados por el sol con caras de malos remalos.\u00a0Siguiendo el manual de consejos recibidos en Gij\u00f3n, vamos luego\u00a0a una cala regul\u00edn regul\u00edn. Luego a la m\u00e1s pr\u00f3xima aconsejada. No aparece. Luego a otra. Tampoco sabe nadie de su acceso. Entonces decidimos parar el carro y quedar en una &#8216;convencional&#8217;, de esas que est\u00e1n llenas de sombrillas y tumbonas, Cala Longa. Almuerzo, relax y una estampa para el recuerdo: una pareja ha alquilado el cl\u00e1sico patinador hortera con tobog\u00e1n incorporado. Pedalean mar adentro, \u00e9l se tira por el tobog\u00e1n, ella no quiere, \u00e9l la empuja un poco y se arma la de san quint\u00edn. En ese artefacto cursi donde los haya, de presunto \u00e9xtasis vacacional, tiene lugar un torment\u00f3n. \u00c9l gesticula brazos arriba. Ella m\u00e1s. Y luego siguen pedaleando con cara de mala hostia ambos dos. Maravilloso. Vamos pa Ibiza city. Hay que catar la noche. Descubrimos en la monta\u00f1a de casas que conforma la zona antigua tres singulares ambientes. Arriba est\u00e1 la iglesia, calles con edificios espectaculares y ni un alma un s\u00e1bado noche de agosto. Junto a la muralla, desde la que se divisa el mar, a media altura, un grupo de jazz llena el ambiente de buena m\u00fasica. Parece que est\u00e1n ensayando. Son las nueve. No tenemos hambre. As\u00ed que nos instalamos en la muralla mirando al mar, a los barcos, al anocher y dejamos correr el tiempo. Una hora de relax, de contemplaci\u00f3n, de nirvana. Un grupo de yanquis, a unos metros, escuchan a su &#8216;speaker&#8217;, un presunto gu\u00eda que no calla. Habla fuerte, rotundo, como los yanquis, y los dem\u00e1s r\u00eden. Si la parte alta de la zona antigua es guapa y silenciosa, en la media, junto a las puertas de entrada y salida, se despliegan las cl\u00e1sicas calles llenas de bares con sillas afuera, donde se sientan los turistas a mirar pasar a la gente. Bastante vomitivo. Me entran dudas de si es en esta calle o en la anterior donde mi informante (que ha estado de fiesta en Ibiza siete u ocho veces) me ha propuesto &#8216;cena rom\u00e1ntica&#8217;. A m\u00ed me parece atroz. Entonces bajamos al ras del mar, dando prioridad a las copas sobre la cena. Una larga alineaci\u00f3n de bares con terraza ofrecen m\u00fasica y espect\u00e1culo para calentar la noche como antesala de la discoteca. Suena bien la m\u00fasica. Ibicenca. Alegre. Hay ambiente de fiesta. Entonces aceptamos la &#8216;oferta&#8217; de un bar con taburetes altos y vistas n\u00edtidas a la &#8216;drag queen&#8217; de dos metros que anima el de al lado subida a una plataforma. Un mojito, 14 euros. Pero te invitan al segundo. O sea, 7. Ah\u00ed nos hacemos fuertes. <\/strong><\/p>\n<p><strong>La drag saca un gran abanico y se mueve con gran elegancia. Un poco m\u00e1s all\u00e1: otra drag, una t\u00eda con zancos, una t\u00eda bailando de espaldas con el culo al aire, otra t\u00eda (con pinta put\u00f3n) que sube y baja\u00a0por una barra (como en &#8216;Streaptease&#8217;), desfiles de zancudos cada dos por tres, otras dos t\u00edas con las tetas fuera y los pezones tapados con dos tiritas negras&#8230; O sea, m\u00fasica, bebida, desfase y mucha gente animada cogi\u00e9ndole el ritmo a la noche. Luego toca la discoteca, a la que no iremos: Pach\u00e1, la m\u00e1s emblem\u00e1tica, a 60 euros la entrada, al otro lado del puerto de Ibiza. Y las dem\u00e1s, en la carretera a San Antonio. Tomaremos un kebap y a eso de las dos estaremos en la cama en San Miguel recreando las jugadas m\u00e1s interesantes. <\/strong><strong>Te imaginas subido a una gogotera del Pach\u00e1, descalzo, en pantal\u00f3n corto y a pecho descubierto, perlado de sudor por los latigazos del bakalao. Pum-pum-pum. La legi\u00f3n italiana\/inglesa\/alemana te jadea y t\u00fa, hora tras hora, sigues danzando enloquecido. Pero no. Ya no ye la edad pa eso. Te agarras a la almohada, en\u00a0el apartamento de San Miguel, recre\u00e1ndote en la salida al mar en zodiac, sin resaca, que har\u00e1s al d\u00eda siguiente.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ibiza es un icono: de la fiesta, de las casas blancas, del agua pura. 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