{"id":3433,"date":"2012-12-07T12:43:54","date_gmt":"2012-12-07T11:43:54","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=3433"},"modified":"2012-12-07T12:43:54","modified_gmt":"2012-12-07T11:43:54","slug":"otono-en-lisboa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/12\/07\/otono-en-lisboa\/","title":{"rendered":"Oto\u00f1o en Lisboa"},"content":{"rendered":"<p>(Viaje a Portugal y 3)<\/p>\n<p><strong>Tras devolver el coche de alquiler en el aeropuerto, te dispones a disfrutar tres d\u00edas de Lisboa. El taxista que te deja en el hotel York House no ha parado de hablar. Conoce Espa\u00f1a, conoce incluso Gij\u00f3n, adonde trajo hace a\u00f1os un pedido para una gran tienda de l\u00e1mparas. Su talante afable es la marca de la casa. El hotel resulta singular. De la calle <!--more-->accedes por un portal a unas escaleras que te llevan a un patio central, desde el cual se distribuyen las habitaciones, la recepci\u00f3n y la zona de desayunos. Est\u00e1 a unos metros de la avenida que corre paralela al Tajo, donde coger\u00e1s el primer tranv\u00eda lisboeta rumbo a Belem. En un espacio abierto, mirando a un r\u00edo que ya parece un mar, pr\u00f3ximo a su desembocadura, tienes all\u00ed tres objetivos culturales de inter\u00e9s creciente: el monasterio de los Jer\u00f3nimos, el monumento a los descubridores inaugurado en 1960 y la torre de Belem, adornada por cinco siglos de historia, ventanales inveros\u00edmiles enmarcados en la piedra y espectaculares vistas: al Tajo, a Lisboa, al puente\u00a025 de abril\u00a0y al Cristo que hace de r\u00e9plica, al otro lado, del de R\u00edo de Janeiro. El d\u00eda es soleado. Llega la hora de comer. Miras la gu\u00eda Lonely Planet y te recomienda un bar con terraza con sabor a\u00f1ejo. All\u00ed tomar\u00e1s sopa y sardinas, dejando el postre para la espectacular\u00a0Antiga Confeitaria\u00a0de Belem, a la que ya hab\u00edas ido a media ma\u00f1ana entre monumento y monumento. La esposa se sorprende. Marido y mujer van a entrar juntos\u00a0a un caf\u00e9 dos veces en apenas tres horas, un h\u00e1bito a mi juicio femenino que jam\u00e1s ponemos en pr\u00e1ctica. Pero el establecimiento de 1837, sus salones, su caf\u00e9 y, muy especialmente, sus pasteis de nata reci\u00e9n hechos (en realidad es crema) bien merecen entrar cinco veces al d\u00eda. Crujiente hojaldre por fuera, deliciosa crema por dentro, peque\u00f1itos pero regordetos, con cierto peso pese a su tama\u00f1o; un placer de dioses con una receta de esas que el due\u00f1o no le cuenta a nadie. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-3447\" style=\"margin: 5px;border: black 8px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-2.jpg 803w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-2-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-2-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-3448\" style=\"margin: 5px;border: black 8px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-4.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-4.jpg 803w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-4-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-4-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Con su sabor dando un agradable dulzor al cuerpo y el esp\u00edritu, tomas un nuevo tranv\u00eda. Vuelves al punto de partida. Disfrutas mentalmente de la estancia en Belem. Y empiezas a planificar la noche. Trepar\u00e1s por las calles hasta el Barrio Alto, pues te hallas alojado en sus faldas. Las cuestas son asumibles. Los tranv\u00edas suben y bajan por todas partes. En cada tramo de acera te topas con un par de ultramarinos a la antigua usanza, otro par de pasteler\u00edas y peque\u00f1os bares. Tienes la sensaci\u00f3n de que el comercio portugu\u00e9s mantiene los biorritmos hispanos de hace cuarenta a\u00f1os. La plaza de\u00a0Camoes marca el epicentro del Barrio Alto. All\u00ed est\u00e1 el m\u00edtico bar-restaurante\u00a0A Brasileira, con un grupo de ese mismo pa\u00eds animando el ambiente con su m\u00fasica. Es jueves. Es noviembre. Hace fr\u00edo. Pero el Barrio Alto mantiene el tipo. Trepamos por las calles otro poco, hasta un amplio mirador: ah\u00ed divisas enfrente, en el mont\u00edculo vecino, el castillo de San Jorge, que preside iluminado la noche como si de una Alhambra se tratase. Tambi\u00e9n distingues la catedral a su derecha. Es el barrio de Alfama, adonde ir\u00e1s al d\u00eda siguiente. De momento, toca perderse por la zona de m\u00e1s ambiente nocturno, cotillear escaparates, saborear