{"id":3411,"date":"2012-12-04T11:24:03","date_gmt":"2012-12-04T10:24:03","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=3411"},"modified":"2012-12-04T11:24:03","modified_gmt":"2012-12-04T10:24:03","slug":"sintra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/12\/04\/sintra\/","title":{"rendered":"Sintra"},"content":{"rendered":"<p>(Viaje a\u00a0Portugal 1)<\/p>\n<p><strong>Acabo de borrar el primer texto escrito sobre Portugal. Comenzaba reflexionando sobre la injusticia que cometemos desde Espa\u00f1a con nuestros vecinos, a quienes dec\u00eda que ignoramos en el d\u00eda a d\u00eda, pese a haber viajado todos dos, tres o cuatro veces por tierras portuguesas. Tras sentirnos a gusto en ellas, tras saborear su rica gastronom\u00eda y su decadente (pero encantadora) arquitectura, tras recibir un trato amable pese a las voces que pegamos en Portugal, <!--more-->como si estuvi\u00e9ramos en el pasillo de casa, volvemos pa nuestra Espa\u00f1a muy anchos, echamos candado a la existencia del vec\u00edn del Oeste, a quien hacemos de menos, y tenemos m\u00e1s presente al vec\u00edn del Norte, a quien hacemos de m\u00e1s, pese a su hablar empalagoso y su tristeza existencial. Acabo de borrar el primer escrito sobre Portugal, pero inicio el segundo en realidad con la misma reflexi\u00f3n, s\u00f3lo que ahora quiero tomar distancia para no parecer que digo esto desde ning\u00fan pedestal superior a los portugueses, sino desde la humilde autocr\u00edtica. Pues tienen los portugueses ciertamente un problema con la pintura, que apenas usan, lo que da una p\u00e1tina decadente a calles, edificios y palacios; que le hace a uno situarse en un ambiente cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s, pero precisamente en ese viaje en el tiempo reside el encanto portugu\u00e9s, as\u00ed como en su car\u00e1cter afable, su rica gastronom\u00eda, sus tranv\u00edas y monumentos, y en un ambiente fraternal\u00a0que te hace sentirte a gusto, entre amigos, entre vecinos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Con todas estas reflexiones en la mochila, aterric\u00e9 en Lisboa hace dos semanas. Ten\u00eda una cuenta pendiente con Lisboa. Y tambi\u00e9n con Sintra. Quince a\u00f1os atr\u00e1s llegu\u00e9 a la capital portuguesa con dos amigos bandarras a las seis de la ma\u00f1ana, dormimos en el coche hasta que amaneci\u00f3, nos fuimos a una pensi\u00f3n a dormir, llegamos a Sintra al d\u00eda siguiente cuando hab\u00eda cerrado todo y nos fuimos tras otra noche de discoteca un d\u00eda m\u00e1s tarde sin haber saboreado ninguna de las esencias de esa maravillosa ciudad. Hab\u00eda estado en Lisboa y Sintra; pero ellas no hab\u00edan estado en m\u00ed. Esta vez, inici\u00e9 el viaje tomando un coche de alquiler rumbo a Sintra, con dos noches reservadas en el hotel Lawrence&#8217;s, una joya del siglo XVIII (se precia de ser el m\u00e1s antiguo del pa\u00eds) desconchada en su exterior, como todo lo portugu\u00e9s, pero con un sabor intramuros que justifica sus cinco estrellas. Una habitaci\u00f3n inmensa con una cama de dos por dos llena de almohadas, unas salas estilo british, con sus bibliotecas y sus chimeneas, y un restaurante de \u00e9poca donde, tras un copioso desayuno, el perfecto camarero cincuent\u00f3n que lleva all\u00ed toda una vida te ofrece ovos fritos o mexidos. Avanzado noviembre, con bajas temperaturas y cielo gris, Sintra amanece casi deshabitado, tambi\u00e9n podr\u00edamos decir que desangelado, con apenas un pu\u00f1ado de turistas tomando posiciones, lo cual contribuye a la autenticidad del momento. Inicias el recorrido por el castelo dos mouros, del siglo VIII, una preciosa muralla desde la que dominas toda la llanura, enmarcada por Lisboa, el Tajo y el Atl\u00e1ntico. Desde sus almenas tomas conciencia de la\u00a0estrat\u00e9gica ubicaci\u00f3n de Sintra, de sus mansiones y palacios, de su solera. En Sintra reposan las esencias de la monarqu\u00eda y la nobleza portuguesa, que tom\u00f3 esta monta\u00f1a por bandera entre los siglos XIX y XX.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La segunda escala es el palacio da pena (palacio de la pe\u00f1a), construido a partir del claustro de un\u00a0convento que sobrevivi\u00f3 al terremoto de 1755 por orden del rey Fernando II. El palacio da pena preside Sintra desde su cima m\u00e1s alta y su vista es espectacular. Su azulejer\u00eda, las habitaciones reales, las filigranas de las fachadas, la mezcla de estilos&#8230; Todo ello forma un singular conjunto en el que puedes echar la ma\u00f1ana. All\u00ed pas\u00f3 largas temporadas el pen\u00faltimo rey de Portugal, Carlos I, hasta el atentado que le cost\u00f3 la vida a \u00e9l y a su heredero en 1908. Apenas le sobrevivi\u00f3 dos a\u00f1os en el trono su otro hijo, Manuel II, quien deber\u00eda abandonar el pa\u00eds en 1910 ante las revueltas que trajeron la rep\u00fablica al pa\u00eds. As\u00ed que los \u00faltimos coletazos de la