{"id":7277,"date":"2014-12-26T20:12:25","date_gmt":"2014-12-26T19:12:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=7277"},"modified":"2014-12-26T20:12:25","modified_gmt":"2014-12-26T19:12:25","slug":"mozart-sonrisas-lagrimas-y-pena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2014\/12\/26\/mozart-sonrisas-lagrimas-y-pena\/","title":{"rendered":"Mozart, Sonrisas, L\u00e1grimas y Pe\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p>(Por Alemania y Austria 7)<\/p>\n<p><strong>Entras con mal pie en Salzburgo. El viaje en tren desde Innsbruck, apenas dos horas, tiene un suculento recargo poco antes de la llegada por usar un bono de diario\u00a0para trenes r\u00e1pidos, error cometido sin\u00a0intenci\u00f3n pese a tu dni espa\u00f1ol. El hotel, pr\u00f3ximo a la estaci\u00f3n, ha salido por un rej\u00f3n. Pero no hay nada en su interior que lo justifique, m\u00e1s que las fechas: puente de diciembre. Te lo tomas todo con deportividad. Sin embargo, cuando caminas por el paseo del r\u00edo y llegas al cogollo te topas con el tercer factor adverso: la <!--more-->masificaci\u00f3n. <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a14.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7280\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a14.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a14.jpg 719w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a14-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Salzburgo est\u00e1 atestado de turistas. Metido en el reba\u00f1o, llegas a las dos plazas estrella de esta ciudad austriaca a la que los alemanes consideran parte de Baviera: las de la catedral y la residenz. Cuesta caminar por ambas, animadas por los mercadillos navide\u00f1os, un papa noel rodeado de ni\u00f1os y de renos en versi\u00f3n disfraz, edificios monumentales&#8230; Est\u00e1 todo bien, pero sobra gente, sobran dos tercios de los presentes para poder estar a gusto. En esa tesitura, tras un vino caliente para entonar y unos paseos de reconocimiento, la \u00fanica visita del d\u00eda ser\u00e1 el Caf\u00e9 Sacher, ah\u00ed donde Franz Sacher, entonces un joven aprendiz de reposter\u00eda,\u00a0se invent\u00f3 la famosa tarta en 1832 para deleitar al pr\u00edncipe Kemens Wenzel Von Metternich y sus invitados: dos trozos de bizcocho de chocolate unidos por una fina capa de mermelada de albaricoque. El ambiente en Sacher es distinguido, el caf\u00e9 es elegante, un habit\u00e1culo est\u00e1 repleto de fotos de famosos y la merienda, tarta y caf\u00e9, servida por una camarera argentina, no decepciona. Miento: la esposa esperaba m\u00e1s, el maridu no.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a23.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7281\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a23.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a23.jpg 719w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a23-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a34.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7282\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a34.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a34.jpg 719w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a34-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><br \/>\n<strong>Si la llegada a Salzburgo fue tibia, el segundo d\u00eda ser\u00e1 espectacular, a ritmo suave, esquivando masas como puedes, viendo cosas aqu\u00ed y all\u00e1, con cena y concierto de remate. Vamos por partes. Empiezas por Mirabel, un palacio del siglo XVII construido por el pr\u00edncipe-arzobispo del momento para impresionar a su amante, Salom\u00e9, con la que tendr\u00eda nada menos que 15 hijos. Enseguida notas que est\u00e1s en un lugar fecundo: hay dos bodas en ciernes y las dos austriacas, rubias ellas,\u00a0lucen un buen bombo. Momentos antes de que se inicie la primera ceremonia en el espectacular sal\u00f3n de m\u00e1rmol, consigues meter la nariz para contemplarlo. Eso de vivir como un cura quiz\u00e1 se inventase en Salzburgo, a tenor del palacio y los jardines, donde se rod\u00f3 alguna escena de &#8216;Sonrisas y l\u00e1grimas&#8217;. Cuando sales a recorrerlos te topas con un grupo de j\u00f3venes y un gu\u00eda disfrazado de Mozart al que parece picarle la pecula continuamente. Lo malo de Salzburgo es lo mismo que lo bueno: la fama excesiva de sus dos grandes atractivos vienen, de alg\u00fan modo, a estropear el conjunto con la sobredosis de ofertas, visitas guiadas, merchandising&#8230; organizadas en torno al compositor y la pel\u00edcula. Ellos, sin duda, no tuvieron la culpa. Pero cuando ves las\u00a0marabuntas\u00a0huyes en otras direcciones.