las calles y cenar ligero en un antiguo convento reconvertido en cervecer\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El viernes toca Alfama. El tranv\u00eda 28 te deja al lado del castillo de San Jorge, desde cuyas murallas divisas todo el epicentro de Lisboa, esa zona llana y noble que desemboca en la plaza do Comercio y, enfrente, el Barrio Alto. Anoche estabas en un mont\u00edculo; hoy en el otro. De un lado para otro, comienzas a maquinar si merecer\u00e1 la pena coger el barco que te deja en la otra orilla del Tajo. Te lo ha recomendado un amigo no por el pueblo pescador al que accedes enfrente, Cacinhas, sino por las vistas del viaje de vuelta. Lisboa desde el r\u00edo\/mar. Hablas a la esposa de Calcinhas, pero ella no parece tener mucho inter\u00e9s. Al cabo de un rato, le susurras al o\u00eddo: Calcihnas. Y un poco m\u00e1s tarde, miras a trav\u00e9s del Tajo y preguntas, haci\u00e9ndote el despistado, \u00bfqu\u00e9 pueblo ser\u00e1 ese? Ah, Calcinhas. Uno, la verdad, sabe ser pesau pesau cuando se lo propone; y recibe por castigo no ir a Calcinhas, donde parece ser que no hay nada que ver. Con Calcinhas a cuestas, bajamos la cuesta lateral que va\u00a0rodeando el castillo hasta llegar a un singluar restaurante sugerido por Cris-Kato: Chapito. Est\u00e1 un poco escondido Chapito, pues primero pasas la puerta de un club deportivo con ese nombre y luego te topas con una tienda de artesan\u00eda Chapito. Es ah\u00ed. Debes entrar, rebasarla, bajar unas escaleras, subir otras y apareces en una gran habitaci\u00f3n acristalada con impresionantes vistas de Lisboa. All\u00ed comeremos tan ricamente: tartar de bacalao (bueno) y cocido portugu\u00e9s (buen\u00edsimo).\u00a0Es\u00a0algo as\u00ed como una suerte de compango variado espa\u00f1ol con cuatro fabes peque\u00f1as y patatinas. \u00a1Gracias Cris! Cuando se come bien uno es capaz de cantarle hasta al mism\u00edsimo Calcinhas, as\u00ed que con estrofas inventadas sobre Calcinhas, nos perdemos por la tarde por las calles bajas de Alfama, a espaldas de la catedral, donde ayudaremos al proceso digestivo con alguna que otra ginjinha (licor de guindas) en peque\u00f1as tascas de ambiente ancestral. Anuncian espect\u00e1culos de fados aqu\u00ed y all\u00e1, con pinta muy tur\u00edstica. Suena bien un fado, pero cuando vas por el tercero a uno le apetece tirarse por un puente abajo de la depresi\u00f3n, as\u00ed que renunciamos al cap\u00edtulo fado. (Esto quiz\u00e1 abra la espita a Calcinhas&#8230;).<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-31.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3450\" style=\"margin: 5px;border: black 8px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-31.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-31.jpg 803w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-31-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-31-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong>\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u00a0<a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-5.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-3451\" style=\"margin: 5px;border: black 8px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-5.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-5.jpg 803w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-5-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa-5-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>El s\u00e1bado toca diluvio. Creo que definitivamente no iremos a Calcinhas, con tanta lluvia ya se sabe&#8230; Planificamos un d\u00eda bajo techo. Y saldr\u00e1 redondo. Optamos por el metro, c\u00f3modo y barato, para llegar hasta el Museo Calouste Gulbenkian, una aut\u00e9ntica maravilla donde se exponen, con amplitud de espacio\u00a0y sin recargamiento de objetos, los tesoros adquiridos por el millonario armenio a lo largo de su vida: monedas de oro, cuadros de todas las \u00e9pocas y estilos, muebles franchutes, orfebrer\u00eda&#8230; Impresionante. All\u00ed recibo una clase magistral m\u00e1s de la esposa en mi condici\u00f3n de periodista baturro en manos de una historiadora del arte. Salimos impresionados. Y ponemos rumbo a la pitanza. Para la \u00faltima comida lisboeta barajamos tres consejos: el de un ingl\u00e9s que vive en Oviedo, el de un portugu\u00e9s que curr\u00f3 con mi hermano y el de un asturgallego de Vegadeo que vive en Bilbao. Muy ex\u00f3ticos los tres. Tras un arduo debate, apuesto por Vegadeo, por el consejo de Luis L\u00f3pez, Luisi\u00f1o, con quien curr\u00e9 cinco a\u00f1os y de quien me f\u00edo s\u00ed o s\u00ed. Coindice que su apuesta tiene el plato que nos faltaba por probar: la cataplana de pescado. As\u00ed que vamos en metro hasta las faldas de Alfama, trepamos un poco y, pocos metros arriba de la catedral, nos plantamos en el R\u00edo Coura, un restaurante estrecho, alargado, guap\u00edn, con arcos en el techo, que nos encontramos a reventar de gente. Nos dicen que en cinco minutos estamos sentados. Y es as\u00ed. Ensalada normal y cataplana, con una botellina de vinho blanco. La cosa est\u00e1 para chuparse los dedos y el precio es muy barato. \u00a1Viva Luisi\u00f1o!