{"id":5540,"date":"2013-12-13T08:11:10","date_gmt":"2013-12-13T07:11:10","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=5540"},"modified":"2013-12-13T08:11:10","modified_gmt":"2013-12-13T07:11:10","slug":"la-ultima-cena-de-leonardo-2-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2013\/12\/13\/la-ultima-cena-de-leonardo-2-2\/","title":{"rendered":"&#039;La \u00faltima cena&#039; de Leonardo"},"content":{"rendered":"<p>(Italia 2)<\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/santa-maria.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5578\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/santa-maria.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/santa-maria.jpg 548w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/santa-maria-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>A las 6.30 suena el despertador. A las 7 desayunas. A las 7.25 sales del hotel Marconi bien abrigado, a paso r\u00e1pido, rumbo a una trascendental cita con la historia. <!--more-->Atraviesas el casco hist\u00f3rico de Mil\u00e1n, giras detr\u00e1s de la Scala, dudas un poco y, al final, das con Corso Meraviglie, que se convierte en Corso Magenta hasta llegar a la iglesia de Santa Maria delle Grazie, donde se oculta uno de los grandes tesoros de la Humanidad. Son las 7.55. Tienes reserva para las 8.15, pero mandan estar veinte minutos antes para apelotonar a cada grupo de veinticinco personas en una sala de espera. Reina el silencio. Has admirado desde fuera una iglesia del siglo XV, de ladrillo rojo, tama\u00f1o medio, muy coqueta, presidida por la espectacular c\u00fapula de Bramante, sobre la que has recibido una clase magistral acelerada de esa\u00a0<\/strong><strong>historiadora del arte con la que llevas diez a\u00f1os felizmente casado (o sea, la muyer). Dentro, en la sala de espera se abren unas puertas de cristal emitiendo un sonido autom\u00e1tico, pasas a un tramo intermedio y se cierran. Como en una prisi\u00f3n o en un banco, quedas encerrado entre dos cristaleras. Pasan unos segundos. Contin\u00faa un educado silencio. Se abre la siguiente puerta. La del acceso al refectorio dominico. Entras a un espacio desnudo, giras la vista a la derecha y te deslumbra una emoci\u00f3n indescriptible.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/Leonardo_da_Vinci_1452-1519_-_The_Last_Supper_1495-14981.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-5580\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/Leonardo_da_Vinci_1452-1519_-_The_Last_Supper_1495-14981.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"153\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/Leonardo_da_Vinci_1452-1519_-_The_Last_Supper_1495-14981.jpg 1988w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/Leonardo_da_Vinci_1452-1519_-_The_Last_Supper_1495-14981-300x153.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/Leonardo_da_Vinci_1452-1519_-_The_Last_Supper_1495-14981-768x392.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/Leonardo_da_Vinci_1452-1519_-_The_Last_Supper_1495-14981-1024x523.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left\"><strong>&#8216;La \u00faltima cena&#8217; de Leonardo da Vinci es acaso una de las diez joyas de la Humanidad. La primera impresi\u00f3n es impactante. Las paredes laterales y el techo est\u00e1n desnudos, en color yeso; en la planta solo se alinean dos filas de cuatro bancos corridos. Y ante ti est\u00e1 Leonardo, a todo el ancho de la pared (8,80 metros) y a una altura (4,6) que comienza al nivel de tus ojos y se proyecta hacia el techo. La primera impresi\u00f3n la recibes algo turbia. Te pones las gafas y defines la imagen. Los colores est\u00e1n difuminados por el paso de cinco siglos. Pero reinan la armon\u00eda, la belleza y la tridimensionalidad. No tienes la sensaci\u00f3n de estar ante una pared vertical, sino m\u00e1s bien te parece que podr\u00edas salir por las ventanas del fondo de la pintura mural de Leonardo. Primero te acercas hasta una especie de mostrador para contemplar los detalles. Luego te alejas para captar el conjunto, la perspectiva buscada por Leonardo para dar vida a los almuerzos de los dominicos en ese habit\u00e1culo cerrado. Durante quince minutos, 25 admirativos testigos de una de las m\u00e1s grandiosas expresiones del arte se mueven mudos por la sala buscando nuevos \u00e1ngulos para la fascinaci\u00f3n. Al cabo de ese tiempo, se abre otra puerta al fondo y, entre susurros, una mujer te invita a salir. Miras por un instante el fresco de la pared opuesta, ignorado por todos, pero optas por irte caminando hacia atr\u00e1s para grabar en tu mente ese momento final. