{"id":6225,"date":"2014-04-19T09:34:24","date_gmt":"2014-04-19T08:34:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=6225"},"modified":"2014-04-19T09:34:24","modified_gmt":"2014-04-19T08:34:24","slug":"el-dia-que-gabo-no-me-hablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2014\/04\/19\/el-dia-que-gabo-no-me-hablo\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que Gabo no me habl\u00f3"},"content":{"rendered":"<p><strong>Sevilla, 30 de julio de 1992; Isla de la Cartuja. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Premio Nobel de Literatura y dios de las letras hispanas, visita la Expo 92. Durante cuatro horas, recorre el recinto como invitado estelar de la comitiva oficial del D\u00eda de Colombia, su pa\u00eds natal. La prensa le persigue en bloque en busca de ese instante en el que Gabo se digne a dirigir la palabra a quienes ejercen la misma profesi\u00f3n que \u00e9l desempe\u00f1\u00f3 durante a\u00f1os. No ocurrir\u00e1 tal cosa. Gabo ignora a la canallesca. No quiere abrir la boca. No hace la menor declaraci\u00f3n en tan se\u00f1alada ocasi\u00f3n. Quien esto suscribe, a sus 24 a\u00f1os, se fue a comer pasadas las dos de la tarde con un terrible disgusto. Admirador de su obra, con todos sus libros le\u00eddos, el joven periodista se lleva un chasco de tal magnitud con el personaje universal que le forma un doloroso nudo en el est\u00f3mago. Por la tarde se repetir\u00e1 la historia.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Asturias, octubre de 1997. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s del disgusto sevillano, Gabo estuvo en el Principado, en apoyo del Premio Pr\u00edncipe de las Letras, \u00c1lvaro Mutis. La persona que acude a recibirle, un veterano gijon\u00e9s con v\u00ednculos colombianos, tambi\u00e9n se lleva un chasco importante. As\u00ed te lo contar\u00e1 tiempo despu\u00e9s. En cuanto se le aproximan unos pocos admiradores, el escritor exclama: &#8220;Mi valija&#8221;, una exigencia de protecci\u00f3n diplom\u00e1tica que recibi\u00f3 al instante por parte de su anfitri\u00f3n, a quien apenas dirigi\u00f3 la palabra en el trayecto hasta Oviedo. &#8220;Era una persona muy pagada de s\u00ed misma&#8221;, te confesar\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p><strong> Esos son los dos malos recuerdos que tienes de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Los buenos fueron previos, cuando devoraste sus novelas en la etapa veintea\u00f1era. \u00a0M\u00e1s tarde, el realismo m\u00e1gico latinoamericano te acabar\u00eda por resultar una etapa superada, aunque es de justicia reconocer la belleza de su literatura, su verbo cristalino apto para todos los p\u00fablicos y una fama mundial en definitiva merecida. Sin embargo, el amargor que te produjo aquel desprecio a la prensa en la Expo de Sevilla (tres frases a primera hora de la ma\u00f1ana habr\u00edan sido suficientes para poder hacer tu trabajo) y la experiencia de tu confidente gijon\u00e9s ejercen de triste contrapeso al indudable reconocimiento profesional. El divo estrope\u00f3 al hombre. Pero siempre nos quedar\u00e1n sus coroneles, sus aurelianosbuend\u00edas, las peleas de gallos y los amores viejos en tiempos del c\u00f3lera. Qu\u00e9 pena que Gabo no quisiera hablarte aquel d\u00eda para recordarle como se merece.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sevilla, 30 de julio de 1992; Isla de la Cartuja. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Premio Nobel de Literatura y dios de las letras hispanas, visita la Expo 92. 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