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pasas por la casa donde vivi\u00f3 Stefan Zweig unos veinte a\u00f1os de su vida. Est\u00e1 cerrada. Pero tiene unas grandes vistas a la ciudad, un poco elevada sobre ella. Ah\u00ed escribi\u00f3 unos cuantos de sus grandes libros. Te presta estar ante su puerta. Es un se\u00f1or casopl\u00f3n. Sigues el camino monte arriba e inicias un paseo por una senda que te va ofreciendo agradables vistas de Salzburgo. As\u00ed hasta llegar a su Museo de Arte Moderno, donde hay un caf\u00e9 con vistas con un ambientazo total. De vuelva al mundanal ruido, te escapas del epicentro hasta dar con un singular restaurante donde tomas unas sopas de ajo. Algo ligero para entonar y no perder la gracia, pues hay cena de post\u00edn a las ocho en la fortaleza. Luego toca la majestuosa residenz donde viv\u00edan los pr\u00edncipes-arzobispo que gobernaron Salzburgo durante siglos. Es digna de ver. Bonitos salones, llamativas estufas, un maravilloso cuadro de Rembrandt, luminosas cristaleras&#8230; Y una peque\u00f1a sorpresa final: al salir a una azotea que conecta con la catedral te ofrecen un ponche caliente (pagas la voluntad) que entona las espectaculares vistas que tienes a ambos lados. Es en ese preciso instante cuando empiezas a ver Salzburgo\u00a0 de otra manera. Est\u00e1s elevado, como Ferm\u00edn de Pas, divisando una multitud que lo llena todo. Te recreas un buen rato en la situaci\u00f3n mientras das sorbos calientes que te saben a gloria. <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a43.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-7283\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a43.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a43.jpg 719w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a43-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a53.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7284\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a53.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a53.jpg 719w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a53-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Luego subes a la fortaleza en funicular. Toca el pack contratado desde Gij\u00f3n: cena+concierto. Cortes\u00eda de la esposa. La fortaleza tiene una peque\u00f1a exposici\u00f3n de marionetas muy interesante. En Salzburgo son tambi\u00e9n famosas las obras de teatro y musicales con marionetas. Pero no te decides a ver un espect\u00e1culo hablado de dos horas en alem\u00e1n por muy logrados que est\u00e9n estos actores de madera. Tras perderte un poco por la fortaleza, acudes a tu cita. La cena con vistas a Salzburgo la riegas con un vino austriaco tras muchos d\u00edas cerveceros. El caldo es normalito, pese a doblar el precio\u00a0de un espa\u00f1ol, pero la cena est\u00e1 muy bien y vas al concierto entonado. Un sexteto de cuerda interpretar\u00e1 obras de Mozart, Bach, Vivaldi y Schumman en una galer\u00eda abovedada de la propia\u00a0fortaleza. La sensaci\u00f3n es maravillosa. Viola, violines, arpa, chelo&#8230; Cada m\u00fasico se concentra de una forma muy diferente. Elucubras mentalmente sobre la vida de cada uno. El conjunto es de una armon\u00eda embriagadora. En un peque\u00f1o intermedio te tomas una copa de champ\u00e1n. Y cuando bajas en el funicular, con los propios m\u00fasicos, vas levitando. Una vez en la calle, todo el mundo se dispersa caminando salvo el tipo del guardarropa, que monta en un cochazo y se pira. Nada es lo que parece, le dices a la muyer. Igual era el organizador de todo el sarao&#8230;<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a73.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7292\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a73.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a73.jpg 719w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/12\/a73-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>El concierto te reconcilia definitivamente con Salzburgo. Al d\u00eda siguiente, en tus \u00faltimas horas en la ciudad austriaca, visitas la casa natal de Mozart y la casa familiar de su juventud, donde te sorprende un dato. En la sala, \u00e9l y su padre jugaban al tiro al blanco con unos arcabuces de escasa potencia, juego al que invitaban con frecuencia a sus amigos. Hay mil datos curiosos. Alg\u00fan objeto presuntamente original del compositor, como un mech\u00f3n de pelo, un anillo o su billetera, historias de su hermana, de su m\u00edsero final en Viena&#8230; Despu\u00e9s de la clase magistral sobre Mozart toca hacer una frivolidad tama\u00f1o piano. A la muyer le hace ilusi\u00f3n. Y no se hable m\u00e1s. Frente al funicular hay una tienda donde te disfrazan de \u00e9poca y te enmarcan en papel una fotograf\u00eda. Padentro. A ella le sienta de cine el atuendo &#8216;siglo XIX&#8217;. T\u00fa haces de mero botarate con sombrero de copa incluido. El divertimento pone la guinda a la ciudad masificada. Pensabas rematar la faena en una famosa cervecer\u00eda Augustiner Br\u00e4ust\u00fcbl, de 1621,\u00a0donde la cerveza fabricada por monjes te la sirven en unas bonitas jarras de cer\u00e1mica, pero no cabe un alfiler. Es domingo. Son las siete de la tarde. Y el inmenso habit\u00e1culo acumula tal griter\u00edo que tienes que arrimarte a la oreja de tu oponente para que te pueda o\u00edr: &#8220;V\u00e1monos&#8221;. El tren te espera para regresar a Munich. Ha sido un d\u00eda curioso, que empez\u00f3 a media hora de Salzburgo, en Berchtesgaden. Pero esa es otra historia, la \u00faltima que queda por contar de este viaje germ\u00e1nico.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Alemania y Austria 7) Entras con mal pie en Salzburgo. 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