{"id":5280,"date":"2013-10-21T06:53:16","date_gmt":"2013-10-21T05:53:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=5280"},"modified":"2013-10-21T06:53:16","modified_gmt":"2013-10-21T05:53:16","slug":"el-pastor-del-cuera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2013\/10\/21\/el-pastor-del-cuera\/","title":{"rendered":"El pastor del Cuera"},"content":{"rendered":"<p><strong>Tiene 65 a\u00f1os bien sudados. Se apoya en su vara de avellano mientras desgrana los avatares de la vida en el campo. Este pastor de la Sierra del Cuera viste botas de monte, pantal\u00f3n mah\u00f3n de faena y una camisa remangada sobre unos brazos fuertes, curtidos, nervudos. Tiene el pelo blanco y barba de dos d\u00edas. Se ha topado con dos gijoneses que regresan de coronar el pico El Paisano (en realidad, se han equivocado y coronaron el siguiente). Uno de los dos le interroga, el otro escucha. Y el pastor del Cuera responde animado por la compa\u00f1\u00eda. Viene de controlar el ganado en estas majadas con vistas al mar Cant\u00e1brico, a un lado, y al\u00a0impresionante Urriellu, al otro. El paisaje es id\u00edlico, pero las palabras del pastor destilan resignaci\u00f3n.<!--more--><\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/buenpastorcol1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5284\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/buenpastorcol1.jpg\" alt=\"\" width=\"270\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/buenpastorcol1.jpg 700w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/buenpastorcol1-270x300.jpg 270w\" sizes=\"(max-width: 270px) 100vw, 270px\" \/><\/a>Cuando era chaval, cuenta,\u00a0recuerda dos asentamientos de caba\u00f1as casi vecinos\u00a0con plena actividad. En uno hab\u00eda unas siete familias; en otro, cinco. Eran tiempos de chavaler\u00eda, animaci\u00f3n, mucho ganado\u00a0y trabajo a espuertas. De todo aquello apenas quedan hoy construcciones en ruina, murias semiderruidas y, dispersos por el monte, vacas, ovejas, cabras\u00a0y caballos propiedad de los pocos que mantienen el monte activo. Los hijos,\u00a0relata el pastor, se dedicaron a la construcci\u00f3n y en los tiempos que corren, con todo un rosario de exigencias legales, ya no es viable retornar al campo. Hace treinta a\u00f1os, a este hombre le pagaban 7.000 pesetas por una oveja. Lleg\u00f3 a vender lotes de 70. Ahora se las pagan a 45 euros. O sea, lo mismo, solo que treinta a\u00f1os despu\u00e9s. Y as\u00ed c\u00f3mo va a volver nadie al campo, reflexiona. Tambi\u00e9n rememora cuando hace unos a\u00f1os reaparecieron los lobos para hacer estragos y la guarder\u00eda del Principado no era quien a acabar con ellos. Al final, se juntaron todos los afectados, hicieron una gran batida y mataron once.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Descrito el declive, en medio de un paraje maravilloso, el pastor del Cuera comienza a desandar el camino acompa\u00f1ando a los dos gijoneses. Entonces surgen las an\u00e9cdotas. Como aquella fiesta celebrada en la cima de El Paisano a la que cada pueblo alz\u00f3 gruesos troncos para hacer una gran hoguera. M\u00e1s de veinte vecinos aparecieron por la majada con un inmenso abedul que dej\u00f3 boquiabiertos a los dem\u00e1s, que tampoco se quedaron mancos. Refiere tambi\u00e9n los tiempos en que todos los techos de las caba\u00f1as se hac\u00edan con tapines de hierba. Puestos uno contra otro, explica, enraizaban y no pasaba una gota de agua. Explica\u00a0asimismo c\u00f3mo transportaban las piedras para hacer las caba\u00f1as sobre dos tablones. O c\u00f3mo desde la cama de su casa\u00a0puede saber si va a hacer buen d\u00eda. Si las vacas salen a las cinco de la ma\u00f1ana es que har\u00e1 calor. Si no salen del establo por su propia voluntad es que las nubes est\u00e1n al acecho. Otra picaresca del campo que escuch\u00f3 a un nonagenario de Cabrales y luego comprob\u00f3 en sus carnes es que antes de llover las fuentes manan m\u00e1s agua, a modo de anuncio de lo que vendr\u00e1. No sabe muy bien el porqu\u00e9. Pero da fe de ello. O que las vacas agitan sus patas traseras cuando se aproxima el aguacero. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/cuera.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5285\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/cuera.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/cuera.jpg 676w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/10\/cuera-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Uno de sus oyentes, con or\u00edgenes en estas tierras fronterizas con Cantabria, aporta otra rememoranza de cuando, 40 a\u00f1os atr\u00e1s, siendo ni\u00f1o, ve\u00eda llegar hasta cuarenta mulos cargados de queso pic\u00f3n (Cabrales) para practicar el trueque\u00a0por otros productos con los que pasar el invierno. \u00a1Trueque, s\u00ed, en los a\u00f1os 70! Cuando los gijoneses se despiden del pastor, m\u00e1s conscientes si cabe de los tremendos cambios experimentados en el \u00faltimo medio siglo, dejan atr\u00e1s a un hombre que a buen seguro no tendr\u00e1 relevo en las majadas de la Sierra del Cuera cuando decida colgar las botas. Y la vara. De las mil machadas de aldea comentadas, de subidas y bajadas al monte en bici, a pie o carretando lo que hiciera falta, poco queda m\u00e1s que un paisaje sublime que funde el mar con el Urriellu,\u00a0majestuoso en el per\u00edmetro celeste de los Picos de Europa. Los caminantes abandonan el Cuera con la convicci\u00f3n de que la\u00a0Humanidad avanza quiz\u00e1 demasiado deprisa. Cuando al llegar a Gij\u00f3n uno de ellos se entere de que a su sobrina le han regalado un tel\u00e9fono m\u00f3vil por su d\u00e9cimo cumplea\u00f1os lanzar\u00e1 un alarido de indignaci\u00f3n. Acaso hubiera sido mejor una vara de avellano para enderezar esta sociedad descarriada.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tiene 65 a\u00f1os bien sudados. Se apoya en su vara de avellano mientras desgrana los avatares de la vida en el campo. Este pastor de la Sierra del Cuera viste botas de monte, pantal\u00f3n mah\u00f3n de faena y una camisa remangada sobre unos brazos fuertes, curtidos, nervudos. Tiene el pelo blanco y barba de dos [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[11],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5280"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5280"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5280\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5280"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5280"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5280"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}