{"id":8006,"date":"2015-07-24T07:49:14","date_gmt":"2015-07-24T06:49:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=8006"},"modified":"2015-07-24T07:49:14","modified_gmt":"2015-07-24T06:49:14","slug":"leones-en-leon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2015\/07\/24\/leones-en-leon\/","title":{"rendered":"Leones en Le\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Te encaminas al r\u00edo tras dos horas de monte. En las sombras del bosque has tenido la sensaci\u00f3n de estar secretamente acompa\u00f1ado por el reino animal, sin que nadie se haya mostrado. Sales a una inmensa pradera amarilla salpimentada <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-8040\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon4.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/dos-leonas-leo-panthera-401205561.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-8041\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/dos-leonas-leo-panthera-401205561.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>de fardos de paja. Es entonces cuando los ves. Por el rabillo del ojo derecho divisas con plena nitidez un le\u00f3n macho emergiendo entre las escobas. Giras la mirada en direcci\u00f3n contraria, sin mover un m\u00fasculo, y verificas que le acompa\u00f1an dos leonas por el lado contrario. Est\u00e1s en campo abierto, a unos 200 metros del monte y 300 del r\u00edo, sin edificios ni \u00e1rboles de envergadura a los que encaramarte. Tus ojos hacen un nuevo repaso visual para verificar que no est\u00e1s so\u00f1ando. Hay tres leones en sigiloso movimiento rodeando tu cuerpo serrano. Est\u00e1s en las praderas intermedias entre la monta\u00f1a y Boca de Hu\u00e9rgano (Le\u00f3n), es viernes, 10 de julio de 2015, son las 12.30 horas de la ma\u00f1ana y hay unos 28 grados de temperatura bajo un cielo azul donde no se divisa una sola nube.<!--more--><\/strong><\/p>\n<p><strong>La primera decisi\u00f3n es seguir caminando sin variar el paso, a ritmo cansino, quebrando con tus playeros la hierba seca. Haces repaso de existencias por si tienes alg\u00fan \u00fatil que te resuelva la papeleta. Playeros, pantal\u00f3n corto y camiseta. Una mochila con agua, prism\u00e1ticos, navaja y tel\u00e9fono. Un palo en la mano derecha. Los tres primeros pensamientos son del todo est\u00fapidos: buscar alguna planta que provoque estornudo a las fieras, esconderte debajo de la tierra o hacerte invisible. No tienes tiempo que perder, pero la mente te juega una mala pasada en la enumeraci\u00f3n de hip\u00f3tesis de supervivencia. La segunda tarea es analizar al enemigo. \u00bfSer\u00e1n de un circo? Es la teor\u00eda m\u00e1s plausible. <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-8042\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon1.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"280\" \/><\/a>Llevas 21 d\u00edas de vacaciones desconectado del mundo, sin un solo minuto de televisi\u00f3n, con leves incursiones en la portada digital de tu peri\u00f3dico. No has visto noticias de leones huidos, pero tambi\u00e9n puede ocurrir que se haya producido una fuga en un circo de Le\u00f3n y los due\u00f1os se hayan disfrazado de maceta para evitar una multa. Otra opci\u00f3n no cabe. No hay leones en Espa\u00f1a. Partiendo de estar sobre una base cierta, se abre una posibilidad: est\u00e1n acostumbrados al dominio del hombre, a ser domados, a obedecer. De modo que existe la esperanza\u00a0<\/strong><strong>de que te obedezcan. Pero claro, t\u00fa no eres \u00c1ngel Cristo, no tienes ni la destreza ni, fundamental, un l\u00e1tigo que les recuerde su deber de sumisi\u00f3n. Tampoco sabes cu\u00e1nto hace que no han comido.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Todos estos pensamientos se suceden en apenas cinco segundos. En ese tiempo, t\u00fa has dado unos pasos titubeantes y los leones, tambi\u00e9n. Sigues disimulando, <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-8043\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon2.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"280\" \/><\/a>pero la cacer\u00eda est\u00e1 planteada. Al igual que has visto cientos de veces en los documentales, en una vista a\u00e9rea t\u00fa ser\u00edas la cebra que pasta placentera en la sabana mientras los tres atacantes la van rodeando. Pero hay una sutil diferencia. Esta pradera est\u00e1 segada al completo, de modo que las fieras rodean a su presa a una distancia un tanto mayor, la que les marcan los arbustos. Sin embargo, en un instante se produce lo inevitable. \u00a1Zas! Los tres leones inician una galopada hacia su presa. No queda margen para seguir discurriendo. Entonces galopas t\u00fa tambi\u00e9n contra lo \u00fanico que tienes a tu alcance: un fardo de hierba. El salto nervioso es torpe y rebotas hacia atr\u00e1s. Apoyas el palo, repites la operaci\u00f3n con \u00e9xito y lo coges. Ya est\u00e1s arriba cuando las fieras est\u00e1n a unos quince metros. Es el momento de demostrar poder\u00edo, seg\u00fan la tesis del domador, que es la \u00fanica que parece plausible. Gritas con fuerza, les muestras tu arma y giras para cubrir los <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon3.