{"id":6218,"date":"2014-04-28T08:28:36","date_gmt":"2014-04-28T07:28:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=6218"},"modified":"2014-04-28T08:28:36","modified_gmt":"2014-04-28T07:28:36","slug":"menu-del-dia-en-monachil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2014\/04\/28\/menu-del-dia-en-monachil\/","title":{"rendered":"Men\u00fa del d\u00eda en Monachil"},"content":{"rendered":"<p>(Dos para\u00edsos en abril: Granada\u00a0y C\u00e1diz, 2)<\/p>\n<p><strong>Granada tiene un mill\u00f3n de rincones. Uno de ellos, Monachil, pueblo encastrado en las faldas de Sierra Nevada, sobre la que ejerce jurisdicci\u00f3n. Inicias el jueves, 10 de abril, con una excursi\u00f3n en solitario por el desfiladero de los Cahorros, que parte a unos 500<!--more--> metros de Monachil r\u00edo arriba. En hora y pico llegas al fondo. Hay casi\u00a030 grados, <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1459.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6240\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1459.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1459.jpg 1536w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1459-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1459-768x1024.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a>as\u00ed que tras reposar un rato en el cemento de una peque\u00f1a presa, como un lagarto, te quitas la ropa y entras en porricas\u00a0al r\u00edo helado. Veinte segundos son suficientes para cortar la respiraci\u00f3n y dejarte la piel fresca y tirante. Luego secas un rato, solo, meditabundo. La esposa est\u00e1 en Mil\u00e1n, t\u00fa en Granada y el domingo la recoger\u00e1s en el aeropuerto de Sevilla para ir una vez m\u00e1s a C\u00e1diz, todo un galimat\u00edas que da sentido a nuestras vidas. Cuando desandas el camino un pitido te informa de la disponibilidad de su m\u00f3vil. Luego ya ha aterrizado en Malpensa. Va todo bien. Toca comer. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Suspiras por un gazpacho o un salmorejo. Pero la primera terraza en la que te sientas no lo ofrece. Vete a la de enfrente, que lo suelen hacer, dice amable la camarera. Te sientas enfrente. Otra chica te explica que hizo salmorejo la v\u00edspera, pero los tomates a\u00fan no est\u00e1n lo suficientemente maduros. Grrr. Bueno, pides su men\u00fa. Eliges ensalada y pechugas de pollo troceadas con especias y patatas. La ensalada est\u00e1 espectacular. Tomate, pimiento, rojo y verde, ma\u00edz, lechuga, remolacha&#8230; Umm. Cada bocado es un trozo de vida. Contemplas Monachil, sus recovecos, sus casas amontonadas, sus macetas, el limonero de un balc\u00f3n. En la mesa vecina hay tres j\u00f3venes de pelo frito y pies negros. Son dos chicas y un barbas. De repente, la que te da la espalda saca una guitarra y se pone a tocar. Suena de cojones. Tan bien suena que pides un segundo caf\u00e9 con hielo mientras inicias &#8216;Un d\u00eda m\u00e1s con vida&#8217;, de Kapuscinsky, que te cautiva desde la primera p\u00e1gina. <\/strong><\/p>\n<p><strong>A la sombra del Kiosco, as\u00ed se llama el chiringuito, te sientes parcialmente feliz (falta la esposa o un amigo o alguien). En tu soledad te dedicas a observarlo todo, a disfrutar de una leve brisa que te refresca la cara, del paisaje de Sierra Nevada, de las casas de Monachil, de la quietud rural, donde el tiempo parece congelarse, de la m\u00fasica de la guitarra acompa\u00f1ada de algunas estrofas unas veces y de bonitos silbidos otras. Este men\u00fa del d\u00eda a 7,50 te sabe a gloria bendita. En otra mesa piden justo lo que t\u00fa descartaste: cocido con hinojo y entrecot. La cerveza la sirven en vasos largos de barro. Todo apetece. Todo encaja en Monachil. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1463.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6269\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1463.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1463.jpg 1536w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1463-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1463-768x1024.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1464.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-6241\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1464.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1464.jpg 2048w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1464-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1464-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/04\/Foto1464-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>A las 3.40 se acaba el concierto. Los del pelo frito recogen sus b\u00e1rtulos para coger un autob\u00fas. Hubo un momento triste en medio del recital. La cantante se detuvo y llor\u00f3. La amiga se levant\u00f3 y la abraz\u00f3. El due\u00f1o del bar las mir\u00f3 y \u00e9sta explic\u00f3 que\u00a0la canci\u00f3n\u00a0le hab\u00eda recordado a un amigo fallecido. T\u00fa haces la lectura propia del momento, con la imagen de Chanca en la retina, cinco a\u00f1os y cinco d\u00edas despu\u00e9s de su espantada. Despu\u00e9s la chica de la guitarra volvi\u00f3 a cantar y el d\u00eda recuper\u00f3 su armon\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Te vas de Monachil Pueblo, pasas por Monachil Barrio y llegas a Monachil Urbanizaci\u00f3n, en una sucesi\u00f3n de casas del monte hacia la vega de Granada, para hacer un descanso en el hotel. Luego toca cita granadina con la prensa. Ahora reposas lo vivido en solitario:\u00a0la ruta por el desfiladero, el ba\u00f1o helado, el delicioso men\u00fa del d\u00eda en el Kiosco y la m\u00fasica de la chica del pelo frito. Gracias, Monachil. Grasia, Monash\u00ed. Ha sido una maravillosa jornada antes de asistir a la conferencia de un corresponsal de guerra. Pero esa ser\u00e1 otra batalla.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Dos para\u00edsos en abril: Granada\u00a0y C\u00e1diz, 2) Granada tiene un mill\u00f3n de rincones. Uno de ellos, Monachil, pueblo encastrado en las faldas de Sierra Nevada, sobre la que ejerce jurisdicci\u00f3n. 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