{"id":9279,"date":"2013-01-25T11:42:01","date_gmt":"2013-01-25T10:42:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=3650"},"modified":"2013-01-25T11:42:01","modified_gmt":"2013-01-25T10:42:01","slug":"en-las-mazmorras-del-codema-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2013\/01\/25\/en-las-mazmorras-del-codema-2\/","title":{"rendered":"En las mazmorras del Codema"},"content":{"rendered":"<p><strong>Bajas al Muro para contemplar el oleaje invernal y, cuando te quieres dar cuenta, has metido tus pecadores pies en el patio de recreo del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda. El port\u00f3n estaba abierto, un bal\u00f3n perdido ven\u00eda hacia ti y no has dudado un instante en salir al encuentro del esf\u00e9rico para pegarle un puntapi\u00e9 con toda el alma que lo ha devuelto hacia su lugar de origen trazando una endiablada curva que ha acabo por arrojarlo en la mism\u00edsima escuadra <!--more-->de la porter\u00eda contraria. Te transportas entonces a aquel otro momento, 35 a\u00f1os atr\u00e1s, en que otro disparo similar te granje\u00f3 los aplausos de tu equipo, a aquel otro en que marcaste otro gol inveros\u00edmil casi desde el c\u00f3rner, como aquel tanto historico de Quini en Vallecas y, finalmente, a la infausta ma\u00f1ana en que ca\u00edste desmayado en medio del patio tras chocar a la carrera contra otro ni\u00f1o. De repente vuelves en ti con el zumbido de un altavoz retumbando en tus o\u00eddos. Te insta a no oponer resistencia al castigo establecido por chutar una pelota ajena, muchacho. Te pide que abras las manos y juntes las yemas de los dedos boca arriba. Se reproducen alrededor de tu cabeza las cabezas del Calvo, el Cebollo, el Rafa, el Jaurrieta, la Lloca, el Mui\u00f1o, el Pirripi, el Bernardo&#8230; Te gritan, te ri\u00f1en, te agreden&#8230; Y cuando te quieres dar cuenta te has vuelto a caer desmayado en medio del patio del Codema. La primera vez ten\u00edas 10 a\u00f1os. Rompiste la nariz y un diente. Ahora tienes 45. Y no sabes qu\u00e9 ser\u00e1 de ti.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando te despiertas, la sangre se amontona en tu cabeza. Est\u00e1s desnudo, boca abajo, colgado por los tobillos en un s\u00f3tano que jam\u00e1s hab\u00edas visto. Alguien te habla. &#8220;Aus\u00edn, cu\u00e1nto tiempo&#8221;, susurra. &#8220;Pero bueno, hombre, c\u00f3mo se te ocurre escribir esas cosas. Sigues tan rebelde como hace treinta a\u00f1os&#8221;. Otra voz se interpone: &#8220;Se ve que no recibi\u00f3 lo suficiente&#8221;. Yo quiero creer que estoy so\u00f1ando, que me qued\u00e9 frito en el sof\u00e1 de casa antes de salir hacia la playa. Pero el dolor de cabeza es real, la postura inveros\u00edmil es real y las voces de los curas son reales. Yo s\u00f3lo quer\u00eda chutar, me excuso. Pero inmediatamente corrijo la frase remat\u00e1ndola con un improperio. Les digo que est\u00e1n locos y que pagar\u00e1n cara su chifladura. Pero ellos me hacen ver que no s\u00e9 exactamente d\u00f3nde estoy, ni tampoco nadie m\u00e1s imaginar\u00e1 que he osado entrar al patio del Codema tres decenios despu\u00e9s de haberlo abandonado. Dos golpes en el est\u00f3mago y una patada en la barbilla acompa\u00f1an el razonamiento. Luego le siguen unos reglazos en el culo que resqueman a su put\u00edsima madre y, finalmente, dos manos p\u00e1lidas me agarran por las patillas y me zarandean hacia adelante y hacia atr\u00e1s como en los viejos tiempos, s\u00f3lo que en posici\u00f3n inversa. No me lo puedo creer. Pero est\u00e1 sucediendo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>En esa extra\u00f1a penumbra reconozco las p\u00e1lidas manos\u00a0que me agreden\u00a0y mi adrenalina estalla. No puede volver a ocurrirme esto a m\u00ed. As\u00ed que lanzo un bramido ensordecedor y, favorecido por el bamboleo, tomo impulso hacia mi antiguo profesor de Lengua, cuyo cuello ensarto por sorpresa con las cadenas que atrapan mis manos, lo impulso hacia el aire, y lo suelto tras morderle la nariz. Como Anibal Lecter, pero en versi\u00f3n gijonesa. Este contraataque sorpresa produce una reacci\u00f3n en cadena de todas las sombras que me rodean. Gritan algo as\u00ed como &#8220;a por \u00e9l&#8221;. Y yo, en esa compleja posici\u00f3n invertida, tomo en consideraci\u00f3n repelerlos con una prominente meada que, al girar sobre m\u00ed mismo, los riega a todos a la vez. Se baten en retirada. Y alguien dice que mejor dejarme para la noche. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Quedo solo, a oscuras, magullado y enfriado en todo el cuerpo, salvo la cabeza, donde siento una presi\u00f3n sangu\u00ednea creciente. El sudor fr\u00edo contrasta con el resquemor de las heridas. \u00bfQu\u00e9 hacer? Quiz\u00e1 tenga dos horas de margen.