<\/strong><\/p>\n<p><strong>Aunque sigue el diluvio, bajamos a pinrel al epicentro de Lisboa, a ese barrio bajo, la Baixa, que desemboca, por calles llanas en la plaza do Comercio. Lo recorremos ampliamente. Paramos a tomar una ginjinha en uno de los bares donde s\u00f3lo dan ginjinhas. Los lusos tienen afici\u00f3n al licor de guindas. Entra una madre y su hija, piden dos, se las toman como en el Oeste y marchan. El sitio es peque\u00f1o, acogedor y el barman, todo un personaje. El negocio, cuenta, lo fund\u00f3 un gallego hace tres o cuatro generaciones. Y otro negocio muy c\u00e9ntrico situado en una plaza cercana, otro gallego. As\u00ed que la cosa va de gallegos viajeros. Pedimos las dos &#8216;con fruto&#8217;, o sea, con guindas. Luego nos invita a probar una variante anisada; tambi\u00e9n buena. La despedida es afectuosa tras diez minutos de ch\u00e1chara. Aprieta la mano que da gusto. La lluvia insite y seguimos la tarde de tiendas mientras trepamos hacia el Barrio Alto, donde volveremos a descartar el cap\u00edtulo fado, decant\u00e1ndonos por la opci\u00f3n &#8216;vinos&#8217; con un poco de queso portugu\u00e9s a modo de cena.<\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong>\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><\/strong>\u00a0<a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa12.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3458\" style=\"margin: 5px;border: black 8px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa12.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa12.jpg 803w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa12-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2012\/12\/lisboa12-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>La despedida de Lisboa, el domingo, ser\u00e1 singular. Cuando vamos a salir del hotel no podemos. El diluvio ha provocado un argayo en la escalera de entrada: una gruesa enredadera y cacho de pared se han venido abajo taponando el acceso. Un hombre est\u00e1 ya currando con su motosierra, pues hay gruesos troncos entre las ruinas. En recepci\u00f3n nos plantean un plan de evacuaci\u00f3n por unas callejuelas traseras que usa el servicio del hotel. El botones nos gu\u00eda. Cuando estamos asomando a la civilizaci\u00f3n nos manda dar vuelta porque ya est\u00e1 retirado el argayo. Cuando llegamos a recepci\u00f3n le cae una bronca al buen hombre porque todav\u00eda no est\u00e1 lista la escalera. Volvemos de nuevo a las callejuelas traseras, entre edificios, y all\u00ed acaba llegando un gran taxi como por arte de magia. El conductor maniobra con dificultad, logra dar la vuelta y salimos del York por la &#8216;puerta&#8217; de atr\u00e1s. Su primera maniobra, en aquel gran Mercedes, es intentar un giro inveros\u00edmil, sin \u00e1ngulo ninguno, de 90 grados. Me tomo la libertad de sugerirle que eso es imposible, no vaya a ser que nos quedemos ah\u00ed atascados y perdamos el avi\u00f3n. Hace caso. Luego empezamos a hablar de f\u00fatbol. Es un fan\u00e1tico del Sporting de Lisboa. Yo le dijo que del Sporting de Gij\u00f3n. \u00c9l me cuenta sus penas y yo le cuento las m\u00edas. Cuando me da las maletas en el aeropuerto casi nos abrazamos. Me apetece preguntarle si, casualmente, no ser\u00e1 de Calcinhas. Pero aborto el intento. La emoci\u00f3n ante una hipot\u00e9tica\u00a0respuesta afirmativa podr\u00eda haber compuesto el m\u00e1s desgarrador fado que jam\u00e1s se haya cantado en Lisboa.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Viaje a Portugal y 3) Tras devolver el coche de alquiler en el aeropuerto, te dispones a disfrutar tres d\u00edas de Lisboa. El taxista que te deja en el hotel York House no ha parado de hablar. Conoce Espa\u00f1a, conoce incluso Gij\u00f3n, adonde trajo hace a\u00f1os un pedido para una gran tienda de l\u00e1mparas. 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