{"id":4104,"date":"2013-04-10T09:19:32","date_gmt":"2013-04-10T08:19:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=4104"},"modified":"2013-04-10T09:19:32","modified_gmt":"2013-04-10T08:19:32","slug":"el-sexo-de-los-angeles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2013\/04\/10\/el-sexo-de-los-angeles\/","title":{"rendered":"El sexo de los \u00e1ngeles"},"content":{"rendered":"<p><strong>Todo comenz\u00f3 en una hamburgueser\u00eda. \u00c9l se acerc\u00f3 y le dijo: si me das tu tel\u00e9fono te llamo esta noche. Ella le replic\u00f3: dame el tuyo, te llamo yo. As\u00ed de <!--more-->directo. El caso es que quedaron y se amaron. Al d\u00eda siguiente, \u00e9l, viajante, soltero, apuesto, se despidi\u00f3 de ella, reci\u00e9n separada, con un hijo peque\u00f1o y apuesta. Se citaron para el viernes en una estaci\u00f3n de esqu\u00ed, donde se volvieron a amar, donde ella comenz\u00f3 a tocarle el pelo en p\u00fablico como se le toca a los maridos, donde \u00e9l, acaso confundido, decidi\u00f3 llamar a la casa de unos amigos por si ten\u00edan sitio. All\u00ed fueron. La primera noche, parec\u00edan una pareja de toda la vida. Ella se mostr\u00f3 muy suelta, intervino en todas las conversaciones, acot\u00f3 su espacio vital, comi\u00f3, bebi\u00f3 y ri\u00f3, pero tanta naturalidad aparente no dej\u00f3 de delatar un extra\u00f1o brillo en su mirada. \u00c9l, entretanto, le hac\u00eda caso a medias, manten\u00eda la ambig\u00fcedad calculada de quien no se ha formado un juicio.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Tras la cena, fueron todos a la discoteca. A pesar del fr\u00edo, ella se visti\u00f3 ligera, con una minifalda rompedora en contraste con su melena morena. Enseguida se lanz\u00f3 a la pista a darlo todo. \u00c9l amagaba unos pasos a prudente distancia, mientras ella empezaba a dispersarse. Primero, con una chica, con la que, medio en broma, medio en serio, comenz\u00f3 a tocarse mientras bailaban. Luego, con un chico, amigo de la anterior, reci\u00e9n llegado a ese r\u00edo revuelto. La cosa empez\u00f3 a calentarse. El viajante se percat\u00f3 de que ella descontrolaba, de que su mirada vidriosa cobraba un brillo especial, de que sus bailes con aquella joven comenzaban a adquirir un inevitable erotismo, de que ella se olvidaba de \u00e9l; as\u00ed que se dio media vuelta y se fue para casa. Ella sigui\u00f3 bailando, excit\u00e1ndose, roz\u00e1ndose con aquella chica que no dudaba en tocarla cada vez que se le arrimaba, hasta que en un momento dado la arrincon\u00f3 contra una pared, en plena pista de baile, y se besaron. Fue un beso breve, agresivo, intenso, apasionado. Tras \u00e9l, s\u00f3lo cab\u00edan dos salidas: irse con ella o salir huyendo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Apost\u00f3 por una intermedia: por el alcohol, por la p\u00e9rdida progresiva del sentido, indecisa sobre dar prioridad a sus instintos sexuales de aquel instante o intentar recuperar al hombre al que hab\u00eda dejado irse. Dej\u00f3 que la inercia de la noche tomase la decisi\u00f3n. Sali\u00f3 a la calle, volvi\u00f3 a besarse un vez m\u00e1s con aquella joven y se dej\u00f3 caer como un fardo sobre la hierba. Ah\u00ed se acab\u00f3 el enredo. El nivel et\u00edlico la dej\u00f3 fuera de juego. Entre tres amigos del viajante huido la metieron en un coche, la llevaron a casa y la acostaron.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando amaneci\u00f3 al d\u00eda siguiente ambos se hab\u00edan ido. Hab\u00edan dormido en camas separadas, pero, una vez levantados, ella se arroj\u00f3 a sus brazos, susurr\u00f3 una disculpa, y \u00e9l la bes\u00f3 en silencio. Reci\u00e9n duchados, reci\u00e9n desayunados, cuando la casa a\u00fan dorm\u00eda, pusieron rumbo a la ciudad. Apenas hablaron por el camino. Ella miraba su perfil y lo imaginaba instalado en su hogar, pensaba que pod\u00eda ser su chaleco salvavidas, el hombre en torno al cual girase su vida en adelante. \u00c9l se dejaba mirar, intuyendo aquellos ojos vidriosos clavados en sus rostro. Al llegar al portal de ella, se baj\u00f3 del coche, abri\u00f3 el maletero y le dio su bolsa de viaje. Ella le bes\u00f3 t\u00edmidamente en los labios. \u00c9l susurr\u00f3 una despedida abierta. Insinu\u00f3 que la llamar\u00eda. Y se fue. Cuando sub\u00eda en el ascensor, ella se mir\u00f3 en el espejo buscando una identidad perdida mucho tiempo atr\u00e1s, mientras dos gruesas l\u00e1grimas comenzaban a recorrer sus mejillas. Volv\u00eda a su soledad, a la vida con ese hijo no querido, al vac\u00edo vital. \u00c9l pon\u00eda entretanto m\u00fasica en su coche, respiraba profundo y se sent\u00eda de nuevo pl\u00e1cidamente\u00a0solo, con la certeza de que aquel n\u00famero de tel\u00e9fono no volver\u00eda a ser marcado. Esto me pasa, farfull\u00f3 para s\u00ed, por hablar con desconocidas.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo comenz\u00f3 en una hamburgueser\u00eda. \u00c9l se acerc\u00f3 y le dijo: si me das tu tel\u00e9fono te llamo esta noche. Ella le replic\u00f3: dame el tuyo, te llamo yo. 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