{"id":3087,"date":"2012-09-05T09:53:59","date_gmt":"2012-09-05T08:53:59","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=3087"},"modified":"2012-09-05T09:53:59","modified_gmt":"2012-09-05T08:53:59","slug":"mazacotes-azules-junto-a-hospital-de-monjas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/09\/05\/mazacotes-azules-junto-a-hospital-de-monjas\/","title":{"rendered":"Mazacotes azules junto a hospital de monjas"},"content":{"rendered":"<p><strong>All\u00e1 por los a\u00f1os 50, cuando mi abuelo Jos\u00e9 veraneaba en Ria\u00f1o, recibi\u00f3 un d\u00eda una singular visita del cartero. \u00c9ste le entreg\u00f3 una\u00a0carta manuscrita por una persona que se identificaba a s\u00ed misma, pero no al destinatario. O sea, figuraba el remitente; no el remitido. El escribidor era <!--more-->m\u00e9dico,\u00a0hab\u00eda\u00a0operado a mi abuelo, entonces un esbelto treinta\u00f1ero, tiempo atr\u00e1s y quiso saber de \u00e9l. Pero no recordaba el nombre ni mucho menos los apellidos. Cogi\u00f3 la pluma y dirigi\u00f3 la\u00a0carta a partes iguales al cartero y a mi abuelo, llenando el propio sobre de todo tipo de explicaciones. &#8220;Quisiera hacer llegar estas l\u00edneas a un se\u00f1or nacido en la tierra de los olivos (Vigo), que vive en\u00a0la tierra de Jovellanos, de buen ver, pero casado&#8230;&#8221;. La descripci\u00f3n no dejaba lugar a dudas. As\u00ed que el cartero, satisfecho, visit\u00f3 a Jos\u00e9 Mart\u00ednez Fuentes y le dijo: &#8220;Alguien te est\u00e1 buscando&#8221;. Aquella\u00a0carta bienintencionada de quien le hab\u00eda extirpado un ri\u00f1\u00f3n con \u00e9xito\u00a0fue motivo de muchas chanzas aquel verano leon\u00e9s y hoy d\u00eda,\u00a0siete d\u00e9cadas\u00a0despu\u00e9s, est\u00e1 guardada a buen recaudo en un ba\u00fal de recuerdos\u00a0de mi madre. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s se implantaron los c\u00f3digos postales. La correspondencia se puso seria, vaya. M\u00e1s tarde llegar\u00edan los m\u00f3viles, internet y los correos electr\u00f3nicos, un gran invento que ha tra\u00eddo consigo la pr\u00e1ctica desparici\u00f3n del correo postal entre humanos. En el buz\u00f3n ya s\u00f3lo tenemos cartas del banco y propaganda. Si abres el cajet\u00edn y ves un sobre impreso a mano te llevas, de hecho, una sorpresa agradable, que suele trastocarse al momento. Aparenta ser una carta de un amigo lejano, pero al darle la vuelta no es m\u00e1s que otro recibo. Mi abuelo Jos\u00e9 no lleg\u00f3 a ver todas estas modernidades. Falleci\u00f3 en 1959, con s\u00f3lo 41 a\u00f1os,\u00a0tras enfermar del ri\u00f1\u00f3n que le quedaba. La historia de su carta sin nombre prendi\u00f3, sin embargo, en sus nietos y quien esto escribe tuvo siempre cierta afici\u00f3n a poner retos f\u00e1ciles a los carteros, a descuidar los c\u00f3digos postales y describir los destinos de las cartas con datos digamos naturales. Y el m\u00e9todo siempre funcion\u00f3. No hubo una m\u00e1quina fr\u00eda y desalmada que devolviera mi carta al punto de origen por ausencia de c\u00f3digo postal e incluso del n\u00famero de la calle. Los carteros tuvieron siempre presente (imagino yo) la memoria de mi abuelo y se tomaron un esfuerzo &#8216;por los buenos tiempos&#8217; en los que hab\u00eda abundante correspondencia entre humanos e incluso remitentes y destinatarios conoc\u00edan por el nombre a quien tra\u00eda y llevaba sus escritos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Mi reto m\u00e1s sabroso fueron las cartas que envi\u00e9 hasta hace bien poco a mi buen amigo Cr\u00e1neo. Hasta su matrimonio, vivi\u00f3 siempre en un lugar bien visible desde muchas calles de Bilbao. Mirabas arriba al Monte Archanda y all\u00ed distingu\u00edas n\u00eddidamente dos bloques azules gemelos &#8216;modelo Tente&#8217; de los a\u00f1os 70. Dos casas fuertes, robustas, como dos buenos mazacotes situadas al lado de un edificio blanco que era (y creo que es) un hospital gestionado por monjas. As\u00ed que yo pon\u00eda su nombre y apellidos en el sobre y a continuaci\u00f3n: &#8216;Mazacotes azules junto a hospital de monjas. Carretera de Archanda. Bilbao. Vizcaya&#8217;. Sin n\u00fameros ni c\u00f3digos. Siempre le llegaron las cartas. No falt\u00f3 ni una. Y siempre ri\u00f3 con los &#8216;Mazacotes azules junto a hospital de monjas&#8217;, que no se apilan hoy en un ba\u00fal como el de mi madre, pero s\u00ed en un caj\u00f3n m\u00e1s convencional, pues van camino de convertirse en reliquia. Cr\u00e1neo y yo, como el com\u00fan de los mortales, ya no nos escribimos cartas. Nos mandamos emails y sms, un gran invento que mat\u00f3 otro mucho m\u00e1s trascendente y longevo como eran las cartas, con su sello, su pegamento amargo y su direcci\u00f3n. Todo ello escrito con un bic azul o negro sobre un folio que luego doblabas y met\u00edas con mimo en aquel recipiente blanco donde un m\u00e9dico de Vigo describi\u00f3 a mi abuelo a principios de los a\u00f1os 50.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>All\u00e1 por los a\u00f1os 50, cuando mi abuelo Jos\u00e9 veraneaba en Ria\u00f1o, recibi\u00f3 un d\u00eda una singular visita del cartero. \u00c9ste le entreg\u00f3 una\u00a0carta manuscrita por una persona que se identificaba a s\u00ed misma, pero no al destinatario. O sea, figuraba el remitente; no el remitido. 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