{"id":8939,"date":"2016-03-28T09:37:36","date_gmt":"2016-03-28T08:37:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=8939"},"modified":"2016-03-28T09:37:36","modified_gmt":"2016-03-28T08:37:36","slug":"astures-en-la-nieve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2016\/03\/28\/astures-en-la-nieve\/","title":{"rendered":"Astures en la nieve"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuando la Semana Santa se reduce a un solo d\u00eda, el viernes, hay que aprovecharlo. El resto toca trabajar. Tras acabar la jornada del jueves, sales para el valle de Ria\u00f1o pasadas las once de la noche. Tarna est\u00e1 misterioso. Lo iluminan una gran luna y la nieve que te acompa\u00f1a a ambos lados de la carretera. No hay tanta luz como para ver con nitidez el asfalto destrozado. Ese ya lo sienten las ruedas en los 23 kil\u00f3metros que median desde Campo de Caso hasta el alto del puerto, a 1.490 metros. Tarna es un puerto aniquilado, triturado, abandonado, con un gran argayo sin retirar desde hace catorce meses. Una vez coronado Le\u00f3n, la carretera se ensancha, el piso est\u00e1 cuidado. Tal parece que cambies de pa\u00eds. De Albania a Alemania, como dec\u00eda un internauta en El Comercio Digital.<!--more--><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/03\/n11.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-8940\" style=\"margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/03\/n11.jpg\" alt=\"\" width=\"563\" height=\"341\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Llegas a Boca de Hu\u00e9rgano a la una y media de la noche y a dormir. El viernes toca excursi\u00f3n a San Glorio con el primo Gabriel. El tiempo es ambiguo. Hay nieblas y amenaza lluvia. Pero la visi\u00f3n alcanza un plano medio suficiente. Con raquetas, el tr\u00edo asturgallego se adentra hacia el Portillo de las Yeguas, una pe\u00f1a con presuntas vistas hacia Potes. Da gusto pisar nieve virgen, abrir una huella donde la blancura del suelo es homog\u00e9nea, avanzar ah\u00ed por donde no ha pasado nadie. Aunque el gusto tiene tambi\u00e9n un componente de profanaci\u00f3n. Eres un intruso en la nieve, en un paisaje quieto donde tu presencia viene a romper una armon\u00eda. El d\u00eda amenaza con estropearse por momentos. De hecho, a cabo de hora y pico de avance, caen unas pingaratas de agua. La expedici\u00f3n no llega a la cima, pues el \u00faltimo tramo presenta una vertical nevada bastante peligrosa. Poco antes, se cruzan unas huellas profundas a media ladera. \u00a1Son de oso! Son mayores que las del venao y en estos pagos, en este momento del a\u00f1o, no hay vacas ni caballos. As\u00ed lo confirmar\u00e1 luego Juanjo en el Hotel Tierra de la Reina. Los osos ya est\u00e1n saliendo y ah\u00ed no puede ser de otro bicho. De nuevo la huella del oso. Una vez m\u00e1s. Una vez de vuelta en Gij\u00f3n, piensas que deb\u00edas haberla seguido a ver hasta d\u00f3nde te llevaba. Pero el oso avanza veloz y las huellas estaban ya algo &#8216;gastadas&#8217;. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/03\/n21.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-8941\" style=\"margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/03\/n21.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"180\" \/><\/a>Se levanta un viento helado a algo m\u00e1s de 2.000 metros de altura. El grupo se refugia tras una roca para comer un tentempi\u00e9 de pan de pueblo, chorizo y queso. Sabe a gloria. De vuelta, puede verse (y por desgracia o\u00edrse) el ruido de una oruga mec\u00e1nica con la que est\u00e1n promocionando San Glorio. El aparato sube hasta un punto a esquiadores y luego, con otra moto, los retornan hasta el alto cuando acaban de esquiar. Tiene visos de ser un negocio ruinoso por la poca afluencia de <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/03\/n31.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-8942\" style=\"margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2016\/03\/n31.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"180\" \/><\/a>gente, pero ah\u00ed est\u00e1n metiendo ruido. Cuatro horas despu\u00e9s de iniciar la raquetada est\u00e1s de nuevo en el coche, con la sensaci\u00f3n de haber estado un rato en el m\u00e1s all\u00e1, en la naturaleza virgen, a solas con un mundo vegetal te\u00f1ido de blanco. Solo con esto ha merecido la pena el viaje, el kit-kat de la ciudad. Pero luego habr\u00e1 tiempo para m\u00e1s. Para comer una chuleta del valle con una ensalada. Para caminar por la Canalina desde Boca hasta Espejos. Para tertuliar en casa de la t\u00eda Carmen al calor del fuego. Para acostarte pronto y dormir como un pepe. Para desayunar pan con tomate y cecina y zumo de naranja en el hotel Tierra de la Reina. Y para hacer una parada en Ria\u00f1o y comprar cuatro vueltas de chorizo y ocho hamburguesas en la carnicer\u00eda del amable carnicero de Liegos. El s\u00e1bado debes estar en el peri\u00f3dico al mediod\u00eda. De camino, vas realizando un reportaje fotogr\u00e1fico sobre las miles de heridas del desolado puerto de Tarna. Solo has tenido el Viernes Santo libre. Pero han sabido a nieve, pan y cecina. A gloria bendita.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando la Semana Santa se reduce a un solo d\u00eda, el viernes, hay que aprovecharlo. El resto toca trabajar. Tras acabar la jornada del jueves, sales para el valle de Ria\u00f1o pasadas las once de la noche. Tarna est\u00e1 misterioso. 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