{"id":8640,"date":"2016-01-11T17:02:31","date_gmt":"2016-01-11T16:02:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=8640"},"modified":"2016-01-11T17:02:31","modified_gmt":"2016-01-11T16:02:31","slug":"bowie-irrepetible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2016\/01\/11\/bowie-irrepetible\/","title":{"rendered":"BowIE, IrrepetiBLe"},"content":{"rendered":"<p><strong>Hubo un tiempo en el que comprabas los discos por la portada. Sin haberlos escuchado siquiera. Bastaba saber que Bowie, Rainbow o Silvio hab\u00edan sacado algo para irte a Discoteca, Memphis, Paradiso o Discoplay (por correo) y comprarlo a ciegas. Costaban 600 pesetas. Mirabas aquellas portadas, admirabas sus fotos, le\u00edas sus letras y, tambi\u00e9n, c\u00f3mo no, acababas por extraer su vinilo y ponerlo en aquella mastod\u00f3ntica torre musical que se gastaba por entonces. Cuando contabas once a\u00f1os, &#8216;Space Oddity&#8217; fue tu primer elep\u00e9. Exactamente, en 1978. Esta forma de comprar ten\u00eda, evidentemente, sus riesgos. Si fallabas, se abr\u00edan dos v\u00edas &#8216;comerciales&#8217; para dar <!--more-->salida al error: una, tu big broder, a quien intentabas col\u00e1rselo en caso de que \u00e9l lo considerase un acierto. Otra, una habilidad manual desarrollada con los precintos de una tienda ya cerrada para quitarlos de un disco reci\u00e9n comprado, pon\u00e9rselos al pufo e ir a cambiarlo con cara de p\u00f3quer. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/01\/imagesCA1Y5ZRS1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-8646\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/01\/imagesCA1Y5ZRS1.jpg\" alt=\"\" width=\"259\" height=\"194\" \/><\/a>Con esta pol\u00edtica musical, entre los diez y los veinte a\u00f1os acumulaste ciento y pico elep\u00e9s; mientras tu big broder doblaba tu cifra y hoy se sigue alejando. Cada uno ten\u00eda sus estrellas particulares en aquellos a\u00f1os setenta y ochenta. \u00c9l, Pink Floyd. T\u00fa, David Bowie. A su colecci\u00f3n completa de Pink Floyd, t\u00fa replicabas con Bowie, de quien llegaste a comprar hasta 17 elep\u00e9s. Tras el primero, Space Oddity, vinieron todos los dem\u00e1s: The Man Who Sold The World, Hunky Dory, Ziggy Stardust (el buque insignia), Aladdin Sane, Pin Ups, Diamond Dogs, Young Americans, Station to Station, Low, Heroes, Lodger, Scary Monsters, <strong>Tonight,\u00a0<\/strong>Lets Dance y Never Let Me Down. Al final, compraste el primero de todos, aquel cabaretero &#8216;David Bowie: el rey del gay power&#8217;. Y diste por cerrada la colecci\u00f3n. Bowie sigui\u00f3 publicando en los noventa, pero aquellos experimentos un tanto extra\u00f1os ya no llamaron tu atenci\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<p><strong>La radio, al inicio de la ma\u00f1ana, da la noticia de su muerte. No te inmutas. Quiz\u00e1 sea que ya te est\u00e1s acostumbrando a la muerte. Quien fuera tu \u00eddolo de infancia y primera juventud se ha ido al otro barrio pasando a formar parte de la leyenda junto a Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendrix y tantos otros. Pero t\u00fa empiezas a tener tan claro que al final no va a quedar ninguno, ni tocando ni escribiendo, que lo tomas con la propia naturalidad de esta vida acelerada para la que nadie ha sido capaz de inventar a\u00fan el freno de mano. Bowie, tu Bowie, la ha espichado. Y t\u00fa sigues conduciendo impasible, y griposo, camino de un &#8216;recado&#8217; co\u00f1azo inaplazable. Desde que dejaste de comprar sus discos hasta hoy se hab\u00eda abierto una cort\u00e9s distancia entre ambos, pues la m\u00fasica de Bowie, justo es reconocerlo, no ha envejecido bien. Hoy suena un poco a lata. Mientras The Doors sigue siendo The Doors, Rainbow contin\u00faa ca\u00f1ero y Silvio mantiene su voz aflautada como se\u00f1a de identidad, la obra de Bowie, aun teniendo grand\u00edsimos discos y grand\u00edsimas canciones, no le hace los honores debidos con el paso del tiempo. \u00bfEl motivo? Resulta sencillo: tan innovadora fue su m\u00fasica (pop, glam, funky, electr\u00f3nica, disco), abri\u00f3 tantos caminos que resulta complejo definirlo, enmarcarlo, clasificarlo de forma coherente. Bowie es Bowie. Y punto. \u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/01\/bow1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-8647\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/01\/bow1.jpg\" alt=\"\" width=\"524\" height=\"314\" \/><\/a>Nacido en Brixton (Londres) un 8 de enero de 