monarqu\u00eda en Portugal, las \u00faltimas escenas palaciegas regias tuvieron lugar en este palacio da pena en el que\u00a0Carlos I\u00a0pasar\u00eda temporadas de descanso\u00a0con su esposa Amelia y sus dos hijos a caballo entre los siglos XIX y XX; y en el que\u00a0Fernando II vivir\u00eda antes, mediado el XIX,\u00a0con sus dos esposas: Mar\u00eda y\u00a0tras la muerte de \u00e9sta Elisa, cantante de \u00f3pera\u00a0quien mandar\u00eda construir un chal\u00e9 estilo austriaco a las faldas del promontorio sobre el que se asienta el palacio. Entonces, el paisaje era rocoso, con poca vegetaci\u00f3n, lo que situaba ambas residencias, la cl\u00e1sica y la moderna, una a la vista de otra. Ocurre que los reyes ordenaron levantar un aut\u00e9ntico jard\u00edn bot\u00e1nico en dicho espacio y hoy d\u00eda, 150 a\u00f1os despu\u00e9s,\u00a0la vegetaci\u00f3n ha ocultado uno del otro.\u00a0As\u00ed, si\u00a0en poco m\u00e1s de una hora se visita el palacio, por los jardines te puedes perder dos o tres horas, con una bonita zona de lagos, un espectacular jard\u00edn de helechos, invernaderos, alg\u00fan rododendro centenario y mil y un vericuetos. Tanto merece la pena que para disfrutarlo sin prisas decides comer en el restaurante del palacio, donde disfrutar\u00e1s de una rica sopa y del primer bacalao del viaje, para disfrutar de los jardines hasta que pr\u00e1cticamente se agote la luz del d\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p><strong>A la ma\u00f1ana siguiente, antes de poner rumbo a Queluz, atacas otro palacio, la Quinta da Regaleira, al que se accede caminando desde el Lawrence&#8217;s. La primera impresi\u00f3n, tras dar una curva, encoje el cuerpo y el alma. Un edificio recargado, ennegrecido, propio de la familia Addams, se presenta de repente ante el espectador. Impone. Mete miedo. Si por fuera impresiona, por dentro defrauda un tanto pues a falta de mobiliario de la \u00e9poca (principios del XX) aprovecha sus habitaciones como espacio expositivo ocupado por paneles. Quiz\u00e1 estuviera mejor di\u00e1fano. La gran miga de esta quinta est\u00e1 en sus jardines, donde se oculta el pozo inici\u00e1tico. Acceder\u00e1s a \u00e9l por las galer\u00edas que se ocultan detr\u00e1s de una cascada de agua. En su centro, esculpido sobre m\u00e1rmol, hay un s\u00edmbolo mas\u00f3nico. Y mirando al cielo te descubrir\u00e1s al fondo de una espiral de piedra de 27 metros en la que, al parecer, se celebraban rituales de iniciaci\u00f3n a la masoner\u00eda. Luego subir\u00e1s por su escalera de caracol, salpicada por varias ventanas, donde hay 35 misteriosas tumbas, hasta aparecer en la cima del pozo, en un peque\u00f1o promontorio en medio de los jardines que disimula su existencia. Grandes sensaciones las del pozo inici\u00e1tico, por el que volver\u00e1s a bajar para perderte de nuevo por las galer\u00edas y acceder al pozo imperfecto, dos enigmas de quienes tiene la respuesta un tal Carvalho Monteiro, quien orden\u00f3 construir todos estos ingenios entre 1898 y 1912. \u00bfQu\u00e9 hicieron all\u00ed Carvalho y sus colegas? Nadie lo sabr\u00e1 nunca con certeza. Lo cierto es que la enigm\u00e1tica Quinta da Regaleira y su pozo inici\u00e1tico le transportan a uno a las entra\u00f1as de la mejor novela de intriga, masoner\u00eda e incluso terror. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Con estas sensaciones, toca poner rumbo al palacio nacional de Queluz, peque\u00f1o Versalles donde pasar\u00eda su infancia B\u00e1rbara de Bragan\u00e7a antes de convertirse en reina consorte de Espa\u00f1a al casarse con Fernando VI. Sin embargo, hay que calentar el\u00a0cuerpo y endulzar el\u00a0esp\u00edritu para deshacer la conjura mal\u00e9fica de la Quinta da Regaleira. La m\u00edtica pasteler\u00eda de Sintra es el lugar adecuado. En Casa Piriquita tomar\u00e1s un caf\u00e9 caliente, una queisada y un traveseiro que infundir\u00e1n\u00a0energ\u00eda renovada\u00a0para seguir buceando en el pasado palaciego de nuestros vecinos portugueses. Cuando sales a la calle cae una fina lluvia de noviembre bajo un cielo encapotado, pero tu \u00e1nimo ha recibido toda una inyecci\u00f3n de moral. Te alejas de Sintra con la sensaci\u00f3n de dejar atr\u00e1s el tesoro m\u00e1s preciado de Portugal.<\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong>\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/pozo-22.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3421\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/pozo-22.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/pozo-22.jpg 1204w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/pozo-22-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/pozo-22-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/pozo-22-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Viaje a\u00a0Portugal 1) Acabo de borrar el primer texto escrito sobre Portugal. 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