\u00a0Las cadenas son largas, pero no demasiado gruesas, as\u00ed que decido trepar por ellas sobre m\u00ed mismo hasta hacerme un ovillo en el techo. Ah\u00ed golpeo con los grilletes de una mano contra la cadena de los pies que me hace estar suspendido en el aire como una gran l\u00e1mpara. Con una mano agarro dicha cadena y estabilizo mi cuerpo; con la otra voy dando toques. El esfuerzo es agotador, pero una hora despu\u00e9s he podido con un eslab\u00f3n, lo desencajo y mi cuerpo cae a plomo contra el suelo. La hostia es monumental, pero creo que no he roto nada. Dolorido, me incorporo y tanteo las paredes hasta dar con un panel de herramientas. Ah\u00ed logro cortar las cadenas de pies y manos, lo que me permitir\u00e1 correr. El habit\u00e1culo tiene una \u00fanica puerta y parece fuerte. As\u00ed que decido esperar a mis captores\u00a0en el \u00e1ngulo muerto que har\u00e1 al abrirse.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Al cabo de media hora se oyen pasos. Una llave da cuatro vueltas y la puerta cruje. Entran una, dos y tres sotanas. Dura todo un instante. Mientras dan la luz y giran la vista, sorprendidos, a los lados he pegado un empuj\u00f3n al \u00faltimo en entrar y he salido corriendo por el largo pasillo sin tiempo de cerrarles. Corro y grito. Oigo &#8220;se escapa&#8221; a mis espaldas y sigo gritando para insuflarme fuerzas. Al final del pasillo hay una puerta, una escalera y otra puerta, que me conduce directamente a otra m\u00e1s, muy peque\u00f1a. Salgo debajo de la escalera que va a las aulas, frente al botiqu\u00edn. Corro hacia el patio, adonde llegan las luces de las farolas de la avenida Pablo Iglesias y el &#8220;se escapa&#8221; resuena dentro del edificio. Los muros del patio son altos y debo salir cagando leches, as\u00ed que arrimo una porter\u00eda de f\u00fatbol sala contra la pared, trepo por la red y una vez sobre ella, me subo al borde donde el muro de cierre empalma con la rejilla met\u00e1lica, giro un instante la vista atr\u00e1s y veo seis u ocho sotanas detenidas en medio del patio. Vuelvo a trepar y cuando paso al lado exterior, me descuelgo a toda velocidad y caigo finalmente sobre la acera, donde lo \u00faltimo que oigo, antes de desmayarme por tercera vez en mi vida es el grito asustado de dos ancianas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando abro los ojos estoy en el hospital de Cabue\u00f1es. Hay muchos aparatos. Debe de ser la UCI. Una enfermera se acerca sonriente y le pregunto qu\u00e9 pas\u00f3, tras comprobar que tengo una pierna escayolada. &#8220;Tuviste un accidente&#8221;. \u00bfD\u00f3nde? &#8220;Pasaste un sem\u00e1foro en rojo y te atropell\u00f3 un coche&#8221;. \u00bfD\u00f3nde? &#8220;En Pablo Iglesias, delante del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda&#8221;. \u00bfY no entr\u00e9 a chutar? &#8220;No&#8221;.<\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong>\u00a0<\/p>\n<p>Post relacionados: <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/08\/27\/cuando-los-profesores-pegaban\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">Cuando los\u00a0 profesores pegaban<\/a>, <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/09\/30\/cuando-los-profesores-pegaban-ii\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">Cuando los profesores pegaban (II)<\/a>, <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/03\/30\/la-vara-del-calvo-codema\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">La vara del Calvo<\/a>, <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/12\/01\/camino-del-codema\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">Camino del Codema<\/a>,<a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/01\/26\/la-disciplina-del-cebollo-codema\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\"> La disciplina del Cebollo<\/a>, <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2012\/04\/12\/mis-chuletas-en-el-codema\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">Mis chuletas en el Codema<\/a>, <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/12\/30\/gimnasia-roncerilj\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">Musica y gimnasia en el Codema<\/a>, <a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/12\/05\/el-hechicero-del-codema\/\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">El hechicero del Codema<\/a>.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bajas al Muro para contemplar el oleaje invernal y, cuando te quieres dar cuenta, has metido tus pecadores pies en el patio de recreo del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda. 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