{"id":6180,"date":"2014-04-07T09:26:09","date_gmt":"2014-04-07T08:26:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=6180"},"modified":"2014-04-07T09:26:09","modified_gmt":"2014-04-07T08:26:09","slug":"masajes-con-sorpresa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2014\/04\/07\/masajes-con-sorpresa\/","title":{"rendered":"Masajes con sorpresa"},"content":{"rendered":"<p><strong>Adri\u00e1n, entrelasa las manos y p\u00e1samelas por el cuello. La propuesta se produce en una singular situaci\u00f3n. El proponente es un amable masajista, fuerte, bajito y calvo. \u00c9l est\u00e1 de pie. T\u00fa est\u00e1s tumbado, en pantal\u00f3n corto, boca arriba. Tras un masaje de espalda, ha propuesto unos estiramientos para rematar la faena, te das la vuelta y empieza a tirar de tus brazos y de tus piernas hasta llegar el momento citado. Adri\u00e1n, entrelasa las manos y <!--more-->p\u00e1samelas por el cuello. T\u00fa miras hacia arriba y ah\u00ed divisas su cabeza, en el aire, en sentido inverso. Te apetece re\u00edr, pero optas por obedecer. \u00c9l se agacha un poco, entra en el aro que has formado con tus brazos y tira luego hacia arriba, como si quisiera elevarte con su poderoso cuello. Con este extra\u00f1o ritual finaliza el masaje. El profesional abandona la habitaci\u00f3n invit\u00e1ndote a servirte un t\u00e9 cuando te incorpores. Lo tomas. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/dibujo2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6185\" style=\"margin: 15px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/dibujo2.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/dibujo2.jpg 283w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/dibujo2-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>Adri\u00e1n, entrelasa las manos y p\u00e1samelas por el cuello. No dejas de repetirte la frase mientras te vistes. Una vez en el hall le entregas el \u00faltimo tique del bono de tres masajes adquirido dos semanas atr\u00e1s. Ernesto, \u00bfde d\u00f3nde eres? De Cuba, \u00bfestuviste all\u00e1? Entonces la conversaci\u00f3n se abre hacia tus dos viajes a Cuba, en 1992 y 1996, hacia el aperturismo actual y a la literatura y la m\u00fasica cubana. Ernesto te habla de un reciente decreto que, con otras palabras, recupera el derecho del ciudadano a la propiedad privada 55 a\u00f1os despu\u00e9s del golpe de Fidel Castro. Menciona Ernesto a Silvio Rodr\u00edguez, el gran Silvio, como uno de los m\u00e1s afamados adictos al r\u00e9gimen castrista y le mencionas t\u00fa el apasionante libro del habanero Leonardo Padura &#8216;El hombre que amaba a los perros&#8217;, sobre Ram\u00f3n Mercader y Trotski. La conversaci\u00f3n se entrelaza hasta que suena el timbre y llega el siguiente cliente. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Adri\u00e1n, entrelasa las manos y p\u00e1samelas por el cuello. Del rico verbo cubano pasas a rememorar el lenguaje chino, al m\u00e1s puro estilo de la &#8216;ele&#8217; china de sus &#8216;lost in traslation&#8217; al castellano. T\u00fa quital lopa. T\u00fa tumbal. del vuelta. T\u00fa muchas malcas en lopa. T\u00fa tenel dinelo. Esas fueron las sabias palabras de la ciudadana china que te dio un masaje en enero. Lo compraste por internet a precio de ganga y claro luego lleg\u00f3 la rebaja. El centro chino con nombre ex\u00f3tico reci\u00e9n abierto era una peluquer\u00eda (vac\u00eda cuando fuiste en plena granizada) con un cuartucho calentado con una estufa de butano y una m\u00fasica oriental puesta por la &#8216;masajista&#8217; en su tablet. La plofesional oliental despleg\u00f3 sus artes con la chupa de cuero negro puesta. Y para saber si entraba alg\u00fan cliente dej\u00f3 un cubo de pl\u00e1stico con dos botellas de agua dentro que\u00a0<\/strong><strong>atascaba la puerta del negocio. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando saliste del masaje chino fuiste a casa corriendo a darte una ducha pala pulificalte. Cuando sales del cubano, con sus bamb\u00fas, sus piedras calientes, su m\u00fasica relajante y ese pr\u00f3digo verbo del amable Ernesto caminas por la centraliega calle de los Moros pl\u00e1cido y sonriente. Meditas entonces la adquisici\u00f3n de otro bono y de una peluca rubia para el masajista. Quiz\u00e1 as\u00ed podr\u00e1s entrelasar las manos con algo m\u00e1s de decisi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adri\u00e1n, entrelasa las manos y p\u00e1samelas por el cuello. La propuesta se produce en una singular situaci\u00f3n. El proponente es un amable masajista, fuerte, bajito y calvo. \u00c9l est\u00e1 de pie. T\u00fa est\u00e1s tumbado, en pantal\u00f3n corto, boca arriba. 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