1947, David Robert Jones mor\u00eda esta ma\u00f1ana dos d\u00edas despu\u00e9s de cumplir 69 a\u00f1os. \u00a1Joven! Pero claro. Se supone que la tralla pasa factura y el Camale\u00f3n, el Duque, el Rey del Glam llev\u00f3 seg\u00fan se cuenta una vida totalmente desfasada (y creativa) hasta atoparse con una tal Iman, con la que se cas\u00f3, tuvo una hija y sent\u00f3 la cabeza. De forma paralela, tras otra etapa desfasada en tono menor, quien suscribe tambi\u00e9n se cas\u00f3 y sent\u00f3 la cabeza. As\u00ed, imaginarte a Bowie en casa, en zapatillas, leyendo el peri\u00f3dico, buceando en internet o cocinando, como lo retrataba Iman en una entrevista reciente, acab\u00f3 por no resultarte extra\u00f1o. Todo tiene sus etapas. Incluso para Bowie, quien cortej\u00f3 con la muerte en aquella misteriosa pel\u00edcula (El ansia) y, de forma premonitoria, en el videoclip de su disco p\u00f3stumo, proyectado en los telediarios ayer mismo, donde parece ironizar con su propio destino. El de todos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>A Bowie le meti\u00f3 el gusanillo de la m\u00fasica su hermanastro Terry, siete a\u00f1os mayor que \u00e9l. Con 15, un compa\u00f1ero de infancia, George Underwood, le dio tal paliza que casi pierde un ojo. El camale\u00f3n se repuso de la refriega, pero le qued\u00f3 para siempre una secuela acorde con su carrera inimitable: un ojo azul y otro gris por efecto de la dilataci\u00f3n permanente de una pupila. Convertido ya en estrella, declar\u00f3: &#8220;No me importa que me copien. Yo siempre estoy cambiando&#8221;. Y as\u00ed ha sido siempre: innovando, creando, componiendo y trasgrediendo con ropajes y maquillajes que fueron bandera de una \u00e9poca. Siempre talentoso, siempre elegante, siempre ingenioso. Empez\u00f3 tocando el saxo en la etapa escolar, public\u00f3 su primer single en 1964 con los King Bees y nos deja para el recuerdo el disco salido a la luz casi horas antes de su muerte. O sea, creaci\u00f3n desde los 17 hasta los 69. Para las nuevas generaciones Bowie es una inc\u00f3gnita. Sin embargo, cuando se encuentren por casa entre la colecci\u00f3n de elep\u00e9s del padre, o del abuelo, al Camale\u00f3n quiz\u00e1 se lleven una grata sorpresa si le dan una oportunidad. No estar\u00eda mal empezar por &#8216;Ziggy Stardust&#8217; con ese rotundo tema llamado &#8216;Five years&#8217; para transportarte al hiperespacio. Y, a ser posible, atendiendo al consejo que reza en una esquina del reverso del disco: &#8216;Para ser reproducido al volumen m\u00e1ximo&#8217;.<\/strong><\/p>\n<p>pd.1-Mientras escribes un joven amable te instala el co\u00f1azo de la fibra \u00f3ptica. Cuando le pones &#8216;Ziggy Stardust&#8217; dice: &#8220;Mi padre tiene alg\u00fan disco de Bowie&#8221;. Es todo lo que sabe. Pues eso.<\/p>\n<p>pd.2-No has hablado del concierto de Bowie en Gij\u00f3n de 1990. Sencillamente, no te gust\u00f3. Toc\u00f3 justito hora y media en Las Mestas, donde la m\u00fasica no suena muy all\u00e1, sin grandes alardes y se pir\u00f3. Le perdonaste: \u00bfQu\u00e9 le importa Gij\u00f3n a Bowie?, fue tu razonamiento. Quiz\u00e1 entonces estuviera ya Imanizado, pues casose con la somal\u00ed en 1992. Estaba a punto de calzar las zapatillas de cuadros. Se las ten\u00eda bien ganadas.<\/p>\n<p>pd.3-Despu\u00e9s de Tonight (agradable), Ziggy Stardust (m\u00edtico) y Diamond Dogs (ca\u00f1ero total), sigues con Aladdin Sane (talentoso). Cuando escuchas &#8216;Time&#8217; te dices: \u00bfC\u00f3mo puedes haber escrito que envejeci\u00f3 mal su m\u00fasica? \u00a1Casun Soria!&#8230;<\/p>\n<p>pd.4-Avanza la tarde con Heroes, Young Americans, Aladdin Sane, Hunky Dory&#8230; Haces un par\u00f3n de elep\u00e9s y entras en Youtube para escuchar entero el disco p\u00f3stumo. Los v\u00eddeos de Blackstar y Lazarus no tienen desperdicio. Hay un c\u00f3ctel de talento, misa negra y levitaci\u00f3n con la muerte ba\u00f1\u00e1ndolo todo. Son dos temas que crean un cl\u00edmax adictivo. Bowie se despidi\u00f3 cant\u00e1ndole a la muerte. Mir\u00e1ndola de frente. Abriendo los brazos a su nueva etapa c\u00f3smica. La de la desintegraci\u00f3n.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo un tiempo en el que comprabas los discos por la portada. Sin haberlos escuchado siquiera. Bastaba saber que Bowie, Rainbow o Silvio hab\u00edan sacado algo para irte a Discoteca, Memphis, Paradiso o Discoplay (por correo) y comprarlo a ciegas. Costaban 600 pesetas. 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