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/p171.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\" wp-image-5582 alignleft\" style=\"margin: 11px;border: black 6px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2013\/12\/p171.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>Cuando sales a la calle te parece volver del t\u00fanel del tiempo. Viajas a 1494. Leonardo da Vinci, a sus 42 a\u00f1os, recibe el encargo del duque Ludovico Sforza, cuyo castillo visitaste la v\u00edspera a solo unas manzanas de distancia de Santa Mar\u00eda delle Grazie, de plasmar su arte en el refectorio del conjunto eclesial. Durante\u00a0cuatro a\u00f1os, Leonardo pasar\u00e1 d\u00edas enteros pintando como un loco; mientras otros deambula por las calles de Mil\u00e1n buscando rostros reales que inspiren los de sus doce ap\u00f3stoles, retratados en grupos de tres. El resultado final data de 1498, seis a\u00f1os despu\u00e9s de que Col\u00f3n pisara Am\u00e9rica. La obra fue admirada por todos. Sin embargo, comenz\u00f3 a ser presa del deterioro con gran rapidez. En vez de pintar un fresco al estilo cl\u00e1sico, Leonardo innov\u00f3 con \u00f3leo y temple\u00a0sobre yeso seco, con lo que la pintura debi\u00f3 ser objeto de reformas ya desde el siglo XVI. En 1652, un iluminado habilit\u00f3 una gran puerta que se comi\u00f3 la parte baja del cuadro, en su parte central, hasta el mismo borde de la mesa, con lo que se carg\u00f3 los pies de Cristo. As\u00ed sigue. En 1797 las tropas napole\u00f3nicas usaron el refectorio como cuadra para sus caballos. Pensaron incluso en llevarse &#8216;La \u00faltima cena&#8217; para Par\u00eds, pero se dieron cuenta a tiempo de que se la iban a cargar. En 1943, en plena II Guerra Mundial, un bombazo destruy\u00f3 el refectorio, dejando el fresco al descubierto. El \u00faltimo cap\u00edtulo de esta controvertida historia de cinco siglos lo escribi\u00f3 un grupo restaurador que realiz\u00f3 una gran tarea entre 1977 y 1999 para darle a la obra los tonos adecuados. No los originales, pues su brillo nos dejar\u00eda ciegos. Pero s\u00ed los apropiados a la edad. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Contemplar &#8216;La \u00faltima cena&#8217;, siquiera quince minutos, es algo que debe hacerse en esta vida, pues muy probablemente no tendremos otra. Como el David de Miguel \u00c1ngel en Florencia, las pir\u00e1mides y el valle de los reyes en Egipto, el foro en Roma o el Parten\u00f3n en Grecia. Leonardo fue pintor, escultor, arquitecto e inventor. Experiment\u00f3 con armas de asalto, puentes, casas, naves y aparatos voladores, hasta el punto de concebir el embri\u00f3n del helic\u00f3ptero y el submarino (una bonita exposici\u00f3n en un edificio al inicio de la galer\u00eda Vitorio Emanuelle muestra estos d\u00edas maquetas y recreaciones visuales de todo ello). Y dej\u00f3 para la posteridad algo tan absolutamente m\u00e1gico como &#8216;La \u00faltima cena&#8217; en ese instante en el que Jesucristo dice &#8220;uno de vosotros me va a traicionar&#8221;. Quien quiera saber c\u00f3mo reaccionaron los ap\u00f3stoles debe reservar la entrada por internet con tres meses de antelaci\u00f3n y sacarse un billete de avi\u00f3n a Mil\u00e1n. El aparato en el que volar\u00e1 ya fue concebido por Leonardo da Vinci en el siglo XV y\u00a0el mural que le deslumbrar\u00e1 lo pint\u00f3 ese mismo Leonardo tambi\u00e9n en el siglo XV. Qu\u00e9 no har\u00eda ahora.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Italia 2) A las 6.30 suena el despertador. A las 7 desayunas. 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