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-8044\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/07\/leon3.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"280\" \/><\/a>360 grados. La primera medida resulta un \u00e9xito pues los tres bichos, sinti\u00e9ndose descubiertos, frenan la carrera a un par de metros del fardo y comienzan a rugir poderosamente. Intuyes que te quedan segundos de vida, pero no est\u00e1 de m\u00e1s intentarlo. Haces gestos con el palo de arriba abajo para indicarles sumisi\u00f3n, intentando que no entre en la boca de ninguno para que no te lo partan de un bocado. Mejor apuntar a las fosas nasales. La cosa parece dar resultado. Est\u00e1n confundidos. Indecisos. Es el momento de coger el m\u00f3vil y pedir socorro. Estiras el brazo hacia adelante y marcas 112, mientras con el otro sigues haciendo aspavientos. \u201cSocorro. Estoy en Boca de Hu\u00e9rgano. Me rodean tres leones. No es broma. Socorro. En el prado entre el pueblo y el monte. Socorro\u201d. Quiere la fortuna que uno de ellos emita un rugido. \u201c\u00bfHan o\u00eddo el rugido? Socorroooo\u201d. Se te cae el m\u00f3vil al girarte hacia una de las leonas, que se acerca a \u00e9l, lo lame\u00a0 y le pega un mordisco. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfCu\u00e1nto pod\u00e1s aguantar en esta situaci\u00f3n? Tres cig\u00fce\u00f1as acuden en tu ayuda. Se acaban de posar en una esquina del prao y las dos leonas se van galopando hacia ellas. Te queda el barbas. Una sensible mejor\u00eda, pues andar girando todo el rato te estaba agotando. El le\u00f3n apoya una garra en la parte alta del fardo, como si fuera a impulsarse hacia arriba y t\u00fa aciertas a clavarle el palo entre las dos fosas nasales, emite un quejido y se baja.\u00a0 Entonces ocurre algo inesperado: se tumba a unos\u00a0<\/strong><strong>cinco metros, mir\u00e1ndote de reojo, calibrando, mientras sus compa\u00f1eras han desaparecido de tu campo visual. Pero cuando cre\u00edas que las cosas se pon\u00edan de tu lado, las ves llegar de nuevo al galope, enrabietadas, con el focico manchado de sangre. Ya han vuelto a cazar y esto les ha dado la determinaci\u00f3n que les faltaba para atacarte. Es el final. Alumbras\u00a0<\/strong><strong>una ocurrencia in extremis. Bajas del fardo de un salto, tiras de las cuerdas que lo envuelven hacia ti y te dejas aplastar por \u00e9l hecho un ovillo. Es un fardo redondo de casi dos metros de di\u00e1metro y has tenido la fortuna de que el prado en este punto tenga una leve ondulaci\u00f3n que te permite sostener su peso y respirar. A los ojos de los leones has hecho magia.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Quedan peque\u00f1os huecos por el per\u00edmetro de esta gran rosquilla de hierba, por donde meten sus garras. Pero no llegan hasta ti. Impotentes, se ensa\u00f1an con el fardo en s\u00ed. Empiezan a darle bocados por su parte alta para ir destejiendo esa mara\u00f1a de paja que te proteje. Esto supone que o llega alguien a salvarte o tu autonom\u00eda vital puede cifrarse a lo sumo en un cuarto de hora. Ya no caben m\u00e1s decisiones. Solo esperar. Escuchas los bocados de los leones, cabreados por la inesperada tarea. Dan mordiscos al fardo y lo escarban tambi\u00e9n con sus garras. A los cinco minutos calculas que han destrozado un tercio de tu manto protector. A los siete se aproximan a la mitad. Entonces suenan disparos. Uno, dos, tres&#8230; Un quejido, otro&#8230; Y se hace el silencio. Oyes hablar. Pero a\u00fan no te atreves a moverte. Las voces se acercan y gritas con todas tus fuerzas: \u201c\u00a1Aquiiiii\u00ed!\u201d. Cuando desciende un helic\u00f3ptero del Seprona, el capit\u00e1n contempla una escena dantesca: tres leones abatidos con dardos, seis guardias civiles y un mont\u00f3n de paja disperso alrededor de un ovillo humano que empieza a desperezarse.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Te encaminas al r\u00edo tras dos horas de monte. En las sombras del bosque has tenido la sensaci\u00f3n de estar secretamente acompa\u00f1ado por el reino animal, sin que nadie se haya mostrado. 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